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Opinión

  • | 2002/03/18 00:00

    ¿Alvaro what?

    Uribe tendrá que salir a darse a conocer internacionalmente para demostrar que esa leyenda negra que lo persigue no es más que eso: una leyenda

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Esta no es una pregunta cualquiera. Es la que en este momento todo al que le importa se hace por fuera, en el intento de averiguar quién es el desconocido que está a punto de convertirse en presidente de Colombia.

Y lo grave de la pregunta es que, mientras sigue sin ser contestada, la leyenda negra de Uribe comienza a abrirse lenta pero contundentemente paso entre varios gobiernos y medios de comunicación extranjeros, y sin que yo quiera exagerar, si no se le sale al paso a esta bola de nieve, por ahora insignificante, podríamos caer en el aislamiento internacional en el que cayó Colombia en el cuatrienio de Ernesto Samper.

¿Y quién está tan interesado en desacreditar a Uribe por fuera de Colombia? Muchos. Desde las ONG’s, las máquinas de información y desinformación más grandes del mundo, hasta la guerrilla, que alimenta a muchas de ellas, pasando por las organizaciones de derechos humanos y hasta los señores Mauss, que se mueven como peces en las aguas europeas: remember que fue en la gobernación de Alvaro Uribe cuando los Mauss fueron pescados con varios pasaportes auténticos (!!!) expedidos por la propia embajada de Alemania en Colombia, y detenidos en la cárcel de Itagüí.

Y los Mauss, como buenos espías que son, no olvidan.

Adicionalmente a esta lista, hasta uno que otro partidario de Serpa o de Noemí pueden estar sembrando la cizaña internacional en contra de Uribe: gajes de la política.

¿Síntomas de lo que se viene? Muy pocos medios de comunicación que han tenido acceso a Uribe se han ahorrado la pregunta: sus vinculaciones con el paramilitarismo.

Hace dos semanas el periódico suizo Welt Woche le auguraba a Colombia tiempos difíciles bajo el próximo gobierno de ultraderecha. Pero el récord se lo gana por ahora la revista Newsweek, que la semana pasada visitó a Uribe en la sede su campaña con un cuestionario que, en las propias palabras del candidato, “me hizo salir de los chiros”. Lo primero que le preguntaron era si cuando vendía bananas recubiertas de chocolate con nueces en sus épocas universitarias estaba financiado por Jorge Luis Ochoa. Después le preguntaron si él era responsable de las amenazas contra la vida del periodista Gonzalo Guillén, hoy en el exilio. Después entraron directo al tema paramilitar. Uribe se levantó furioso alegando que le estaban faltando al respeto y la entrevista quedó trunca. Pero el caso, indudablemente, se repetirá.

Otro síntoma es que desde la semana pasada, los medios gringos ya no hablan del “independent candidate from Colombia” (el candidato independiente de Colombia), sino del “right-wing candidate”, que es como los gringos se refieren a un candidato que ellos consideran de extrema derecha.

Nadie se atrevería a poner en duda lo vital que le resulta a un presidente colombiano la cosa internacional para gobernar. Más que nunca ahora, cuando estamos a punto de que Estados Unidos acepte que su ayuda se extienda a la lucha frontal contra la guerrilla. Que acusaciones movidas desde la sombra por las ONG y los Vivancos que las prohíjan —que ya también está hablando pestes de Uribe— le volteen el ambiente internacional al próximo presidente de Colombia es peligrosísimo.

Así como se le enfrentó a nivel interno a las acusaciones de ese ‘moscorrofio’ que cada domingo desde su columna en El Espectador deposita su larva en algún cadáver o algún estiercolero, que acusó al padre de Uribe de extraditable y al propio Uribe de narcopolítico, así debe enfrentar ya, inmediatamente, los brotes del descrédito internacional que vienen creciendo en la oscuridad.

Para ello Uribe tendrá que sacudirse cuanto antes esa parte parroquiana de su personalidad y salir a darse a conocer en los medios internacionales, viajar a Estados Unidos y a Europa, cultivar los contactos que dejó hechos este gobierno y demostrar que esa leyenda negra que lo persigue no es más que eso: una leyenda.

La última vez que Uribe estuvo en Estados Unidos iba de tercero en las encuestas. Se le está haciendo tarde para volver como candidato ganador, y dejarse asesorar por el embajador Luis Alberto Moreno, que hábilmente se ha encrustado en los más eficientes círculos del poder en Washington. (Dicen que, a propósito de su exitosísima gestión, Uribe no descarta confirmar a Moreno en su cargo. “¡Two thumbs up!”).

Si Uribe no se afana por tomar el toro por los cuernos en el tema internacional, incluidas las relaciones con los gobiernos clave del planeta y su acercamiento a los medios extranjeros, estará exponiendo a Colombia a que en el próximo cuatrienio las relaciones del país con el resto del mundo funcionen... al vaivén de los chismes.
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