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Opinión

  • | 2015/07/21 10:30

    Mientras más odio, más sangre

    El futuro está en la certeza de que a pesar del dolor, el fin de la guerra traerá un interrogante más valioso que la afirmación de unas ilusiones o indignas herencias de poder.

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Desminar es un proceso que requiere formación adecuada, cumplimiento riguroso de los procedimientos aprendidos y una obsesiva disciplina en la que la seguridad es precondición necesaria. Nada debe quedar al azar. Todo ha de estar controlado. Esto es responsabilidad de las organizaciones que lo hacen, de sus líderes y de las personas involucradas en el proceso. Ha de ser un todo armónico para lograr el éxito final.

El accidente ocurrido en el Orejón, donde murió el soldado desminador Wilson de Jesús Martínez obliga a los equipos del Batallón de Desminado (BIDES) del Ejército, las unidades de las FARC, la Ayuda Popular Noruega (APN) a evaluar y obtener lecciones aprendidas.
Esta vez, con sangre.

A esa sangre regada construyendo futuro, hay quienes le quieren sumar sangre conseguida con el odio del pasado. Dice la señora Salud Hernández en su columna que el acuerdo sobre minas es chimbo. Lo chimbo es su manera pendenciera pero vendedora de abordar el tema. Dice la señora que los guerrilleros de las FARC deberían ser quienes limpien las minas para que sean quienes mueran en los accidentes.
 
Los que trabajamos en el tema sabemos que las FARC de hoy no están capacitadas  ni tienen los elementos que se requieren para adelantar el desminado. Reclama entregar una responsabilidad del Estado a las FARC. Irresponsable además de pendenciera.

Duele ver cómo se usa la sangre del soldado muerto en el accidente para con base en el odio buscar más sangre. Se debería informar sobre el tema para que opine con conocimiento y no sólo con ánimo de venganza.

En el Orejón algo falló y la evaluación determinará qué fue. Lo cierto es que esta es la experiencia más audaz en la historia del Ejército y de las FARC. Supera la Operación Jaque porque requiere más valor y construye futuro.

Construir paz exige estar alerta todos los días, trabajar de manera insistente, respetando a quienes están adelantando las labores de limpieza piloto de las zonas contaminadas en esta vereda. Así lo han entendido los campesinos de esta zona de Briceño, Antioquia. Mejor que nadie ellos han sufrido el rigor de los armados, pero con entusiasmo participan del proceso. Sintieron profundamente el dolor por la muerte del soldado desminador, lo lloraron.

Lo que sigue es retomar la tarea. Cumplir la meta de desminar la zona para diciembre, avanzar en los aprendizajes, revisar los comportamientos del BIDES, sus estándares, actuar de manera más compenetrada las FARC y el Ejército. Hacer un esfuerzo mayor con Ayuda Popular Noruega (APN), para que la vida de los campesinos sea segura y podamos afirmar que estamos modelando el futuro con las manos y la inteligencia de todos como corresponde a una sociedad y a una democracia moderna.

Las FARC, y así lo hemos dicho en todos los tonos, han de saber que tienen cuatro meses para tomar las decisiones más relevantes de su historia. Las FARC han de saber que su guerra no tiene espacio para la victoria que imaginaron. Pero también, los más recalcitrantes enemigos de las FARC han de saber que los tiempos de odio y venganza podrán subsistir 10, 15, 20 años, pero no son el futuro de Colombia.

El futuro está en la certeza de que a pesar del dolor, la guerra se ha de acabar para darle paso a un interrogante más valioso que la afirmación de unas ilusiones o de unas indignas herencias de poder deslucidas por este lodazal de sangre, corrupción, abuso, exclusión e impunidad en que hemos malvivido.

La esperanza está en los millones de muchachos del país que crecen y se debaten día a día en Colombia por construir un espacio, en sus millones de familias que los desean vivos y creciendo a su lado y esa esperanza la acrecentó Wilson de Jesús Martínez en una vereda donde hay más minas antipersonal que habitantes, por allá en una montaña lejana, adelantando la operación más importante en su vida, en la historia del Ejército Nacional y de las FARC: un experimento de trabajo entre enemigos para conseguir un país donde quepamos todos.

@alvarojimenezmi
ajimillan@gmail.com
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