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Opinión

  • | 2016/08/19 12:09

    Al sur, al sur, al sur, del cerro del Pacandé

    Las FARC no combaten hace más de tres años y eso ha significado tranquilidad para la vida de la gente. Los trayectos entre Totoró, Cauca y la Plata, Huila o entre Neiva y Mocoa, Mocoa a Pasto pueden hacerse sin temor alguno y sin tropas diseminadas a lo largo de las vías.

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El sur del país ha sido por mucho tiempo el interrogante nacional, y no lo digo por la antigua zona de distensión en tiempos de Pastrana, no. Lo menciono porque ha sido el escenario desde los años cuarenta de nuestras violencias recicladas, porque al igual que el Chocó puede reclamar por el abandono, la desidia oficial y la exclusión centralista que impidió desarrollos educativos, de infraestructura, integración al sistema productivo de la nación y sus beneficios.

El sur marginalizado, despierta y lo hace con ambición de futuro.

Mientras el Presidente y su gobierno insisten desde Bogotá en que el fin de la guerra con las FARC va a llegar pronto, para la vida de las comunidades rurales en Putumayo, sur del Huila, Cauca y Caquetá, los cambios advertidos en los cuatro años de negociación indican que la guerra se acabó.

Las FARC no combaten hace más de tres años y eso ha significado tranquilidad para la vida de la gente.

Los trayectos entre Totoró, Cauca y la Plata, Huila o entre Neiva y Mocoa, Mocoa a Pasto pueden hacerse sin temor alguno y sin tropas diseminadas a lo largo de las vías.

Florecen de manera embrionaria negocios de turismo aún carentes de profesionalidad en la atención, pero llenos de belleza natural como La Cascada del Fin del Mundo en cercanías a Mocoa, planes de caminata y búsqueda del origen de San Agustín que invitan a construir futuro con las comunidades.

La seguridad esta dada hoy, no por soldados y bombardeos, sino por el desarrollo del proceso de conversaciones en La Habana.

Por ello, en esas zonas en medio de las dudas por el futuro, autoridades y población reconocen que la caída de los indicadores de violencia y de la confrontación armada en sus territorios son una victoria temprana de La Habana.

El Sur tiene el potencial para implementar desarrollos de tipo económico, social, para impulsar modelos de democracia local fuertes y transformadores pero debemos acompañarlos.

Si la autoridad nacional, regional y local, la academia y los empresarios deciden que la etapa de pos-acuerdos es una ventana de oportunidad para que al Sur se implementen modelos incluyentes y modernos de negocio. Si logran transformar la mentalidad extractivista de la economía, se puede lograr.

Las comunidades, Paeces, Guambianas, Ingas, Cametsá, y mestizas que residen en estas zonas tienen consciencia sobre el potencial de desarrollo de sus territorios. Por eso promueven el fortalecimiento de un mariposario en el Putumayo, casas en los árboles gigantescos de la selva como hoteles, sueñan con un sistema de teleférico que les permita comunicar caídas naturales de agua como la del río Bordones en el Cauca con San Agustín en el Huila e incluso con una Universidad que forme los líderes y gobernantes que requiere el futuro de esta zona.

Todo lo anterior es una realidad posible porque la guerra en el Sur se acabó. Nos falta asegurar que los habitantes de la Colombia urbana con el ‘Sí‘ en el plebiscito ayuden a fortalecer estas condiciones para que el Sur quede definitivamente ubicado en el futuro del país.

* @alvarojimenezmi - ajimillan@gmail.com

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