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Opinión

  • | 2017/07/10 12:10

    Sangre joven en las Farc

    En Pondores hay otros seis que podrían ser el relevo de esos comandantes con nombres temidos y conocidos. Me quedó la idea de que al menos uno (¿encabezará?) estará en las listas a cargos de elección popular de esa guerrilla.

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Conejo queda a quince minutos de Fonseca. Es un pueblo bonito, hospitalario y apacible que por más de veinte años lastró un hecho de violencia que dividió en dos bandos a sus dos mil pobladores. Por fortuna ya fue superado y hace dos meses todos se unieron para construir la biblioteca. Los libros, películas y computadores fueron entregados por la Biblioteca Nacional en su proyecto de bibliotecas móviles que recorren los PTN, o Puntos de Transición a la Normalidad de las Farc. Sus veinte bibliotecarios fueron escogidos entre los mejores promotores de lectura del país. El de aquí se llama Gilberto Pabón y cada diez días visita Pondores, el PTN a quince minutos de Conejo. Lleva los libros que los desmovilizados han pedido y retira los que ya han leído en ese período.

En ambos sitios estuve durante tres días seguidos esta semana hablando sobre literatura y cine principalmente, pero también sobre ellos, sus historias personales y sus preocupaciones. La tropa está desmoralizada. Hay un ambiente de incertidumbre y temor de futuro. Han cumplido con su parte: se han concentrado en los sitios propuestos, han entregado las armas (solo vi tres o cuatro fusiles de los encargados de seguridad). El gobierno, en tanto, no ha cumplido: todo va a tiempos de burocracia y no sería raro que se queden como el coronel, esperando que les escriban. Ni siquiera les han entregados las casas prometidas (el material con que fueron hechas absorbe y retiene el calor. No fui capaz de permanecer un minuto completo en alguna de ellas: aquello es un horno crematorio). Viven en cambuches, como antes. “El único cambio real, me dijo un comandante, es que ahora tenemos hielo permanente”. Se refiere a los dispensadores de agua fría, tres en total. Hay también tres plasmas para ver las noticias, pero a las ocho de la noche están apagados y todos ellos dormidos. Se levantan a las tres y media y entre cuatro y seis a.m. estudian todos los días, incluidos los domingos. Luego cada uno se dedica a sus propias tareas. Son impresionantemente organizados y disciplinados. Como hormigas. No en vano son un ejército.

Tuve oportunidad de hablar con todo el que quise, incluyendo a Joaquín Gómez y a los tres comandantes de compañía. Quien más llamó mi atención fue “Jaime” (su nombre de guerra en un homenaje a Bateman). Barranquillero, de enorme carisma y labia Caribe, estudió en el Americano y se crio en El Prado. Tiene 26 años y a los 13 se fue de casa, primero como miliciano. Abogado y filósofo de la U. del Atlántico, su discurso político es brillante, progresista, moderno, democrático. Como él, en Pondores hay otros seis que podrían ser el relevo de esos comandantes con nombres temidos y conocidos. Me quedó la idea de que al menos uno (¿encabezará?) estará en las listas a cargos de elección popular de las Farc. ¿Son ellos los soldados que vienen al interior del caballo de Troya de las Farc? (la semana entrante publicaré la crónica total de esta visita).

P: ¿Carlos Vives homenajeado en el Festival Vallenato? ¡Hmm! No se puede desconocer su labor en la internalización del vallenato, pero si el homenaje es un asunto de dar mayor valía a quienes se inventaron una música que luego otros, como Vives, retomaron entonces hay otros a quienes hay que reconocer primero. Alberto Fernández, por ejemplo, de Bovea y sus vallenatos, que tiene 86 años; O Adolfo Pacheco, merecidísimo. Que Consuelo haya tenido un problema personal con Alfredo Gutiérrez no le quita méritos a uno de los más grandes del acordeón. Ahora bien, si los tales homenajes son un asunto meramente comercial para que la Fundación crezca sus arcas entonces sí, Vives es el hombre.


@sanchezbaute

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