Lunes, 5 de diciembre de 2016

| 2016/07/26 13:11

Tres patas para la sostenibilidad

Los mecanismos institucionales siguen tratando la protesta como enemiga del estado, descalifican primero, luego amenazan para terminar en la mesa.

Álvaro Jiménez (*)

Los avances y resultados obtenidos con la mesa de conversaciones en La Habana, tienen pensando y escribiendo a muchos sobre la necesidad y oportunidad para  reconciliarnos, abandonar los odios y superar el dolor, que brinda este cierre de la guerra con las FARC y ojalá con el ELN.

Esfuerzos individuales de perdón como el de Constanza Turbay quien perdió su núcleo familiar o colectivos como el de la comunidad del municipio de Bojayá en el Chocó, por sólo mencionar estos casos, han abierto camino a expresiones que enaltecen nuestra humanidad y hacen posible construir escenarios de nación reconciliada sobre el horror de la guerra.

No se resolverá todo. No será rápida ni fácil la reconciliación pero el resultado posible es que  la siguiente generación enfrente retos distintos a la guerra y el odio y  permita que el pasado, pase sin atarles sus vidas y sus sueños.

Tendrán más futuro que este pasado del que intentamos salir.

Sin embargo debemos cambiar muchas cosas para conseguir la sostenibilidad de este esfuerzo.

Veamos lo siguiente:

La mayoría de las protestas adelantadas este año tienen más o menos el siguiente libreto: Se anuncia el paro o la movilización en medios por parte de los promotores.

El gobierno nacional inmediatamente sale a descalificar la protesta y expresa en los medios que no hay razones para el paro luego, advierte con cierta pompa (Mininterior, Policía, Mindefensa) que hay motivaciones políticas o que el movimiento está infiltrado por parte de grupos armados.

Se tensa el ambiente, los medios tratan de ser imparciales pero los domina un clima consciente o no, de apoyo a la posición del gobierno.  Hay marchas, bloqueos de vías urbanas o intermunicipales y llegan los Robocop del ESMAD a resolver.

Lo que sigue es sabido: uno, dos, tres, cinco o siete, muertos, muchos heridos, detenidos y entonces, luego del despelote viene la mesa de negociación real que tras una o dos semanas y en algunos casos, días de negociación. Aparece el acuerdo.

¿Eran necesarios los muertos? ¿A quien sirven?

Los mecanismos institucionales siguen tratando la protesta como enemiga del estado, descalifican primero, luego amenazan para terminar en la mesa.

Esta caricatura amarga del disparen primero y pregunten después, está enquistada en el alma del país, y debemos erradicarla definitivamente entre todos.

Lo anterior es aplicable a las marchas campesinas, indígenas, de los camioneros, de maestros y los conflictos por minería y petróleo. El único “paro” que curiosamente no tuvo esa lógica fue el surgido por la convocatoria de los Urabeños, Úsuga, o Clan del golfo, que no género confrontaciones con el ESMAD, la policía o el ejército.

¿Sería porque era un paro armado?

Esto tiene que cambiar.

Continuemos:

El caso conocido como los “falsos positivos” es un hecho repudiado y el propio gobierno ha expresado su decisión de enfrentar esta criminalidad.

Sin embargo, el  espíritu de cuerpo subsiste,  se traslada de una institución a otra.

El homicidio de Diego Felipe Becerra por un policía y el esfuerzo institucional por esconder la responsabilidad demuestra una prevalencia de procedimientos criminales para defenderse dentro de las estructuras armadas del Estado.  

Además de asesinarlo, de manera consciente se dieron a la tarea de encubrir el crimen mediante el montaje de un “falso positivo”.

Inventaron una operación policial inexistente, pusieron un arma en el lugar de los hechos, mintieron y criminalizaron al joven grafitero, actuando de modo tan natural que se evidencia el espíritu por encubrir ante los organismos judiciales un hecho probado.

Esto también tiene que cambiar.

Podemos observar muchas conductas institucionales que deben erradicarse para hacer sostenible lo alcanzado con el acuerdo de fin de la guerra. Pero estas dos perlas, asociadas al monstruo de la corrupción son los tres retos a superar si queremos que el país viable y en paz se haga posible.

* @alvarojimenezmi - ajimillan@gmail.com

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