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Opinión

  • | 2015/07/07 16:14

    A falta de Chapulín, bueno son los “nadie”

    ¿Quién podrá salvar este proceso? En eso andan guerrilleros y soldados de las fuerzas militares construyendo un país nuevo, desminando en El Orejón.

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Ellos y sus bicicletas contra el mundo. Cada uno con su cicla contra todos. Así se forjó el amor de Colombia por sus ciclistas. En ésta, la Colombia del supremo esfuerzo y la individualidad el ciclismo es el rey de los deportes.

Ver la dificultad de la geografía vencida por unos “nadie”, montados en una cicla construyendo respeto y admiración gracias a su esfuerzo personal, sudor y competencia es un factor de orgullo. Es lo que sin ruidos muestra el documental “semillero de escarabajos” de Margarita Martínez que presentó Caracol televisión el domingo anterior y que deberían repetir con más difusión.

Luego de verlo, uno queda cierto de que tenemos la fortaleza para ser una gran nación o por lo menos una nación. Ver y oír a Miguel Ángel un pelao, campeón del Tour de l’Avenir 2014, hablando de “orgullo pescano” para referir su municipio de Pesca en Boyacá (del cual muchos no tienen idea que existe) y saber que ahora integra el equipo Astana considerado el mejor del mundo o, a Julián Cardona de La Unión, Antioquia criado por su padre, un fanático  seguidor del ciclismo y una abuela que sólo le pide que le traiga “trofeítos” indican que el esfuerzo individual, honesto, transforma la realidad de quienes hoy están creciendo. Estos muchachos, apoyados por el cariño de sus familiares, amparados en la institucionalidad a nivel deportivo en Antioquia y una más modesta en Boyacá sumada al esfuerzo personal  de un líder del ciclismo como Rafael Acevedo, dicen que el país tiene lo esencial para sobreponerse a destinos ingratos: El recurso humano. Pero debemos tener claro el objetivo.

En el caso de los ciclistas es uno solo: ganar. Y con ello conseguir ascenso económico, comprarle la casita a la mamá, ayudar a los hermanos, ir bien lejos en avión, cosas para las que toca entrenar durísimo, enfrentarse a si mismos como nadie imaginó, seis días a la semana con recorridos entre 80 y 140 kms diarios. Ello exige una disciplina y un temple personal como el del acero y carbono de sus bicicletas.

Observando los ciclistas y los logros individuales de los colombianos, pienso en los integrantes del equipo negociador del Gobierno, cada uno entre los mejores de su área, cada uno haciendo sacrificios personales, familiares e incluso profesionales, persiguiendo el acuerdo con las FARC como si se tratará de perseguir un lote de escapados.
Y del lado de la guerrilla, otro grupo, de colombianos también que han jugado sus restos, que han perdido sus amigos, invertido décadas en una guerra sin victorias, que han acumulado y provocado dolores y frustración persiguiendo una quimera que nunca atrapó a las mayorías del país y que por la fuerza no lograron imponer.

Estos negociadores parecen ad portas de su propia derrota. No tienen cartas mágicas que mostrarnos. Sólo les es aceptado producir el acuerdo final y todo indica que eso en La Habana no está cerca.

¿Quién podrá salvar este proceso? :  ¿Las víctimas? ¿los académicos de la comisión histórica?  ¿la subcomisión técnica de miembros de las FFMM? Parece que ninguno de estos logró transformar el ritmo de la negociación de manera esencial y apurarlos. Y mucho menos esta guerra declarada en que andan los ministros contra sus antiguos compañeros de viaje, universidad, amantes, fiestas, cócteles, a quienes llaman despectivamente Uribistas como si ellos ni hubiesen sido los primeros en la fila. Produce rabia ver estos enanos dirigiendo la nación posible.  

Queda pues la esperanza del esfuerzo individual, la del extremo esfuerzo de los “nadie”, de los que sin ser parte de ningún poder pueden salvar el momento. En sus manos, aunque suene irracional está la suerte del proceso. En eso andan guerrilleros y soldados de las fuerzas militares construyendo un país nuevo, desminando en El Orejón, una montaña de Antioquia en la que entre 2012 y lo que va del 2015 murieron por las minas 19 colombianos. Esos “nadie”, trabajando juntos están construyendo el nuevo país y en ellos está mi esperanza.

ajimillan@gmail.com
@alvarojimenezmi
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