Domingo, 4 de diciembre de 2016

| 2015/09/15 10:00

Llegó la modernidad

La verdad, para la mayoría de quienes vivimos en Bogotá aún la confusión reina, a escasos 40 días nos estamos dando cuenta de que las elecciones llegaron y toca decidir alcalde.

Álvaro Jiménez. Foto: Semana.com

Pocos candidatos a la Alcaldía y a la Gobernación hablan de paz. Tampoco lo hacen muchos aspirantes a concejos y asambleas y menos aún quienes aspiran integrar las juntas administradoras locales. ¿Esto significa que eso de la paz territorial no pegó? Así parece por ahora. Y en Bogotá menos. Nos estamos moviendo más entre aspiraciones presidenciales que en la disputa por administrar lo local. Aunque lo nieguen, vamos a unas previas de la disputa presidencial entre el Partido Liberal de Pardo y sus potenciales aliados contra Vargas Lleras, y sus compinches para el período 2018-2022.

La foto de hoy muestra a un Peñalosa con sus créditos de afamado administrador de ciudades, como compinche calificado de Vargas Lleras y… sus amigos del erario público, de la contratación exprés, la no exprés, el grito, la amenaza soterrada, para quien se les atraviese en el asalto a los dineros y las contrataciones públicas. Ahora andan envalentonados por el tema de las 4G, (Germán, Goloso, Grosero, Gritón).

Rafael Pardo es una persona respetable, conocedora del Estado y evidentemente sería un exabrupto llamarlo politiquero. Sus compañeros de viaje no parecen ser distintos de quienes dentro del Partido Liberal son una suma de votos, contratos y no de ideas progresistas y transformadoras. No señor, nada de eso. Negocio puro y duro de politiquería.

Conversando en una carpintería en La Macarena con varias personas, alguno sentenció: “Yo creo que Pardo les va a dar una sorpresa a todos.” Sería bueno añadí, porque si no gana, significa que Vargas Lleras se consolida en Bogotá y ahí sí, pobre posconflicto.

¿Y la izquierda? Ah si, eso que dice llamarse izquierda, eso depende del Palacio Liévano me dijeron: unos votarán por Pardo para no salir del Palacio, mientras otros acompañaran a Clara con la ilusión de entrar de nuevo.

Días más tarde Mauricio, un amigo de vida me decía “parece que va a ganar Peñalosa y él es un enemigo de propuestas e iniciativas que en medio de lo criticable a Petro son modernas y ayudan a transformar la “cultura” de poder de este país. Por eso voy a votar por Pardo aunque no me gusta mucho que sólo hable de seguridad. ¿Y Clara? Esa señora esta muy mal rodeada”, fue la respuesta.

La verdad, para la mayoría de quienes vivimos en Bogotá aún la confusión reina, a escasos 40 días nos estamos dando cuenta de que las elecciones llegaron y toca decidir alcalde. Los concejales saldrán elegidos más por inercia que por el conocimiento de la ciudad sobre sus propuestas. ¿Y los aspirantes a las juntas administradoras locales? Ellos hacen sus pinitos amarrando clientela en pequeño mientras sueñan como amarrarla en grande.

Por esta razón, ninguno de los aspirantes a la Alcaldía produce más noticia que el lugar que ocupan en las encuestas, lo demás es inasible, liviano, nada de fondo.

Nadie espera grandes transformaciones salvo los interesados en expandirse al norte que reniegan todo el tiempo del alcalde Petro porque les frenó las inversiones y con ello sus ganancias. Muchos entendemos que en cuatro años tampoco tendremos metro aunque es posible que inicien los primeros centímetros, con lo que el trancón será mayor por cinco años o más que puede durar la obra. Igual pasara con la 80 y así. Seguiremos viendo pasar caras conocidas, prometiendo soluciones mágicas a problemas estructurales como la densidad poblacional, la ausencia de vías y el incremento de construcciones de 10, 15, o 20 pisos que significan carros y más carros, gente y más gente. Ese es el modelo de ciudad que se construyó por décadas sin que importara mucho el futuro. En fin de cuentas lo importante será quien gana las elecciones, si Vargas Lleras o el Partido Liberal. Llegó la modernidad.

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