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Opinión

  • | 2016/05/31 12:44

    Nuevos Lenguajes generan nuevas realidades

    Ver al Centro Democrático en su campaña de “resistencia civil” produce dolor. Que afán tienen de anclar al país en el lenguaje viejo.

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Las formas y el tono de lo que se dice son tan relevantes como los contenidos. Rodrigo Londoño o Timoleón Jiménez es sugerido por asesores, empresarios, consultores, periodistas, congresistas o líderes sociales que han viajado a La Habana, como una persona afable, presto a la escucha, calmado, portador de un sentido práctico sobre la política de hoy. Como decía el senador-expresidente Uribe refiriéndose a Francisco Santos: bueno como el pan.

Y no me surge esta afirmación por ocurrencia simple. En la interlocución establecida por Timochenko con el país se eliminan señales de agresión en su lenguaje, hay nuevas maneras de decir las cosas, nuevos tonos acordes con el cierre de un ciclo de guerra doloroso y largo como el vivido por los colombianos. 

Cuando el Presidente Santos hizo público en 2011 que dio la orden de matar a Alfonso Cano, -a pesar de que ya existían intercambios entre su gobierno y el propio jefe de las FARC- . Rodrigo Londoño sucesor en el mando de esa guerrilla escribe una carta con la frase “así no es Santos, así no es”. Hay un reclamo fuerte pero tranquilo sobre el hecho y las formas de la política y la guerra. Igualmente la primera y la segunda carta dirigidas a Álvaro Uribe recientemente muestran reposo y la decisión de construir un nuevo lenguaje. Algo más diciente hoy, es la afirmación sobre el secuestro en el Catatumbo por parte del ELN: “Hoy es Salud Hernández, mañana cualquier colombiano. Esas prácticas deben terminar para siempre en Colombia. La paz impone su libertad”.

Esto es la victoria. No de Timochenko. Es la derrota del secuestro aborrecido como práctica entre los colombianos.

Una sociedad en la que el secuestro se convirtió en norma de todos los grupos armados y más allá pasando por las FARC, el ELN, los narcos, miembros de policía, del ejército, los combos de cualquier ciudad, familiares de algún adinerado, novios de niñas bien, sobrinos secuestrando tías, padres a sus hijos en fin donde todo vale, donde todo ha valido, resalta su afirmación, porque es una revolución para la historia de este país y porque es más fuerte su pronunciamiento que el de cualquiera otro frente al propio ELN.

Nuevos lenguajes se requieren para saltar a otro momento de la historia. Para construir otro país. Hay quienes deciden permanecer afirmados en su propio mundo, aferrados a lo conocido, anclados a la precariedad de la violencia con todos sus fantasmas. Ver al Centro Democrático en su campaña de “resistencia civil” produce dolor. Que afán tienen de anclar al país en el lenguaje viejo. Ver jóvenes como el senador antioqueño Alfredo Ramos teniendo como único salvavidas el pasado, da cuenta de las dificultades que tendremos para construir nuevos desarrollos. Este es un momento que se requiere la capacidad creativa de la juventud, y no el odio heredado como fórmula para enfrentar un mundo retador como el que vendrá con el fin de la guerra con las guerrillas.

Construir nuevos lenguajes es una tarea colectiva que empieza a abrirse paso mientras Uribe se aferra al horror que  estamos abandonando y con su centro democrático en coro canta al heroísmo de una guerra sin victoria distinta a su finalización. Lo que quedó claro con la prolongación de esta guerra es que nunca debió iniciarse y que la permanencia en la sociedad del lenguaje utilizado para hacer política en la Colombia de mediados del siglo XX explica su supervivencia.

@alvarojimenezmi

ajimillan@gmail.com

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