Sábado, 3 de diciembre de 2016

| 2016/09/16 18:02

No murieron en vano

Es la victoria de miles de soldados y policías que pagaron con sus vidas el evitar que las FARC se tomaran el poder. Que su sacrificio no sea en vano, votaré Sí.

Alfonso Cuéllar. Foto: Juan Carlos Sierra / Revista Semana

La derrota de las FARC honra los sacrificios de miles de soldados y policías.

Según la ley económica de retornos decrecientes, hay un momento en la cual el empleo de recursos llega a tal punto de saturación que la utilidad de la inversión es crecientemente menor e insignificante. Se necesita más producción para generar el mismo rendimiento. El gasto es mayor que el beneficio. Eso fue lo que ocurrió en la guerra del Estado colombiano contra las FARC.

Tras la muerte de‘Raúl Reyes‘, el “canciller” de la guerrilla; de “Mono Jojoy”, el jefe militar y símbolo nacional del secuestro, y de ‘Alfonso Cano‘, el máximo comandante, la estrategia de blancos de alto valor llegó a su tope. Ninguna acción adicional la igualaría. Esas operaciones requirieron años de planeación, cuantiosos recursos y el sacrificio de vidas. Pero es diciente que el impacto sobre la opinión pública se fue dilatando. Sólo hay que comparar el cubrimiento mediático de lo de ‘Reyes‘ con el de ‘Jojoy‘, y el de ‘Jojoy‘ con el de ‘Cano‘; fue en línea descendiente. Cumplido el objetivo estratégico -la demostración de que el Secretariado no era intocable-, golpes contra otros miembros y comandantes eran de menor valor.

Algo parecido ocurrió en la disminución de tropas de las FARC. De 20.000 hombres armados en 2002 pasaron a 10.000 en cinco años. Pero a partir de 2008, se redujo la rata de decrecimiento. Eso se debió al cambio de táctica de las FARC que volvieron a movilizarse en grupos pequeños para evitar ser detectados y, regresando a mi símil económico, al agotamiento del inventario de reclutas (muchos de los que se unieron a las FARC en el Caguán). Quedaron los más radicales, experimentados y comprometidos con la causa. Los de la entraña. Que no iban a abandonar el barco. A quienes habría que perseguir en los territorios más recónditos, en sus guaridas; áreas infestadas por minas quiebrapatas.

Para garantizar su derrota definitiva sería necesaria la movilización de miles de soldados para ocupar las zonas que dejarán en su retirada los guerrilleros. Es una cuestión de años, no meses. Todo con el fin de desarmar a los siete mil y pico de hombres y mujeres farianos, y desmovilizar a sus otros tantos milicianos.

Precisamente, ese es el principal éxito del acuerdo entre las FARC y el gobierno. En pocos meses quedarán sin sus armas y sin sus alias, bajo el control de la fuerza pública que tanto combatieron. Es la victoria a la que aspira todo estratega militar. Como decía Sun Tzu, "el arte supremo de la guerra es someter al enemigo sin pelear". Y no, como piensan algunos, su aniquilamiento a cualquier costo.

Allí radica el problema del ala más extremista de los promotores de votar No en el plebiscito del 2 de octubre. Parecen dispuestos a arrebatarle el triunfo a nuestras valientes fuerzas militares y policiales, bajo un cálculo equivocado y con un inmenso precio humanitario y económico. Equivocado, porque no hay garantía alguna de que las FARC cumplan su promesa de no volver a la guerra si el acuerdo es rechazado por el pueblo colombiano. Porque acudir a la violencia es su posición por defecto, es su instinto de supervivencia. Es una apuesta demasiada riesgosa presumir que en esta ocasión las FARC actuarían diferente ante una derrota en las urnas. Deberíamos evitar llegar a esa encrucijada.

Es también insólito y judicialmente irresponsable dilatar la concentración de los miles de guerrilleros y milicias en 320 kilómetros cuadrados, el área total que acaparan las 20 zonas veredales, según el general Javier Flórez, del Comando Estratégico de Transición. Si bien la mayoría será amnistiada y el resto pagará posiblemente penas de cinco a ocho años sin cárcel si confiesan sus crímenes, creo que se está subestimando lo que significa para la justicia desenmascarar una organización ilegal, muchos de cuyos integrantes han vivido décadas en la sombra. Es matemática simple y sentido común. Más vale pájaro en mano que ver ciento volando.

En los Llanos del Yarí, en su décima conferencia, la guerrilla anunciará el fin de su levantamiento armado y su decisión de participar en política. Es la victoria de miles de soldados y policías que pagaron con sus vidas el evitar que las FARC se tomaran el poder a sangre y fuego. Que su sacrificio no sea en vano, votaré Sí.

* En Twitter: Fonzi65

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