10 mayo 2013

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Algo va del alcalde Petro a la exsenadora Piedad

Por Marco Aurelio Uribe García

OPINIÓNUna autoridad que se funda en el terror, en la violencia, en la opresión, es al mismo tiempo una vergüenza y una injusticia. (Plutarco, escritor griego)

Algo va del alcalde Petro a la exsenadora Piedad. .

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Desde el humilde vigilante del edificio público hasta el presidente de la República, sufren de temor reverencial hacia la persona de Alejandro Ordóñez, por su perfil religioso y político recalcitrante que le impregnó al cargo de procurador general de la Nación y que, sin lugar a equívoco, son determinantes en la mayoría de sus decisiones, extensivas a la de sus subalternos, situación preocupante que riñe con la legalidad y la equidad de un fallo. Dentro de las facultades legales tiene la investigación administrativa disciplinaria  preferente y la imposición de las sanciones, sin ningún control en su dosificación, lo que ha generado miedo, pavor o terror entre los funcionarios de todos los niveles.

Pero bueno, “dura lex, sed lex” y “Roma locuta, causa finita”. Esa es la facultad que la ley le asigna a ese órgano de control y, mientras tanto, no hay nada que hacer solo resta esperar una urgente reforma a este omnímodo y omnipotente poder que maneja el ministerio público, y terminar de una vez por todas con la dualidad que tiene con el Consejo de Estado, respecto de los parlamentarios, y, en general, con todos aquellos que son elegidos por el voto popular, ante todo tratándose de la sanción de la destitución, que conlleva el despojo de la credencial y su muerte política. La revocatoria de un mandato popular solo debe de tener cabida en el constituyente primario o en una sentencia judicial, bien sea en la Corte Suprema y/o Consejo de  Estado.

El caso de Eduardo Merlano da susto, no obstante haber repugnado ese video en el tire y afloje con la policía, la sanción de destitución y la accesoria de inhabilidad está sobrecargada en su dosificación, la correlación entre la conducta del exsenador y el daño causado es abismal. El daño que pudo haber causado en la sociedad con su “jumera” no pasa de ser un mal ejemplo, habida cuenta de su investidura, y el cargo que se le imputa de “tráfico de influencias” es inocuo y queda muy pomposo en ese expediente administrativo, ya que el beneficio que se puede derivar de él es casi imperceptible. Este caso, es el prototipo clásico del chivo expiatorio de esa clase política corrupta que de verdad si está incursa en ese ajetreo generoso y lucrativo.

En mi modesto modo de pensar, las conductas delictuales deben primar sobre las conductas o faltas administrativas, y cuando se presente esta especie de prejudicialidad, la investigación administrativa debe ceder ante la investigación penal, quedando aquella pendiente y sujeta a la decisión judicial, evitando a futuro incomprensibles galimatías y dualidad en competencias que resultan contradictorias y que se prestan para suspicacias e injusticias. Y, como si fuera poco, es ininteligible y sin ninguna lógica jurídica que un funcionario designado pueda destituir y/o decretar temporalmente la muerte política de otro elegido por el voto popular y por la vía administrativa disciplinaria.

Y esto fue lo que también ocurrió concretamente en el caso, azul casi negro, de Piedad Córdoba al despojarla de su investidura y encimarle la sanción accesoria de 18 años de inhabilidad, y como en el adagio: al que no quiere caldo se le dan dos tazas, le aplicaron un nuevo despojo de investidura y le encimaron otros 14 años de inhabilidad, comprometida a terminar de cumplir la sanción en el más allá, y no se disimuló en lo más mínimo la alevosía y la sevicia en esta doble muerte política practicada por el “Inquisidor” de Bucaramanga. Y el Consejo de Estado sigue desentendido y con mutismo desconcertante frente a las demandas de nulidad y restablecimiento del derecho que le han presentado por estos actos omnímodos y omnipotentes de este bárbaro medieval.

La tragicomedia de Piedad Córdoba es ampliamente conocida por todos los colombianos, y creo que no sea necesaria repetirla ni llorar sobre la leche derramada, esperamos que algún día los tribunales internacionales le den la razón en Derecho, ya que de nuestros jueces poco podemos esperar mientras haya politización con alta dosis de polarización, cobardía y falta de carácter. Los vínculos que Piedad Córdoba ha mantenido con la guerrilla han sido notorios y conocidos a nivel nacional e internacional por sus gestiones para la liberación de secuestrados, además, autorizados por el gobierno de turno.

Pero aquí es donde viene lo bueno de esta película: el status de la ex Senadora frente a la guerrilla fue desconocido obtusamente por el ‘mago’ de la procuraduría, y le rapó su investidura por la vía disciplinaria, pero simultáneamente, la corte suprema, como su juez natural, estaba conociendo de este presunto delito y se abstuvo, no conozco si por auto inhibitorio o por preclusión, de seguir la investigación por falta de pruebas. Entonces, quien prevarica: la Corte? ¿El Consejo de Estado? ¿O el Procurador? ¿Será que aquí está la mano negra de la procuradora delegada Ilva Myriam Hoyos, de quien se dice que su ascendencia sobre Ordóñez es descomunal?

Algo va de Gustavo Petro a Piedad Córdoba, no solo por sus coincidencias ideológicas y filosóficas de izquierda, sino porque cargan con un mismo ‘verdugo’ que tiene una forma de pensar, de actuar y de hablar diametralmente opuestas a aquellos; no obstante tener Petro una ligera ventaja sobre Córdoba ante su investigador, por cuanto aquel de manera inexplicable y, casi, insólita depositó su voto como Senador por él, para el cargo de Procurador General, olvidando, además, que los cuervos no distinguen los ojos de la persona que procura su crianza. ¿Será esta la causa del alto costo que pagó Piedad?

No conozco los intríngulis de todos los tropiezos que ha tenido la administración Petro en el manejo de la Capital del país. Según las noticias radiales, televisivas y de prensa se le acusa de prepotente, soberbio, arrogante y veleidoso; que la administración Petro es pésima por mal gobernante y mal gerente; que ha sido incapaz de conformar un gabinete eficiente; que convirtió a Bogotá en un caos por las basuras y la movilidad, lo cual afecta la actividad pública y privada con altos costos financieros y da al traste con la calidad de vida de los bogotanos, con graves repercusiones en la psiquis colectiva; por estas acusaciones se le abrieron sendas investigaciones administrativas disciplinarias.

Petro está en todo su derecho de defenderse y de demostrar una tranquilidad envidiable y pasmosa ante el asedio de un “Inquisidor” de esos quilates como el Procurador, pero con humildad y respeto, hago dos observaciones: primera, si a Petro se le adelanta la investigación disciplinaria con la observancia plena del debido proceso y se le prueba plena responsabilidad en alguno de los cargos imputados, inexorablemente tendrá que ser sancionado y ésta será dosificada de acuerdo a la gravedad del hecho probado, y es aquí en donde radica la esencia del Estado de Derecho. En ningún caso, por ser autoridad o por un gesto de humildad reconociendo errores cometidos o por contriciones de corazón o por propósitos de la enmienda son causales que exculpen la responsabilidad.

Segunda, las declaraciones al portal Ola Política: “la inhabilidad no acaba mi lucha, solo la pone en otro terreno”.Y en su cuenta de Twitter: “Buscar por el camino fácil de la destitución lo que no pudieron lograr por las urnas, solo busca sabotear la esperanza de la Paz". "Grupos de personas que creen ser iluminados por razones extraterrenales se aprestan a violar el voto popular, Procurador no debe escucharlos". "En cualquier caso, cualquier violación al voto popular en Bogotá debe ser respondida con tranquilidad y con la mejor movilización por la Paz". Arenga y azuza al lumpen para que lo defienda. Todo esto tiene un sabor intimidatorio y populachero que a Petro no le queda bien, máxime si dentro de su mira tiene la Presidencia de Colombia. No busque ser ungido como mártir, no lo logrará. Ni haga el papel de contumaz.

Y esta perla que largo por Twitter su gran amigo, un tal Asprilla, pero no el de Tulúa: “hicimos la paz, cumplimos, luchamos décadas en democracia, ganamos, si nos arrebatan, tendrán una primavera árabe”. Esto ya tiene olor a pólvora, como en los viejos tiempos del M-19.
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