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Opinión

  • | 2016/10/31 11:54

    ¿Terrorismo en Los Andes?

    El matoneo a estudiantes 'diferentes' en instituciones de Educación Superior y medios de comunicación demuestra las fuerzas oscuras del Estado colombiano.

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El 28 de agosto de 2015 Sebastián Lanz, para entonces estudiante de antropología y derecho en la Universidad de Los Andes, defensor de los DD. HH. y activista LGBT, recibió un mensaje agresivo en su Grindr que pronto se convirtió en una serie de amenazas parecidas a las que desde 2013 había recibido su hermano Alejandro. “Cuando te desfigure la cara irás a seguir actuando como una mongaloca? (...) Eso va a pasar cuando te mande a tirar ácido. Tus días están contados (...) si me echan de la universidad, lo mato. Su hermano y usted son unos hijos de puta”. Tras la divulgación de la noticia se supo también que otros 22 estudiantes LGBT estaban siendo igualmente amenazados en la misma universidad.

Hace poco (justo una semana después de que tantos colombianos marcharan en medio del debate de si a los niños se les debe educar o no en el respeto por el otro), el país se sorprendió con la columna de la poeta Piedad Bonett en la que narraba la carta escrita por un estudiante de artes de la Universidad de Los Andes en la que éste parecía enorgullecerse de haber matoneado a su hijo, quien luego se suicidó, porque “sufrió la mala fortuna de enseñar en un colegio masculino teniendo una voz algo afeminada”. Una vez publicada la columna, la universidad se lavó las manos afirmando que habían sancionado en privado al profesor, pero guardó sospechoso silencio en cuanto a escarmentar al alumno.

Le interesa: la postura de la Uniandes frente a la educación con enfoque de género.

La escritora Carolina Sanín se convirtió hace pocos días en la nueva víctima de Los Andes. Sanín, una mujer que desde sus columnas en Arcadia y desde su muro de Facebook analiza la sociedad colombiana con una mirada crítica y directa que con frecuencia irrita a sus lectores precisamente por eso, denunció una página montada en la red por estudiantes de la universidad en la que aparece una foto suya junto a un frasco de Nutella, una tajada de pizza y unas papas fritas más la frase “Cosas que me quiero comer”. Esa misma tarde Sanín conoció otra foto que muestra un primer plano de su rostro con el ojo izquierdo golpeado (¿por qué el izquierdo?) junto a la frase “When (sic) el heteropatriarcado opresor te pone en tu lugar”. No contento, el grupo de matoneadores, autodenominado Cursos y Chompos Ásperos, logró que Facebook le impidiera a Sanín postear temporalmente en su propio muro.

¿Qué está pasando en Los Andes? No se le puede acusar por las acciones de unos pocos estudiantes, ni mucho menos –muchísimo menos- generalizar a los uniandinos como criminales, pero la universidad tampoco puede seguir lavándose las manos mientras sus profesores y alumnos son agredidos con tanta virulencia (y hasta asesinados, si recordamos el caso Colmenares del que justo hoy se cumple un año más en la impunidad). El rector tiene que explicar qué está haciendo la institución al respecto. Ni a la universidad ni a los estudiantes les conviene este silencio.

“Terrorismo: 1. m. Dominación por el terror” (RAE). ¿A esto le apuntan estos estudiantes? Al acoso, la amenaza siempre latente, la incertidumbre, el chantaje, la manipulación. ¿Acaso, como pregunté aquí hace unas semanas, todo esto no es más que el Estado mafioso y paramilitar –“las fuerzas oscuras”- que nos negamos a ver, que nos negamos a aceptar?

* En Twitter: @sanchezbaute

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