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Opinión

  • | 2015/01/09 18:30

    Regreso al pasado

    Cincuenta años de violencia no parecen haber cambiado al ELN.

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El mismo día que dos terroristas ingresaron a la sede del semanario Charlie Hebdo en París y cometieron la peor masacre en medio siglo en Francia, la guerrilla de ELN conmemoró los 50 años de su “toma” del municipio santandereano de Simatoca, donde asesinaron dos policías y tres soldados.

Ese 7 de enero de 1965, según reportó en ese momento El Espectador, una telefonista de Simacota pidió angustiada a su colega en Socorro “mándenos tropas que nos están matando”. Al igual que los hermanos Kouachi, que justificaron su acción bajo la proclama de “Allahu Akbar –Dios es grande-”, en esa población de Santander los guerrilleros defendieron el uso de la violencia en nombre del pueblo.

Muchos me dirán que no es lo mismo: que una cosa son unos fanáticos que matan por religión y otra muy diferente, por ideología. Más aún en Colombia, donde el delito político históricamente se ha visto de manera benigna. Otros también querrán hacer la diferenciación: la gran mayoría de los muertos en Francia fueron los periodistas, en Simacota los fallecidos fueron de la fuerza pública. Guerra es guerra, finalmente. Pero esa no era la situación en 1965. Nadie en ese pueblo sabía que el ELN existía y que estaba levantado en armas. En su relato de la toma que hizo en el libro ELN:, Una historia contada a dos voces el hoy jefe máximo jefe, Nicolás Rodríguez Bautista, alias 'Gabino', dijo que el sargento de la Policía los recibió con un saludo amable y luego, según 'Gabino', lo eliminaron. Igual que al pobre agente Ahmed Merabet, quien fue asesinado en una acera parisina, y que tampoco sabía que era parte de una guerra.

Los hechos de Simacota son relevantes hoy porque el ELN escogió esa fecha para anunciar que, de pronto, que tal vez, que posiblemente, que si no llueve, que si hace sol, que si los gringos se van del país, que si hay compromiso real del Gobierno, tendrían la disposición de considerar si dejan de usar las armas. Que el ELN utilice el aniversario de una acción donde murieron violentamente cinco colombianos como plataforma para hablar de paz dice mucho del pensamiento actual y del carácter de su dirigencia.

Y ni hablar de la declaración de 'Gabino' en el autodenominado quinto congreso de esa guerrilla, que se conoció el miércoles pasado. En ella, no sólo pululan los lugares comunes y las arengas revolucionarias, sino que queda al descubierto un desconocimiento abismal del mundo y de la Colombia del 2015. Parecen anclados en 1965.

Una persona que conoce de cerca las negociaciones en La Habana me comentó que el más moderno de las FARC era Iván Márquez, que cree que estamos en 1984, antes incluso del glasnost y la perestroika. Frente a sus colegas del ELN, Márquez es un ilustrado.

Afirmar, como lo hace 'Gabino', que nada ha cambiado en el país, que los problemas son los mismos, puede ser entendible como postura política. Al fin y al cabo, aceptar avances dejaría sin peso su lucha armada. Pero, y no es un pero insignificante, si en realidad piensan así –que estamos en la década de los 60, que la paz se logra celebrando la violencia-, lo que se viene con el ELN es como escalar el Everest. Descalzo.  

O tal vez hay que confiar en lo dicho por alias 'Pablo Beltrán', otro miembro del COCE de esa organización guerrillera, quien dijo que: “El gGobierno dice que quiere una salida política. Álvaro Gómez decía que a la gente hay que creerle. Pues vamos a creerle al Gobierno a ver si esta vez sí”. Sólo en Colombia una guerrilla creada para combatir la oligarquía y los partidos tradicionales –liberal y conservador- cita a la familia insignia del segundo para sustentar su apertura al diálogo.
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