Sábado, 3 de diciembre de 2016

| 2016/05/02 14:37

Operación urgente: + Unidad de la Nación – Unidad Nacional

Y ahí vamos los colombianos a bordo del mismo barco naufragado, unos de maquinistas y marineros, otros de pasajeros. Las familias con su dolor incomprendido, el gobierno con su cuota de responsabilidad por la incapacidad de resolver el asunto…

Álvaro Jiménez Foto: Semana.com

El secuestro y la desaparición forzada son la agresión más detestable, inhumana y ausente de compasión que hemos vivido los colombianos por generaciones. Sus mayores niveles de crueldad se expresaron en la acción de las FARC conocida con el bíblico adjetivo de las “pescas milagrosas” que inundaron de espanto y de ira al país. Igual, ocurre con la mentira sostenida institucionalmente por más de 25 años que negó los desaparecidos del Palacio de Justicia, con todo lo que ello significó para las familiares y para la construcción de sociedad.

Ambos hechos han ganado el repudio de la opinión nacional del presente y seguro tendrán el de las generaciones futuras cuando lean sobre la crueldad y miseria humana que fuimos capaces por estos tiempos.

Hace cuatro semanas que el Gobierno y el ELN hicieron el anuncio de una fase pública de conversaciones para el fin del conflicto y por esos días, la liberación de Ramón Cabrales era noticia que ilusionaba en los medios. Por ello, la certeza posterior de que su liberación fue fruto del pago de un rescate sujeto a compromisos futuros sepultó en muchos la esperanza. Como si fuera poco, el clima de amenazas, asesinatos de dirigentes sociales y el fortalecimiento del neo-paramilitarismo expresado en el paro armado al norte del país ha hecho pensar en el movimiento social y seguramente a algunos en las propias guerrillas que  no hay clima para la paz.

Estos temores y antecedentes se suman a la desaparición de Henry Pérez, líder campesino de Norte de Santander e impulsor en el Catatumbo de una estrategia para reemplazar el cultivo de hoja de coca, así como el secuestro de la joven Melissa Trillos Gómez, en la región de Ocaña, hechos que deben llamar la atención del país.

A este cuadro de ignominia, se suma la situación detestable de Patrocinio Sánchez, ex alcalde y ex gobernador del Chocó, secuestrado y condenado por el ELN en un “juicio” quien fue liberado a cambio de su hermano en virtud de su situación de salud.

Y ahí vamos los colombianos a bordo del mismo barco naufragado, unos de maquinistas y marineros, otros de pasajeros. Las familias con su dolor incomprendido, el gobierno con su cuota de responsabilidad por la incapacidad de resolver el asunto, la mesa de conversaciones con las FARC a ritmo de brazos caídos comunicando avances que no llegan, la del ELN suspendida. Mientras, la comunidad internacional brinda excepcionales apoyos para que Colombia avance en cerrar el conflicto armado y observa cómo por estos días nos puede más el peso del pasado y nuestras pequeñeces, que la visión de futuro.

El muro de contención a estas inhumanidades es muy débil.  Frente al secuestro y la desaparición, la sociedad colombiana aún no logra expresar una posición de conjunto, sólida y sostenida en el tiempo, por ello no extraña que se repitan.   

Unir a la sociedad y no la coalición de gobierno es la huida hacia adelante que nos apremia. Debemos enfrentar los secuestros y la desaparición forzada con algo más que un acuerdo con las guerrillas. El mismo permitirá la convivencia democrática con quienes integran estas organizaciones, pero necesitamos una alianza urgente contra el secuestro y la desaparición forzada. La unidad nacional del gobierno es insuficiente para ello, se exige la Unidad de la Nación  ¿Nos quedará grande como siempre?

ajimillan@gmail.com

@alvarojimenezmi

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