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Opinión

  • | 2016/12/10 07:54

    Por qué no se callan

    No queremos escuchar más las arengas de las FARC. Entreguen a los menores de sus filas, confiesen sus crímenes, pidan perdón de verdad y luego hablamos.

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En su gira por los medios nacionales en Bogotá, el Secretariado de las FARC se quejó de la manera negativa e injusta como los periodistas proyectan a la guerrilla.
El primero en lanzar la piedra inicial fue Timochenko, alias Rodrigo Londoño, en una entrevista a Semana en Vivo. "Nos han creado una imagen de monstruos", dijo.
Veamos: Timochenko es el jefe de una organización ilegal que ha secuestrado a civiles, masacrado a campesinos, utilizado cilindros bomba de manera indiscriminada, sembrado minas anti-personas al por mayor y ejecutado a sus propios miembros por presuntas traiciones. Tal vez tiene razón Rodrigo Londoño, “monstruo” es un adjetivo demasiado benigno.

El segundo en manifestar su disgusto fue alias “Carlos Antonio Lozada”, comandante de la red urbana “Antonio Nariño”. En una entrevista a Caracol Televisión desafió a su interlocutor, el periodista Juan Roberto Vargas, que le citara siquiera un delito atroz del cual fuera responsable. Insistió en que a las FARC habrá que vencerlas en juicio antes de que fueran a aceptar cualquier responsabilidad. Y aprovechó para amenazar que a la Jurisdicción Especial para la Paz tendrán que presentarse los periodistas críticos y “azuzadores de la violencia”. Una advertencia de cuidado, viniendo de un hombre que planeó el ataque contra la Casa de Nariño el 7 de agosto de 2002, en la cual murieron 10 indigentes.

Jesús Santrich también anda molesto. No le gusta que le recuerden los miles de secuestros de las FARC. En Twitter, dijo que le “da asco” Herbin Hoyos, cuyo programa “Las Voces del Secuestro”, ha sido un voz diaria de aliento para los rehenes de la guerrilla y sus familias. En su visita a las instalaciones de SEMANA, Santrich amenazó con “volver al monte” si no se aprueba el “fast-track”. Lo que no quedó claro es si se refería a las montañas de Cuba o de Venezuela, los dos países donde ha vivido por varios años.

Pablo Catatumbo, alias Jorge Torres Victoria, es otro intranquilo con la falta de gratitud de muchos colombianos por su gesto de pedir perdón a los familiares de los diputados del Valle por el asesinato de sus seres queridos, ya que estaban “bajo responsabilidad de nuestra organización”. A Catatumbo le faltó un detalle: disculparse por el secuestro, no sólo de las muertes.

Tampoco ha ayudado a generar confianza el incumplimiento de las FARC a su promesa de entregar a todos los menores en sus filas. Hay quienes alegan que se están desmovilizando gota a gota y sin supervisión para reducir el número oficial y el impacto negativo sobre la reputación de la guerrilla. Dudo que funcione.

En estos días circuló por las redes sociales un artículo de portada de SEMANA de 2006 donde se denunciaba el reclutamiento de niñas por parte de las FARC. El informe revelaba el contenido de dos computadores incautados a la guerrilla. En los discos duros había hojas de vida -con anotaciones específicas-, fotos y otros documentos; un verdadero quién es quién de menores de edad convertidas en guerrilleras. Había, incluso, una descripción detallada de los castigos y vejámenes que se le imponían a las reclutas, incluyendo fusilamientos. Como el cartel de Cali y el paramilitar alias Don Antonio del Bloque Norte (en su computador se hallaron las justificaciones por escrito de más de 50 asesinatos de sindicalistas), las FARC tienen la manía de documentar todo, aun sus barbaridades.

Como método de control y seguimiento a la tropa, es entendible -macabro, pero lógico-, dentro de su accionar como ejército revolucionario. Y como todos los delincuentes, nunca se imaginaban que esas comunicaciones serían evaluadas desde otra perspectiva, que lejos de aplaudirles esa rigurosidad, serían su perdición. Así ocurre con el reclutamiento de menores, un crimen de lesa humanidad. Es cada vez más evidente que era una conducta sistemática, lo que llaman los gurús de administración una actividad “core”, de las FARC.

Ante semejante prontuario, sería recomendable que el Secretariado y los otros comandantes se dediquen primero a cumplir con lo firmado: devolución inmediata de los menores en sus filas, concentración de sus tropas en las veredas designadas, entrega de las armas, confesión y reconocimiento de sus crímenes. Habrá tiempo después para las arengas políticas.


En Twitter Fonzi65

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