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Opinión

  • | 2015/09/26 11:00

    Trabajo en equipo

    Sin las políticas continuadas de Pastrana, Uribe y Santos no habría acuerdo con las FARC ni sería posible contemplar el fin del conflicto. Es hora de que pasen la página.

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Confieso que quedé gratamente sorprendido con el acuerdo de justicia transicional entre el Gobierno y las FARC. Dudé que la guerrilla accediera a una de “restricción de libertad”, y no pensé que aceptara condiciones muy similares a los paramilitares en la Ley de Justicia de Paz (5-8 años de detención, obligación de decir la verdad a cambio de beneficios). Tampoco creí que fuera posible que se fijara una fecha definitiva para la firma del acuerdo ni que las FARC se comprometieran a “dejar” las armas dos meses después.

Admito que lo anunciado no es lo ideal, pero ningún pacto de paz lo es, menos uno que busca acabar con décadas de guerra irregular y de violencia fratricida. Como decía Voltaire, “lo perfecto es enemigo de lo bueno”.

Me preocupa, sin embargo, las reacciones contradictorias que hay en Colombia. Muchos de los que celebran, durante años se opusieron a las políticas que fueron fundamentales para que las FARC se sentaran a negociar de verdad. Y los que deberían estar felices por ser dos de los artífices de la derrota de la guerrilla, no se sienten representados. La evidencia es incontrovertible: las FARC intentaron incitar una insurgencia popular y una revolución comunista como en Cuba y Nicaragua. Fracasaron. Y ese éxito de los colombianos, se lo debemos a los gobiernos de Andrés Pastrana, Álvaro Uribe y Juan Manuel Santos.

Fue con Pastrana que se aprobó el Plan Colombia, que le permitió a las fuerzas armadas cambiar el rumbo de la guerra al lograr superioridad aérea. El fiasco del Caguán convenció al país que negociar con las FARC en una posición de debilidad militar era una sin salida. Y a la comunidad internacional, en particular Europa, que esa guerrilla era terrorista. Su inclusión en la lista negra por iniciativa de Pastrana aún le duele al Secretariado.

Si bien el proceso de Uribe con los paramilitares fue improvisado y aún hoy su manejo genera dudas razonables, los resultados fueron impresionantes. Se redujeron casi a la mitad los homicidios de 27.000 a 15.000 y se desmantelaron los poderosos aparatos militares. Si bien hoy persisten las bacrim, son una sombra de lo que alcanzaron ser Vicente Castaño, Salvatore Mancuso, Jorge 40 y Macaco; señores de guerra con un poder feudal. No era posible negociar con las FARC en esas condiciones.

El mayor logro de la seguridad democrática fue arrebatarles las cabeceras municipales a las FARC. Como me dijo un día un desmovilizado mando medio de la guerrilla, "Uribe nos relegó a la selva". Y con la implementación de la política de blancos de alto valor cuando Santos era ministro de Defensa y luego Presidente, acabaron con el mito de que los miembros del Secretariado eran intocables.

Gracias a ese trabajo en equipo, se crearon las condiciones para la exitosa negociación de Santos. Se ha vuelto común en algunos sectores tildar tanto a Uribe como Pastrana y a sus simpatizantes como enemigos de la paz. Sería un error histórico permitir que esas apreciaciones mezquinas perduraran en el tiempo.

En Twitter Fonzi65
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