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Opinión

  • | 2017/01/14 12:01

    Colombia y la incógnita Trump

    El primer desafío será en el campo comercial. La consigna de “América Primero” también nos puede golpear.

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Durante su audiencia de confirmación para ser elegido Secretario de Defensa en 1953, el entonces presidente de la empresa insigne de la industria automotriz de Estados Unidos, Charles Wilson, dijo: "durante años he pensado que lo que es bueno para el país, es bueno para General Motors. Y vice versa". La frase de Wilson, quien dirigiría el Pentágono de 1953-1957, aplica como anillo al dedo al pensamiento que prevalece en muchos miembros del futuro gabinete de Donald Trump, empezando por el mismo presidente electo.

Es una visión de un mundo de ganadores y perdedores, donde la consigna de “América Primero” es más que una promesa, un mandamiento de obligatorio cumplimiento. Un mundo dividido entre buenos y malos, de amigos y enemigos de Estados Unidos representa el regreso triunfal de la lógica de la Guerra Fría, del raciocinio del juego de suma cero.

Pocos reflejan más esa actitud que Jeff Sessions, el candidato a fiscal general. Como senador hizo fama de ser un defensor a ultranza de los intereses empresariales de sus donantes y votantes. Durante un año evitó la renovación del sistema generalizado de preferencias (SGP) que ofrece acceso libre de impuestos y sin contingentes a Estados Unidos a miles de productos de más un centenar de países en vías de desarrollo. El SGP busca fomentar la diversificación de las economías y para muchas naciones es una importante fuente de ingresos.

Sessions estaba molesto porque una empresa de su estado alegaba que por culpa de SGP, ya no podía competir y se vería obligada a despedir sus trabajadores. El causante de esa situación era una compañía en Bangladesh, que producía también bolsas de dormir. Sessions exigió que se removieran los beneficios a ese país como condición para levantar su veto. En el Senado estadounidense, un solo legislador puede dilatar indefinidamente proyectos de ley. No fue posible convencerlo. Ningún argumento cuajó: ni el humanitario -millones de personas dependen de SGP-, ni el de política exterior - el SGP ha sido parte integral de la diplomacia estadounidense desde 1974-.

Para Sessions, importaba más los intereses particulares de su empresa que un bien general. Colombia sufrió ese coletazo: las preferencias andinas estaban atadas a la misma legislación. Durante ocho meses y hasta que el Congreso aprobó el TLC con Estados Unidos en octubre 2011. Sessions levantó su oposición a SGP a finales de ese año, luego de que la Oficina del Representante Comercial cediera a sus presiones.

El próximo fiscal general no es el único intransigente en el tema del comercio. Precisamente, los tres encargados de implementar la política de “América Primero” creen que Estados Unidos se ha equivocado en sus negociaciones de acuerdos de libre comercio. Peter Navarro, quien encabezará el Consejo de Comercio Nacional, y Wilbur Ross, el Secretario de Comercio designado, promueven la imposición de aranceles y otras medidas punitivas a países que no cumplen a cabalidad con sus compromisos. Igual opina Robert Lighthizer, el futuro Representante Comercial, quien a diferencia de sus antecesores no buscará nuevos acuerdos sino renegociar los actuales.

Si bien China y México acaparan todos los titulares como los objetivos inmediatos de esta cruzada proteccionista, sería ingenuo e irresponsable asumir que Colombia pasará desapercibida. Nuestro TLC también tiene enemigos en Estados Unidos. Hay empresas que les encantaría ver castigados a los exportadores colombianos.

También hay descontento en algunos sectores empresariales estadounidenses sobre el incumplimiento colombiano a la letra de cada capítulo del TLC. Hasta ahora, el gobierno de Barack Obama, si bien no ha dejado de expresar su malestar por estos asuntos, ha privilegiado el apoyo al proceso de paz y el reconocimiento de Colombia como un aliado estratégico. Ha aceptado a regañadientes la promesa de la administración del presidente Juan Manuel Santos de que esos temas se resolverán con el tiempo. Que primero la paz.

Es incierto que la Casa Blanca de Trump mantenga la misma prioridad. O que el magnate presidente exhiba con Colombia una paciencia desconocida hasta ahora por él. Todo es una incógnita.

Por años, en Washington se daba por descontado que los demócratas eran proteccionistas y los republicanos promotores del libre comercio. Hasta que llegó Trump.

En Twitter Fonzi65

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