Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2016/10/10 10:17

Vanidad

¿Por qué Santos convocó al pueblo a un plebiscito si no estaba seguro de ganarlo? Más que para lavarse las manos por higiene democrática, lo hizo para sacarse el San Benito de haber sido elegido con votos ajenos.

Alonso Sánchez Baute. Foto: Semana.com

En Los heraldos del Libertador, Pablo García Dussán cuenta la historia de un periodista exiliado de su país por escribir en contra de Fujimori, que se instala en Colombia para trabajar como saboteador de las columnas de opinión y de las noticias, eso que los medios impresos llaman foristas. Limitado a sabotear todo lo que se publique en contra de la campaña de Uribe en 2002, el periodista encuentra que el manejo de la desinformación política es mil veces peor en Colombia que en el Perú de Fujimori, una ficción que se volvió verdad esta semana en boca de Juan Carlos Vélez.

Sergio Araújo, miembro del Comité del No en las huestes uribistas, exigió explicaciones a Vélez al día siguiente de publicada la entrevista. Por increíble e infantil que parezca, la respuesta habría sido “Uribe no llamó a felicitarme por mi contribución al triunfo del No”. Rabia, dolor y vanidad en una sola frase. No puede decirse ahora que Vélez actuó a espaldas de su jefe, pues fue Uribe quien lo avaló: “Es decencia en la política, gente honorable de manos puras”. Fueron estas mismas “manos puras” las que buscaron al periodista de La República para que lo entrevistara y fue Vélez también quien la subió a las redes sociales. Lo hizo con orgullo por sus respuestas, pero también para asegurarse de que El Mesías las leyera. ¿Tanta veneración produce entre sus fieles este señor, que Vélez prefirió el escarnio con tal de llamar su atención?

Tanta devoción, curiosamente, podría dar al traste con Uribe. No sólo de sus seguidores hacia él, sino también de él por los suyos. Por su enorme amistad con Pepe Lafaurie, María Fernanda Cabal se le ha convertido en una piedra en el zapato, y no sólo por sus perlas (cada vez que habla, el uribismo pierde adeptos). Habría sido ella quien invitó a Alejandro Ordóñez al encuentro con Santos. ¿A cuenta de qué él hace parte de los negociadores: cuáles son sus votos, qué aporta de nuevo? El vanidoso Ordóñez se les está metiendo en el rancho como un caballo de Troya. ¿Lograrán hacerlo a un lado cuando tengan que hacerlo?

Por vanidad Uribe y los suyos se apropiaron de la vocería del No. Es imposible saber cuánta gente votó a conciencia y cuántos lo hicieron por la estrategia confesadamente engañosa del uribismo, pero es claro que esta vocería le hace daño al No. La confesión de Vélez ha generado debate sobre la legitimidad del plebiscito, pero ya no se puede hacer nada: el Acuerdo está muerto. Hay que aceptarlo, cruzar la página y buscar nuevas y prontas soluciones. Si llega a 2018 sin resolverse, el nuevo gobierno no lo solucionará.

Entre vanidosos Santos no se queda atrás. Y ahora más, montado en el Nobel. ¿Por qué convocó al pueblo a un plebiscito si no estaba seguro de ganarlo? Más que para lavarse las manos por higiene democrática, lo hizo para sacarse el San Benito de haber sido elegido con votos ajenos. Olvidó que en una consulta como esta, y ahí está el Brexit de ejemplo, el equilibrio de las fuerzas de la sociedad no es homogéneo: el que grita y engaña más tiende a imponerse, tal cual lo confesó Juan Carlos Vélez.

No es la política la que está jodiendo a Colombia. Es la vanidad de estos políticos que se comportan como adolescentes midiéndose en público lo suyo. En estas manos, señoras y señores, está el país. ¡Qué horror!

PD. El Nobel le sirve a Santos. Amalaya al proceso también.

* @sanchezbaute

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