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Opinión

  • | 2017/02/13 07:51

    No sólo en Macondo

    Cárcel para actos de corrupción política no es tan común: pregúntale a las justicias francesa, alemana y estadounidense.

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Contrario a lo que repiten a diario los medios, la corrupción política y empresarial no es un invento colombiano. Ni tampoco hemos patentado la falta de castigo de los principales responsables. Cuatro décadas después de que Alfonso López Michelsen bautizara el país como el “Tíbet de Suramérica”, es increíble que aún pululen frases como: “eso sólo pasa en Colombia”, “en Europa y Estados Unidos los políticos siempre pagan cárcel”. Es como si fuera imposible para algunos mirar más allá de nuestras fronteras y realidad. Lo que el columnista Eduardo Escobar ha descrito como la “pereza de pensar”.

El caso de Odebrecht me recuerda el escándalo de la petrolera francesa Elf Acquitaine. Elf, que hasta 1994 era estatal, funcionó como un ala de la diplomacia del gobierno de París, particularmente en África. Durante décadas pagó “comisiones” a funcionarios de Gabón, Congo, Camerún y Angola. Y a partir de 1989, esa operación de sobornos se extendió a Alemania, España, Venezuela, Rusia y China, con el fin de obtener contratos y licencias de exploración y explotación. Elf también aportó un promedio de cinco millones de dólares a los partidos políticos franceses para garantizar su apoyo. Apenas en el 2001 se conoció la dimensión de la corrupción de los exdirectivos de Elf, quienes fueron condenados a penas de cuatro a cinco años. Nada más. El canciller del presidente Francois Mitterrand, Roland Dumas, sólo tuvo que pagar seis meses de cárcel por recibir plata de Elf.

Igualmente llamativo es el caso de Siemens. En el 2008, la empresa alemana reconoció ante el departamento de justicia de Estados Unidos que había pagado 1,8 mil millones de dólares en sobornos a funcionarios extranjeros con el fin de conseguir o mantener sus negocios. Se detallaron más de 4.000 transacciones ilegales, que eran catalogadas como “nützliche Aufwendungen” o dinero útil. Si bien la compañía aceptó desembolsar 1,6 mil millones de dólares en multas como parte de un acuerdo, los dos exgerentes que dirigieron la operación criminal no pisaron la cárcel en Alemania. Su condena se limitó a 18 meses de libertad condicional.  

Los políticos gringos tampoco se quedan atrás. En junio del 2016, la Corte Suprema de Estados Unidos, de manera unánime, revocó la condena por corrupción del exgobernador del estado de Virginia Robert McDonnell. McDonnell y su esposa fueron imputados de recibir regalos por más de 175.000 dólares de un empresario de productos dietéticos. Los obsequios incluían Rolex, presentes de matrimonio y préstamos. A cambio, alegó la Fiscalía, McDonnell había facilitado reuniones, contactos y eventos para el empresario con entidades oficiales. En su ponencia, el presidente de la Corte Suprema, John Roberts, concluyó que esas actividades no se podrían considerar soborno. Según Roberts y los otros siete magistrados, sería un error interpretar cualquier encuentro entre un funcionario y un votante o donante como un acto delictivo. Quedaría en el limbo un pilar de la democracia representativa: que el Gobierno escuche y actúe sobre los reclamos e intereses de sus electores.

Se especula que la nueva jurisprudencia de la Corte también terminará exonerando al actual presidente del Comité de Relaciones Exteriores, el senador Robert Menéndez, quien es acusado de hacerle múltiples favores a un oftalmólogo dominicano a cambio de un millón de dólares de donaciones a su campaña. Como es costumbre en Estados Unidos, Menéndez se ha mantenido en el cargo a pesar de estar formalmente requerido por la justicia.
Paradójicamente, los exdirectivos franceses de Elf Acquitane, los exgerentes  alemanes de Siemens y los políticos estadounidenses como el exgobernador McDonnell y el senador Menéndez tuvieron la fortuna de no enfrentar a la Fiscalía y a las cortes colombianas. Ninguno de sus delitos son excarcelables en Colombia y sus penas serían de mayor cuantía. Sólo en Macondo.

En Twitter  Fonzi65

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