Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2016/06/17 17:05

El “lapsus” de Santos

Que la guerrilla contemple, después de cuatro años de negociaciones, la guerra total es una barbaridad.

Alfonso Cuéllar Foto: Juan Carlos Sierra / Revista Semana

El jueves el senador John McCain, ex candidato presidencial republicano en 2008, responsabilizó directamente al Presidente Barack Obama de la masacre de 49 personas en Orlando. Como era previsible, su declaración generó polémica. Era una acusación de suma gravedad. A las pocas horas, McCain aclaró que no estaba implicando a Obama personalmente sino criticando las políticas de la Casa Blanca en Siria e Irak que, según McCain, crearon el Estado Islámico (ISIS). Dijo que se había expresado mal. Ocurre. Es inevitable dada la cantidad de veces que hablan en público los políticos y funcionarios de alto nivel. 

Y quizás eso fue lo que le pasó al  presidente Juan Manuel Santos en el Foro Económico Mundial (WEF) para América Latina, que se celebró en Medellín. En ese evento dijo: "Tenemos información amplísima de que ellos (las FARC) están preparados para volver a la guerra y la guerra urbana, que es más demoledora que la guerra rural”. Luego el mandatario, en una entrevista con CMI quiso bajarle el tono y la trascendencia al tema. Arguyó que el asunto no “es nuevo. Desde la época del Mono Jojoy, ellos han dicho que tienen que trasladar la guerra a las ciudades. Esa amenaza ha sido latente y presente hace muchos años y si llega a haber un recrudecimiento de la guerra, lo normal y lo obvio es que hagan eso”.

Asumamos, en primera instancia, que fue, como McCain, un problema de comunicación, de forma y no de fondo. Que no es nada nuevo lo de las FARC. Que es más una hipótesis oficial basada en experiencias pasadas con la guerrilla. Puede ser, pero no creo que sea fortuito que se hable ahora del fantasma de la guerra urbana.

El gobierno sabe que es en las ciudades donde abundan los escépticos y opositores a las negociaciones. Se refleja en todas las encuestas. Después de cuatro años, es evidente que el discurso de los beneficios de la paz no ha calado. Que la opinión pública no interioriza mensajes como el que creceremos dos por ciento más o que habrá progreso. Para muchos, el conflicto en el Catatumbo es igual de lejano que el de Siria. 

El miedo es visceral y por ello, utilizarlo es más efectivo. Si bien la frase del Presidente de que la guerra urbana es “más demoledora que la rural" es infortunada y hasta hiriente para nuestros compatriotas en el campo, tiene su lógica: el gobierno quiere sacar a los citadinos de su zona de confort. Que comprendan lo que está en juego. 

No comparto la estrategia -el temor siempre es cortoplacista y dificultará la reconciliación en el futuro- pero es una herramienta válida de comunicación política. Incluso si termina siendo un burdo chantaje.

Me preocupa más pensar que el Presidente hablaba en serio y que sí haya "información amplísima" de que las FARC se estén preparando para la guerra, con énfasis en las ciudades. De ser cierto, confirmaría los peores vaticinios de los críticos acérrimos del proceso, los que alegaban que la guerrilla se estaba fortaleciendo; que su voluntad de dejar las armas no era sincera; que su promesa de abandonar la combinación de todas las formas de lucha era una mentira. Que recibían a víctimas, conversaban con dignatarios extranjeros y hablaban de paz, paz y paz, sólo para la foto.

Ya veremos a los seudo expertos en negociaciones -tanto criollos como extranjeros- minimizando la revelación de Santos. Que comprensiblemente las FARC tienen plan B militar. Que obviamente aterrorizarán a las ciudades si no se firma y aprueba lo convenido con el gobierno. Que desde el primer día se dijo que nada estaba acordado, hasta que todo estaba acordado.  En fin, que es mucha alharaca por nada.

Nunca he aceptado la premisa de que la mesa en La Habana es entre partes iguales; menos aún dada la debilidad militar y política de las FARC. Que sea necesario como acto de buena fe tratarlas con dignidad es otro cuento. Pero otra cosa, y especialmente después de cuatro años de conversaciones donde la guerrilla ha logrado más que en medio siglo de matar colombianos, es considerar normal que las FARC se “preparen para la guerra” por si las moscas. Es una traición contra todos los que se la han jugado a favor del diálogo.

Lo verdaderamente triste es que en las FARC aún haya quienes piensan que una guerra urbana sigue siendo una opción viable. Como si a punto de bombas y asesinatos lograrán ganarse el esquivo apoyo de sus compatriotas. 

En Twitter Fonzi65

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