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Opinión

  • | 2015/05/30 21:36

    La FIFA, Cuba y las FARC

    Sin un acuerdo de paz, el futuro es cada vez más tétrico para la guerrilla.

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No ha sido una buena semana para las FARC y sus acólitos. Perdieron terreno en lo político y lo militar, y en el campo internacional sufrieron dos golpes quirúrgicos. Con la muerte de alias 'Jairo Martínez', de 63 años, negociador en La Habana y secuestrador del sargento Pablo Emilio Montayo, quedó confirmado que el territorio colombiano es cada vez más inhóspito para los dirigentes guerrilleros. Los días de fallecimiento por vejez o enfermedad –a lo Jacobo Arenas y el cura Pérez- son historia patria. Que seis de los siete miembros del Secretariado estén La Habana y el otro –Timochenko- fuera del país no es una coincidencia. Tampoco debe sorprender que los acompañen en la isla caribeña el secuestrador de secuestradores alias 'Romaña', el promotor del terrorismo urbano en Bogotá, 'Carlos Antonio Lozada' y el narco de narcos, alias 'Fabián Ramírez'. Vivir el conflicto en las “montañas de Colombia” ya no tiene el mismo atractivo romántico de antes.
 
Si bien las FARC han amenazado con incrementar sus acciones militares, cada ataque u hostigamiento que cometan lo único que generará es fortalecer a los que se oponen a los diálogos y marchitar el respaldo al proceso de paz. Soy poco optimista en que los jefes guerrilleros sean capaces de comprender que agudizar la guerra va contra sus propios intereses, pero tal vez dos hechos, aparentemente aislados, los motiven a acelerar las negociaciones con el Gobierno.
 
El primer aviso ocurrió en la madrugada del miércoles 27 de mayo del 2015 en el exclusivo hotel Baur au Lac, ubicado en la orilla del lago Zurich. Agentes del FBI detuvieron a varios altos dirigentes de la FIFA, muchos de ellos mayores de 70 años, por orden del Departamento de Justicia de Estados Unidos. Con esa acción, se puso fin al mito de que la FIFA estaba por encima de las leyes del mundo. El arresto también demostró el alcance y la paciencia de la justicia estadounidense (la investigación comenzó en 1991). Nadie se imaginó el grado de colaboración de los discretos suizos con Washington. Si a los poderosos octogenarios del fútbol les puede esperar una cárcel en Estados Unidos, ¿a qué pueden aspirar las cabecillas de las FARC, cuyos crímenes van más allá de recibir sobornos por los derechos de transmisión televisivos?
 
No parece ser una casualidad que el jueves, el fiscal general, Eduardo Montealegre, haya propuesto que a la guerrilla se le garantizara la no extradición como parte de un acuerdo. Sin embargo, esa posibilidad sólo es viable si se firma la paz. Sin el fin del conflicto, siempre existirá el riesgo de que los guerrilleros terminen en una celda de una prisión estadounidense, como les ocurrió a 'Simón Trinidad', Salvatore Mancuso y los hermanos Rodríguez Orejuela.
 
El segundo aviso para las FARC se presentó el viernes. El gobierno de Estados Unidos oficializó la exclusión de Cuba del listado de países que promueven el terrorismo como un reconocimiento a su labor de garante de las negociaciones de paz colombianas. El régimen cubano estaba en esa lista negra desde 1982 y había sido un objetivo primordial de su diplomacia salir de ella. En un escenario de rompimiento de las conversaciones, sería muy difícil para Raúl Castro ofrecerle nuevamente refugio al Secretariado. Iría en contra de sus intereses estratégicos de establecer una nueva relación con Washington.
 
Desde el 17 de octubre del 2012 en Oslo, cuando alias 'Iván Márquez' aprovechó su vitrina para despacharse contra los colombianos, el escenario internacional había favorecido a las FARC. Dejaban de ser, por lo menos mediáticamente, una organización terrorista para convertirse en un actor político. A partir de entonces, la comunidad internacional interpretó su papel como el de una porrista. Ese respaldo ha sido clave para darle ímpetu al proceso.

Me pregunto si ya es hora de que los países amigos del proceso cambien de discurso: menos zanahoria diplomática, más garrote. Las FARC necesitan entender que el diálogo eterno sólo existe en el Cielo. Que la justicia terrenal llega (pregúntaenle a la FIFA), que los refugios no son permanentes (quién se habría imaginado un detente La Habana-Washington) y que la paciencia tiene límites. Sólo así la guerrilla negociará de buena fe y con afán y el proceso podrá salir del pantano en que se encuentra.
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