Sábado, 3 de diciembre de 2016

| 2015/10/14 11:00

¿Valle es valle, lo demás es loma?

Que no nos crean tan pendejos y que más bien se comporten como industriales serios y modernos que es lo que el país requiere para superar la inequidad y el atraso del sector agrario.

Álvaro Jiménez. Foto: Semana.com

Como reacción a la sanción impuesta por la Superintendencia de Industria y Comercio a los ingenios, a Asocaña y a directivos del sector azucarero, se viene impulsando la idea de que, “la pelea es con el valle y lo que es con el valle es conmigo”. Se argumenta desde un ataque de la empresa Nutresa del sindicato antioqueño, el supuesto odio de Juan Manuel Santos a la dirigencia vallecaucana que no quiso apoyar su reelección, hasta la necesidad de defender el empleo formal en el departamento y con ello a la industria del azúcar. Se habla de 200.000 empleos generados, cifra que no es real pues los ingenios siempre han intermediado sus empleos para evadir las responsabilidades y obligaciones de una industria moderna. A partir de estas irreflexiones se toman posiciones, se crean buenos y malos. Salvadores y demonios. Respuestas elementales a temas complejos.

En el país deberíamos ya conocer los costos de enfrentar retos complejos con respuestas elementales, pues en ello a los colombianos se nos ha ido literalmente la vida. En buena medida esa manera de enfrentar los problemas explica nuestros odios y las pasiones mezquinas que desatan algunos liderazgos para atornillarse en posiciones de privilegio.

Quienes crecimos en el Valle del Cauca sabemos de las dificultades que significó la instauración del monocultivo de la caña, la expansión de esta industria enterró la dinámica de cultivos de algodón, sorgo entre otros productos que conservaban la biodiversidad siempre positiva. Conocimos y participamos de las protestas y movilizaciones emprendidas por los corteros desde la década de los 70, cuando la huelga en el ingenio Riopaila suscito una movilización regional y nacional no vista antes; levantamos sus heridos y muertos y padecimos la orgia de represión que se adelantó en la época. Igualmente hemos seguido las recientes etapas de lucha y movilización de los trabajadores azucareros que reivindicaron la no tercerización entre otras reivindicaciones.
Desde luego conocemos la bondad y estabilidad en el ingreso que significa esta industria para miles de familias y para la región del centro sur del departamento, de manera que por más que nos quieran pintar una industria terrible, diabólica o bondadosa angelical, ‘tacan burro’. Los conocemos. Sabemos desde los 70s que esa dirigencia obsoleta, privilegiada, con mentalidad feudal, necesita un cambio generacional y de visión.

Intuyo y apuesto que poco a poco en buena parte de la nueva generación de propietarios de la industria viene gestándose la transformación que esa industria requiere. Por eso rechazo que nos mientan. Que no vengan a decirnos que con el pago de la multa se hace inviable la industria. Las familias propietarias han acumulado ese valor una y mil veces durante su existencia. Esa multa es una chichigua frente a las ganancias obtenidas. Que no se sumen a la politiquería de la derecha uribista, los senadores de la región de diferentes partidos apoyados por sindicalistas y por Robledo, para mentir diciendo que estamos ante el sacrificio de los trabajadores y los empresarios vallecaucanos. Esta industria no está siendo afectada por la decisión del superintendente sino por la realidad de economías globalizadas que determinan los negocios en el siglo XXI.
 
Hay que permitir que fluya la investigación, que usen su derecho a la apelación pero que no venga el señor Londoño Capurro a llamar a la solidaridad sindical y al obrerismo en un contrasentido que sólo entiende Jorge Robledo. A él, al senador Jorge Robledo le recuerdo los sacrificios de Zeneida Guayara, de otros líderes estudiantiles y corteros de los 70s u otros más recientes que enfrentaron la represión de los ingenios, el gobierno y el ejército por reclamar una industria moderna, justa, respetuosa de los derechos de los trabajadores y no una, que convierte un problema de control a sus actividades en uno de región, empleabilidad y movilización electorera cuando siempre han menospreciado, excluido y asesinado a aquellos sectores que hoy acuden. Que no nos crean tan pendejos y que más bien se comporten como industriales serios y modernos que es lo que el país requiere para superar la inequidad y el atraso del sector agrario.

@alvarojimenezmi
ajimillan@gmail.com

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