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Opinión

  • | 2016/12/12 13:08

    Novela

    La violación no es un tema de sexo sino de poder. El sexo es la herramienta para avasallar a la víctima y este crimen tiene mucho que ver con la condición social de la víctima.

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De lo que se dice del presunto asesino Rafael Uribe –que plagió la tesis universitaria siendo su padre decano de la facultad, que una novia lo encontró travestido, que una señora lo vio desnudo conduciendo la misma camioneta que otros vieron frecuentar el barrio de la niña, que lo vieron hablando con la niña, que lo vieron dándole plata-, queda claro que todo lo que hizo lo hizo a la vista de todos. Si así fue lo hizo, y esta es una hipótesis de novelista, o porque el hombre es temerario y estaba probando hasta dónde podía llegar o porque el hombre era consciente de que su conflicto interno –no las drogas, como ahora se justifica- le podía más, era superior a él, y buscaba desesperadamente llamar la atención. Nadie acudió a su súplica de ayuda, pero él tampoco se ayudó. ¿No tuvo la capacidad o no quiso hacerlo?

Uribe da la idea de alguien que lo tuvo todo pero al tiempo no tuvo nada; de que nadie nunca se ocupó realmente de él; de alguien que creció en un ambiente permisivo; de esas personas que saben que lo que hagan la familia lo solucionará; de esa gente que lo mira todo por encima del hombro, que desprecia al otro. Da esa idea, repito. Aparentemente podía disponer a su antojo de lo que le viniera en gana (tenía el dinero, las relaciones sociales y el color de piel de los privilegiados). Era un hombre, en fin, sin barreras; un hombre solo con su conflicto, sin nadie con quién hablarlo, sin nada a qué asirse o en qué creer.

En parte eso fue lo que pudo haber pasado: a un niño mal criado (por la familia pero también por la sociedad. No la “alta sociedad”: la sociedad colombiana, la misma que hoy lo destierra pero que ayer lo educó a su imagen y semejanza) se le fueron las luces y sus hermanos no pudieron “solucionarle” el problema. ¿Hasta dónde puede una familia auxiliar a un criminal sin volverse cómplice del crimen? ¿Hasta dónde apoya al criminal y hasta dónde se ayuda a sí misma (en lo del apellido, la herencia familiar, etc)? ¿Educa un padre a su hijo cuando le consciente un delito?

La violación no es un tema de sexo sino de poder. El sexo es la herramienta para avasallar a la víctima y este crimen tiene mucho que ver con la condición social de la víctima. Lo que se dice de Rafael lleva a la idea de que no era la primera vez que violaba a una niña o al menos que la tocaba en sus partes íntimas. Es una conjetura que se deduce de su actuar. ¿Acaso el portero fue testigo de otras veces en las que el sospechoso pudo haber llevado a otras niñas a su apartamento? ¿Se suicidó el portero o lo “suicidaron” limpiando la escena con una carta cuyo contenido, el hecho de que haya estado en prisión, debían conocer los dueños del edificio, es decir, los Uribe Noguera? Y hay más preguntas, no acusación ni condena: ¿Por qué los hermanos supieron con tanta rapidez lo que había que hacer, así lo hayan hecho tan chambonamente? ¿Alguien los asesoró? ¿Quizás un penalista? ¿Era la primera vez que lavaban la mugre de su hermano? Y los padres, ¿qué tanto conocían los pecados de su hijo, qué tanto estuvieron informados en tiempo real de los hechos ese día? ¿Acaso lo que Francisco y Catalina hicieron lo hicieron a instancias de ellos?
La novela negra está servida.

@sanchezbaute

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