Lunes, 5 de diciembre de 2016

| 2016/03/25 09:06

El error de Kerry

Aceptar la petición del gobierno colombiano de reunirse con las FARC antes de la firma de la paz alejó el acuerdo final.

Alfonso Cuéllar.

Philip Chicola era el director de asuntos andinos del departamento de Estado. En diciembre de 1998, tras anunciarse la apertura de negociaciones entre las FARC y la administración de Andrés Pastrana, el funcionario estadounidense se reunió con alias "Raúl Reyes", miembro del Secretariado. El encuentro fue en Costa Rica y en secreto, porque las FARC ya habían sido incluidas en el listado de organizaciones terroristas. Chicola buscaba establecer un contacto directo con la guerrilla y conocer de primera mano la posición de sus comandantes.

Según el acta, revelado por la ONG National Security Archive, Reyes agradeció la visita y explicó que la mala imagen de la guerrilla se debía a la propaganda oficial. Menos de seis meses después las FARC secuestraron y asesinaron a tres indigenistas norteamericanos. Los gringos aprendieron que las FARC responden a gestos de buena voluntad a sangre y fuego.

El 21 de febrero de 2015 el presidente Barack Obama designó un enviado especial para acompañar las conversaciones en La Habana. Era una demostración de la confianza de Washington en el proceso.  La decisión fue criticada en el Congreso de ese país, al fin al cabo para las autoridades estadounidenses las FARC son una organización narcotraficante. En días pasados, se conoció la respuesta de la guerrilla a la apertura de Estados Unidos: un incremento exponencial de los cultivos ilícitos en las regiones donde habita los frentes de las FARC.

El lunes 21 de marzo de 2016 Estados Unidos fue aún más lejos. Accedió a una reunión entre el secretario de Estado, John Kerry y los negociadores de las FARC, en una reunión calificada de "histórica e impensable" por alias "Timochenko". Y tiene toda la razón.

El jefe de la diplomacia estadounidense estuvo frente a frente con alias "Carlos Antonio Lozada", el experto en terrorismo urbano y cuyos hombres fueron responsables del atentado al establecimiento Bogotá Beer Company en noviembre 2003 y que mató a la universitaria Paola Martínez e hirió a 70 personas, entre ellas tres norteamericanos. Los guerrilleros lanzaron granadas de fragmentación a las mesas de los comensales (hacer un símil con el actuar de ISIS es pura propaganda mal intencionada de los enemigos de la paz, dirían algunos). La justicia de Estados Unidos ofrece $2.5 millones de dólares por la captura de Lozada.

Pide lo mismo por alias "Joaquín Gómez" quien también estuvo en el encuentro. El bloque sur que comanda Gómez es especialista en el tráfico de cocaína: le genera miles de millones de dólares a la "insurgencia".

Apenas son dos ejemplos de los ilustres ciudadanos que Kerry, a “petición del gobierno colombiano”, accedió ver.

No es claro para qué le sirvió al proceso semejante concesión a las FARC.  La guerrilla no ha aceptado aún entregar las armas ni lugares de concentración. Siguen delinquiendo. El reclutamiento de menores va viento en popa (recomiendo un reciente reportaje en "The New York Times", que devela quiénes integran los frentes guerrilleros). La palabra perdón continúa siendo esquiva. No han renunciado a la combinación de todas las formas de lucha. El mismo jefe negociador Humberto De La Calle resaltó esa contradicción el pasado miércoles 23, fecha en la cual alias "Timochenko" se había comprometido a firmar el acuerdo final.

Por lo anterior, no tenía sentido premiar a las FARC con la foto con Kerry, una imagen que manipularán hasta la saciedad para demostrarle al mundo su legitimidad. Peor aún, lejos de acelerar la resolución de los asuntos pendientes, las dilatará. Desde la perspectiva de la guerrilla, ¿cuál es el incentivo para ceder? Hasta los gringos ya le bajaron la presión. Conociendo a las FARC, esta es otra oportunidad para ponerle freno al proceso y no tener que pasar el umbral del no regreso. Saben que en el momento en que concentren sus tropas, su rendición será incontrovertible.

Al promover la reunión con Kerry antes que fuera oportuno,  el gobierno perdió uno de los pocos elementos de presión que le quedaba. Lástima.

En Twitter @Fonzi65

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