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Opinión

  • | 2015/05/23 15:00

    Los hijos de la Unión Soviética

    El fin del cese al fuego unilateral por parte de las Farc es una señal de debilidad de la guerrilla. No de fortaleza.

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Recientemente tuve la oportunidad de releer el histórico ensayo que escribió en 1947 el diplomático estadounidense George Kennan, bajo el seudónimo “X”, sobre las “fuentes del comportamiento soviético”. En él, expuso las razones por las cuales era imposible un entendimiento entre Estados Unidos y la Unión Soviética, ya que este último país nunca renunciaría a su creencia absoluta del antagonismo innato entre el comunismo y el capitalismo.

El escrito de Kennan, que sentaría las bases de la política de contención que emprendió Washington en los primeros años de la “Guerra Fría”, describe cómo los comunistas soviéticos valoraban la flexibilidad, la cautela y ante todo la decepción. Convencidos de que el tiempo y los vientos de la historia estaban a su favor, se podían dar el lujo incluso de repliegues tácticos y la firma de acuerdos con sus adversarios; mas sin nunca perder de vista el objetivo final. Según Kennan, cuando los soviéticos querían influir en la opinión pública norteamericana, hacían pequeños gestos, confiados en que algún estadounidense los aplaudiría con frases como “los rusos han cambiado”.

El otro elemento fundamental era lo que él denominó “la infalibilidad del Kremlin”, que dependía de una disciplina inflexible y una creencia absoluta en que el Politburó o Secretariado siempre tiene la razón.

Kennan destacaba otro aspecto: al ser dos ideologías incompatibles no era viable acudir a argumentos como el bien común o la lógica burguesa o capitalista. Por esta razón, recomendaba que en el trato con el Kremlin, los hechos pesaban mucho más que las palabras.
 
En ocasiones se nos olvida que los dirigentes actuales de las FARC son hijos bastardos del Partido Comunista soviético y sus alumnos aventajados (tal vez sólo superados por los norcoreanos), como lo han demostrado en las 37 rondas de negociaciones en La Habana. Han aplicado milimétricamente el libreto soviético. Una negociación de meses ya entró en su tercer año sin que aparezca, por los menos públicamente, luz al final del túnel. El tiempo parece ser de ellos.

Un negociador me hizo una vez una radiografía muy interesante de los cinco puntos de la agenda de diálogo. Lo primeros dos eran asuntos que dependían de la voluntad del gobierno –desarrollo rural y participación política- y los restantes tres –narcotráfico, justicia, fin del conflicto (dejación de armas)-, de las FARC. Dada su formación marxista-leninista, no debe sorprender que la guerrilla aún no haya cedido en los dos últimos temas, que son, para ser francos, el quid de esta negociación.

Realista sobre su debilidad en el campo de batalla, el Secretariado ha aprovechado el espacio mediático de las conversaciones para mantenerse vigente y proyectar un poder que no tiene.

El viernes pasado volvió a hacerlo al anunciar el fin del cese al fuego unilateral, tras la muerte de 27 guerrilleros en Cauca. Su declaración buscaba desviar la atención del aparatoso debacle militar que sufrieron sus filas. Cauca es uno de los pocos departamentos donde aún mantienen una presencia importante. Lograron su cometido. En varios sectores, pululan los lamentos y las críticas al Gobierno por haber “forzado” a las FARC a abandonar su gesto de paz. Algunos temen que se descarrilen los diálogos.

Se equivocan. Por primera vez en meses, el Gobierno quedó en una situación ventajosa con las FARC. Se golpeó el flanco más débil de la guerrilla: su aparato militar. Las tropas guerrilleras quedaron impactadas. Mientras sus jefes se pasean por las calles y playas de Cuba, ellas mueren bajo un bombardeo que pensaban era del pasado, según lo prometido por un Secretariado, que presuntamente era infalible. Es impredecible el efecto que tendrá sobre la credibilidad de la dirigencia y la disciplina de las huestes guerrilleras.

Como dijo Kennan, los marxistas-leninistas sólo responden a los hechos, no a las palabras. Importante no olvidar esa lección de la historia.
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