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Opinión

  • | 2015/04/13 16:04

    El tubo no tiene la culpa

    Es inaceptable que el ELN continúe volando el oleoducto para justificar su oposición a la política petrolera en los términos en que está planteada. Ese método de guerra, ni la guerra misma son aceptables.

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Recuerdo con precisión la tragedia de Machuca, corregimiento de Segovia, Antioquia y, aunque no se conmemora por estos días una fecha de aquella tragedia, mientras participaba el pasado 9 de abril de los actos y la marcha de homenaje a las víctimas del conflicto armado, pensé que  salvo por las celebradas fotografías de memoria realizadas por Jesús Abad Colorado, el país no tiene presente este hecho.

La vorágine de odios y violencia ocurridos en Colombia sepultó con otros horrores el recuerdo de las 84 vidas, entre ellas las de 40 niñas y niños, quemadas por el incendio desatado por la voladura del tubo que transporta crudo desde Caño Limón hasta Coveñas, de propiedad de Oleoductos Centrales de Colombia (Ocensa) volado con explosivos por el ELN, como reconocería días después su Comando Central (COCE), al tiempo que pedía perdón por el hecho, que, afirmaron, fue involuntario.
 
Machuca era por aquella época un pequeño caserío de unos 1.000 habitantes, buena parte negros descendientes de esclavos mineros, que vivián allí a orillas del cristalino rio Pocuné y continuaban trabajando la minería de oro como sus ancestros. Ir desde Medellín hasta Machuca por tierra podía tardar entre nueve horas y dos días, dependiendo del clima, en una vía tan infame como las infamias de que ha sido testigo el nordeste de Antioquia. En aquellos tiempos en esta zona minera estaba  asentado un paramilitarismo más asesino que el de Urabá, aplaudido por sectores de poder en Medellín, gracias a que su vocero y jefe público era un exoficial del Ejercito, miembro de una familia cercana al poder en Antioquia, a quien llamaban 'Doble Cero' y quien se ufanaba ante los medios y cercanos por ser un “auténtico contraguerrillero” y no un paramilitar narcotraficante como los otros, a pesar que en la zona bajo su control pululaban los laboratorios de coca.

Llegué a Machuca el 18 de octubre del año 98, a pocas horas de los hechos: el río era una masa gelatinosa de crudo, la gente estaba quemada de tal forma que sólo se veían unos amasijos de carne retorcida. Nadie era reconocible. Los gritos de la gente clamando por ayuda se oían a pesar del ensordecedor ruido de los helicópteros que facilitó OCENSA y que se sumaron al de la Gobernación de Antioquia para trasladar a los quemados en el afán de salvar sus vidas, que fueron apagándose en los días y meses siguientes hasta sumar la horrible cifra de 84 civiles, entre ellos 40 niños y niñas que dormían a las 12:20 de la madrugada de aquel día en sus casas en el momento de la voladura del tubo.

Hoy, Machuca tiene un poco más de 2.000 habitantes, se tarda ocho horas para llegar desde Medellín por carro y a pesar que el tramo entre Segovia y Machuca aún no esta pavimentado, la carretera ha mejorado muchísimo, me dice Maribel Agualimpia, directora de la emisora Machuca Stereo, fundada hace 15 años como parte del proceso de reconstrucción que se adelantó con el concurso de Ocensa, el gobierno departamental y Antioquia Presente, entre otros.

El pasado jueves 8 de abril, en el sitio conocido como El Chispero, hicieron presencia guerrilleros del ELN a tan sólo 50 minutos desde Segovia  en la ruta hasta Machuca. Distribuyeron propaganda y mostraron que el ELN está “junto al pueblo” como dicen sus consignas. Así ha venido ocurriendo en los últimos 40 años en esa región y todavía hoy.

Esta acción de la semana anterior evidencia que hay un problema histórico sin resolverse y que la paz con las FARC parece requerir también la solución de la confrontación con el ELN. Muchos hemos clamado, exigido, convocado y trabajado por años por negociaciones de paz.

Años después, en el 2005, junto a Moritz Akerman, Daniel Garcia-Peña, Gustavo Ruiz y Alejo Vargas, integré el grupo de Garantes de la Iniciativa Casa de Paz que dio lugar a las últimas negociaciones adelantadas con el ELN durante el gobierno  de Alvaro Uribe, en La Habana, Cuba y que finalizaron en el 2007. Por ello creo, tal vez equivocadamente, que el ELN necesita la paz tanto como la necesitan las FARC y el resto de los colombianos.

Desde 1998 hasta hoy el ELN no ha vuelto a atentar contra el tubo en esta zona del nordeste de Antioquia. Sin embargo, mientras estén allí, la amenaza esta latente.

Este año, el ELN ha hecho tres voladuras del tubo: dos en Nariño y una más el pasado 7 de este mes en zona de Cubará, Boyacá. Por fortuna no ha habido muertos ni heridos en estos hechos, pero la zozobra que se genera en comunidades vecinas al tubo, el impacto sobre la estabilidad de la industria, el daño ambiental, sumados a la exigencia de dispositivos extraordinarios por parte de autoridades y comunidades, son el resultado de este tipo de actos que han definido el tubo como objetivo militar en la “guerra elena”.

Es inaceptable que el ELN continúe volando el oleoducto para justificar su oposición a la política petrolera en los términos que esta planteada. Ese método de guerra, ni la guerra misma son aceptables.

Profundicemos la discusión sobre los enormes retos que contiene la explotación del petróleo. Esperemos que por el bien del país, el ELN se ponga en los zapatos de todos y no sólo en sus propios y los de sus seguidores.

Esto debemos hacerlo con el conjunto de los actores. El involucramiento de muchos, poniendo los intereses del país como eje de la discusión sobre los asuntos petroleros, no depende del ELN. Necesitamos sí que el país se exprese, para que no haya legitimidad, ni cabida para la voladura del tubo.

Posdata: José, uno de los ganadores posibles de Master Chef, fue eliminado. Él mismo terminó siendo su peor enemigo. Es una lástima porque mostró berraquera, era popular, reivindicaba sectores social y culturalmente marginados del “glamour” restaurantil.

Parece que, como a muchos, el “orgullo malentendido”, como dicen las mamás, le pudo más, no tuvo compasión ni con sus compañeros ni con sus seguidores. Ojalá aprenda del error. Tiró a la caneca su posible victoria.

Cada vez pienso que este programa de televisión se parece en mucho a la vida y a los retos que plantean la guerra y la paz de este país. ¿No les parece?

@alvarojimenezMi
ajimillan@gmail.com

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