Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2015/11/14 12:43

Fuerza Francia

El terrorismo islámico busca que las democracias occidentales abandonen sus principios. Sería un error cruzar esa línea (otra vez).

Fuerza Francia

"Fueron actos de guerra. La libertad y la democracia están bajo ataque… El enemigo atacó no sólo nuestro pueblo sino a todos los amantes de libertad en el mundo. El pueblo debe saber que estamos enfrentando un enemigo diferente al que jamás hemos enfrentado…Utilizaremos todos nuestros recursos para conquistar al enemigo. Será una lucha monumental del bien contra el mal, pero el bien prevalecerá". ¿Palabras del presidente francés Francois Hollande después de los seis atentados terroristas el viernes por la noche en París?  No. Fue el discurso del presidente George W. Bush el 12 de septiembre de 2011, tras los atentados contra las Torres Gemelas y el Pentágono.

Sorprende la similitud del lenguaje que utilizó Hollande en su discurso al pueblo francés: "Lo que ocurrió ayer en París y Saint Denis es un acto de guerra y este país necesita adoptar las decisiones para pelear esta guerra. Este acto cometido por un ejército terrorista, el Estado Islámico, es contra quienes somos, contra un país libre que le habla al mundo entero… Es un acto de absoluta barbarie.
Francia no tendrá piedad en su respuesta al Estado Islámico. Utilizaremos todos los recursos”.

Catorce años después de declarar "la guerra contra el terror", la retórica no cambia, mas sí la realidad: el terror islámico va ganando. Los bombardearon sin piedad en Afganistán en 2001 y 2002; los persiguieron por tierra, mar y aire; decapitaron a su máxima dirigencia con drones y otras armas de tecnología futura, y nada. Lejos de desaparecer, como la Hidra de Ledra de la mitología griega, las cabezas del fundamentalismo islámico violento se multiplican. No importa el rótulo – Hezbolá, Jihad, Al Qaeda, Estado Islámico- ni los nombres de sus jefes – Osama bin Laden, Abu Musab al-Zarqawi, Abu Bakr al-Baghdadi- el resultado es lo mismo: muerte, desolación y horror.

El 9/11 de Nueva York y Washington (2977 muertos), el 11-M de Madrid (191 muertos), el 7/7 de Londres (52 muertos), el 26/11 de Mumbai (164 muertos y el 13/11 de París (127 muertos y aumentado). Parecería que estuviéramos condenados en el siglo XXI a medir las fechas en siglas de atentados terroristas. En todos, los ataques fueron simultáneos y coordinados. En todos, la orden era matar, matar y matar. En todos, los asesinos no temían morir.

Si bien el ataque suicida no es nuevo – sólo hay que recordar a los kamikazes japoneses de la Segunda Guerra Mundial- la preferencia por infligir el mayor número de fatalidades de civiles es más reciente, y con excepción de los Tamiles de Sri Lanka- es un método atado al fundamentalismo religioso islámico.

Hollande se encuentra frente al mismo dilema de sus antecesores (Bush, Aznar, Blair) de cómo confrontar un enemigo que no valora la vida. De un enemigo con una capacidad de reclutamiento infinita. De un enemigo que se aprovecha de las libertades de la democracia occidental para hacer sus fechorías. De un enemigo que quiere con sus acciones inducir a los gobiernos a violar sus principios y cruzar la raya del no retorno. Bush la atravesó. Al acudir a mecanismos como la tortura e invadir a Irak, Estados Unidos perdió la instancia superior moral que le había otorgado la tragedia del 11 de septiembre.

Con Bush primó la sed de venganza. No comprendió que eso buscaba Osama Bin Laden: que Estados Unidos se sobrepasara en su retaliación. Abu Bakr al-Baghdadi del ISIS espera lo mismo del presidente francés. Que este último cumpla con su amenaza de ser despiadado en su respuesta. Tengo fe que prime la sensatez. A los bárbaros no se les puede combatir con barbarie. Francia es superior. ¡Liberté, égalité y fraternité!
 
En Twitter Fonzi65

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.