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Opinión

  • | 2015/10/02 12:30

    ¿Podrán perdonar a Uribe?

    Los que piden absolverle todos los crímenes a las FARC por el bien de la paz no cesan en su obsesión por ver al expresidente en la cárcel. Un poco de coherencia, por favor.

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Un alto funcionario de un gobierno extranjero me decía hace unos meses que lo asombraba la animadversión de varios periodistas, líderes de opinión y algunos dirigentes hacia al expresidente Álvaro Uribe. Lo sorprendía ese contraste con los resultados de las encuestas donde el hoy senador ha mantenido una favorabilidad por encima del 50 % y la opinión generalmente positiva que hay en el exterior de su mandato de ocho años. Me llegó a comentar que percibía en sus interlocutores incluso un mayor odio hacia la figura de Uribe que a las mismas FARC. No exagere, le contesté. Los colombianos somos apasionados, sucumbimos a la hipérbole. Y el expresidente, por su presencia diaria en nuestras vidas desde 2002, suscita emociones y es más fácil hablar de él que de un grupo lejano y distante como la guerrilla.

Me acordé de esa conversación en estos días al ver las reacciones de diferentes sectores al acuerdo de justicia transicional. Y me quedé pensando que tal vez subestimé el grado de belicosidad de algunos hacia el ex mandatario. A las pocas horas de la estrechada de mano del presidente Juan Manuel Santos y alias 'Timochenko', muchos señalaban a Uribe como el gran perdedor, como si su gobierno apenas fuera una luz fugaz, insignificante en esta lucha de la sociedad colombiana contra uno de los grupos ilegales mejor armados y financiados del mundo.

Permítame un paréntesis: nunca he votado por Álvaro Uribe Vélez. No lo hice en el 2002 cuando prometía mano firme y corazón grande; ni en el 2006 donde formé parte de la minoría colombiana que consideraba inconveniente su reelección, ni en el 2014 cuando se lanzó como cabeza de la lista al Senado del Centro Democrático. Como miembro del equipo de SEMANA, participé activamente en las revelaciones de la parapolítica y de las llamadas “chuzadas” del DAS, una manera muy colombiana de describir el espionaje telefónico y personal. Era fundamental develar la infiltración paramilitar en el Estado y el abuso de poder del Ejecutivo. Mas, tampoco soy ciego. Uribe recibió una Colombia sin esperanzas en 2002 y entregó un país transformado a su designado sucesor Juan Manuel Santos en 2010. Una nación con muchos problemas, sí. Con muchos lunares, sí. Pero, con un futuro más despejado, tan despejado que Santos pudo contemplar ponerle punto final al conflicto.

Considero que Uribe se equivoca en mantener su oposición férrea al proceso porque al hacerlo desdibuja su legado y facilita la labor de sus enemigos de calificarlo como guerrerista. No comparto su lenguaje radical ni sus trinos venenosos contra el presidente Santos.

Sin embargo, por lo menos sus posturas son más consistentes. Lo que es incomprensible es cómo las mismas personas que piden absolverle los crímenes a las FARC pregonan a los cuatro vientos su deseo íntimo de que el expresidente termine en la cárcel. Les parece poca cosa perdonarle las fechorías a un grupo guerrillero que ha reconocido miles de secuestros (retenciones en la jerga fariana), atentados terroristas, reclutamiento de menores, siembra de minas quiebra-patas y ejecuciones extrajudiciales (justicia revolucionaria en la jerga fariana). En cambio, con Uribe son implacables ante sus presuntas –sí son presuntas– acciones fuera de la ley. No me refiero únicamente al fiscal que al tiempo que suspendía las investigaciones contra el Secretariado, abogaba porque el nuevo tribunal que surja del acuerdo de paz juzgara las acciones del expresidente durante su mandato como gobernador de Antioquia.

Varios líderes de opinión también sueñan con ver al ex mandatario de los colombianos con una pijama de rayas, e increíblemente, a los alias 'Iván Márquez' y 'Timochenko' en el Congreso. Francamente, no entiendo cómo esa actitud nos llevará a buen puerto. Tal vez el primer paso sea que estos furibistas antiuribistas apliquen lo que tanto predican de reconciliación y empiecen a perdonarle a Uribe sus ofensas, reales e imaginarias. Como dijo el presidente Santos, “la paz se hace con los enemigos, no con los amigos”.

En Twitter Fonzi65
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