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Opinión

  • | 2015/08/04 09:45

    Aves de mal agüero…

    A los que cantan un futuro perverso e inseguro que nos traerá un acuerdo con las FARC hay que decirles que los retos criminales ya existen y en niveles alarmantes.

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Hay mucho fatalista anunciando tiempos de desastre una vez se firmen los acuerdos que le pongan fin a la guerra con las FARC. Aseguran ellos que con una guerrilla en etapa posterior al acuerdo, la criminalidad se disparará a niveles nunca vistos, con lo que las ciudades se volverán invivibles por cuenta del surgimiento de bandas de antiguos farianos sedientos de poder, andando con conocimientos sobre las artes de la conspiración, la extorsión y todo tipo de actos de violencia que hemos visto cometer a las FARC por más de cinco décadas.

Muchos les dan la razón y asienten con la cabeza.

A estos alarmistas interesados y a los promotores de esta idea, les cuento como ejemplo lo que ocurre en Villavicencio a ojos de todos, sin que se haya suscrito ningún acuerdo de fin de la guerra con las FARC:

Ciudad Porfía surgió por allá en 1983, por iniciativa de la señora Noemí Carrillo, quien promovía un programa de vivienda que no pudo cumplir, lo que generó la invasión del lote de 42 hectáreas de su propiedad. El nacimiento del barrio se dio con el repetido enfrentamiento entre la Policía y los pobladores y con el tiempo y el involucramiento de la alcaldía, la gobernación y del sacerdote alemán José Otter, el barrio fue legalizado.

Después de 32 años de ese accidentado parto Ciudad Porfía existe. Se instaló con un núcleo de 50 familias  hasta convertirse en un populoso sector de Villavicencio que tiene unos 25.000 habitantes agregando los desarrollos urbanísticos destinados a desplazados tales como Charrascal y nuevas invasiones como La Madrid, Villa Lorena, Villa Sonia y un sector ribereño del rio Ocoa conocido como La Playita.
 
Allá se han mal acomodado colombianos del Vichada, Guaviare, Caquetá, Tolima, Huila, llaneros de municipios pegados a la Cordillera Oriental como Vistahermosa, Granada, El Castillo, entre otros, desplazados unos por la violencia, otros por una de sus contracaras, que son la exclusión social y económica. Se juntaron buscando un mejor vivir para ellos y sus familias y en el “voz a voz” del desespero o de la búsqueda de una oportunidad conocieron que en los Llanos se podía empezar de nuevo la vida porque había “duros” con mucho poder y billete, y también porque había petróleo. Les alcanzó para llegar a Villavicencio o terminaron anclados a esta ciudad deslumbrados por el ambiente de crecimiento que se veía hasta hace poco en sus calles. Se dedicaron a ser vendedores ambulantes, a hacer oficios varios.

En esta zona de la capital de Meta, y lo pueden corroborar inspectores, autoridades de policía e incluso aspirantes a cargos públicos en las siguientes elecciones, el abuso, el miedo, la violencia, la extorsión, la prostitución infantil, el comercio de drogas son pan de cada día y la justicia es un asunto extraño para la vida de la gente. Incluso, zonas como la Playita y Playa Rica son inseguras para la Policía con todo y sus armas.

Por esta razón los que cantan al futuro perverso e inseguro que nos traerá un acuerdo con las FARC hay que decirles que los retos criminales ya existen y en niveles que deberían alarmar a todos. Deben ser conscientes de que en el diario vivir de Villavo, Cali, Bucaramanga, Medellín e incluso en los cinturones de Bogotá la criminalidad ya está bien organizada, supera la capacidad institucional y aprovecha la persistente exclusión económica para cultivar un mundo tormentoso, insoportable para los más pobres y vulnerables.

Deben saber que en estos sitios, herederos de “Kaláshnikov”, “Cuchillo” y el propio “Pijarvey”, antiguos líderes paramilitares con bandas como los "Tierreros” han construido un mundo paralelo que las autoridades no han podido destruir porque funciona con la complicidad de muchas 'manzanas podridas' y de un entorno social y económico que les favorece. Lo que  se facilitará con el fin de la guerra es concentrar los esfuerzos de las autoridades y la sociedad para enfrentar esta criminalidad en la que el billete puro y duro es el objetivo supremo.

A esas aves de mal agüero hay que decirles que necesitan una limpieza de sus empañados lentes que les impiden ver que la criminalidad esta disparada e incontrolable hace rato y que su fatalismo parece más un soterrado interés de vender miedo al fin de la guerra.

ajimillan@gmail.com
@alvarojimenezmi


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