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Opinión

  • | 2016/11/21 09:27

    La palabra pronunciada, la flecha lanzada y la oportunidad perdida

    Todos tenemos preconceptos sobre la orgia de sangre en que hemos vivido pero es momento de templanza y rigor pues lo que está en juego son las vidas de muchos que apenas crecen y de otros que aún no nacen.

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Los asesinatos y atentados a dirigentes campesinos que pertenecen a organizaciones cercanas a la marcha patriótica, o al movimiento social en zonas donde las FARC han tenido presencia histórica, tienen que parar.

Manuela que tiene 10 años me pregunta si con los mensajes que circulan en las redes denunciando y acusando sobre estos hechos van a dejar de matarlos, y le digo que no.
 
Entonces, se queda callada.

Y callados estamos la mayoría.

Como si estos muertos no importaran a nadie, como si el silencio confirmara nuestra criminalidad como sociedad, nuestra complicidad con el irrespeto a la vida.

Hay mucho grito y poca solución.

Mucha acusación generalizada y poco hallazgo de culpables.

Es como si quisiera confirmarse que el  destino existe y el de los colombianos fuese ser los caínes en este lado del mundo.

Más de medio siglo asesinándonos y cuando estamos a punto de parar aparece la oscuridad, lo inexplicable, la impunidad que mata y sólo aparece de nuevo para volver a matar.

Según las informaciones se trata de campesinos desarmados, de jóvenes y adultos que organizan sus comunidades, que promueven la defensa de sus territorios, que desean tener un mejor espacio en la distribución del poder del Estado.

No puede afirmarse aunque sea lo fácil que son sectores de derecha.

Pablo Catatumbo miembro de las FARC ha dicho que es una nueva guerra sucia, que se viene otro episodio como el de la Unión Patriótica pero necesitamos claridades, certezas para que las acusaciones hechas no llenen de dudas la posibilidad de la paz.

En Colombia también hay que decirlo, a la luz de la guerra entre las guerrillas y el Estado, muchos han aprovechado para matar en su propio beneficio aprovechando la oscuridad que traen las armas.   

Nada es claro.

Por ello la exigencia al Estado es mayor. Que agilicen resultados de investigación y cese la impunidad.

A los ciudadanos estos hechos nos exigen poner fin a la indiferencia. Solidaridad con las familias, con los movimientos sociales afectados, con el destino de los otros. No podemos seguir viendo desfilar cadáveres, desplazados, mutilados, intimidados como si fueran parte de una película. La injusticia y el miedo no pueden seguir siendo el destino de la sociedad colombiana.

Quienes participamos el 2 de Octubre votando por el SI y por el NO en el plebiscito, expresamos una opinión por el destino del país ahora debemos demostrar que ese interés no es por el genérico de la política sino que genuinamente nos interesa la vida y la existencia de cada uno de los que formamos parte de este país.

Consolidar la idea de que los del NO, son felices por el asesinato de líderes sociales, es irresponsable además de provocar mayor polarización en un momento en el que requerimos unir al país.

No creo que los Uribistas estén matando líderes campesinos como se insinúa en redes sociales sobre el Alcalde de San Vicente del Caguán quien pertenece al Centro Democrático.

Mucho cuidado.

Todos tenemos preconceptos, sobre la orgia de sangre en que hemos vivido pero es momento de templanza y rigor pues lo que tenemos en juego son las vidas de muchos que apenas crecen y de otros que aún no nacen.

Que el Estado agilice investigaciones y produzca resultados y que los ciudadanos expresemos nuestro rechazo y solidaridad con las regiones donde aún impera el miedo, con el movimiento social intimidado  y con las familias que han perdido a sus hijos padres y hermanos.

Adenda: La administración del alcalde Enrique Peñalosa debe unas disculpas públicas y reparación a los ofendidos y golpeados por el ESMAD, en el desalojo del campamento por la paz. Así no se construye una mejor ciudad para todos.
Nos falta mucho por aprender.
 
@alvarojimenezmi
ajimillan@gmail.com

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