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Opinión

  • | 2013/10/26 01:00

    Amenazas

    Yo no sé si el alcalde es abstemio y el periodista no, o al revés. pero eso no tiene nada que ver. Sí lo tiene que hace quince días unos sicarios tumbaron a patadas la puerta del periodista

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De lo del Gobernador de La Guajira sabe el país entero, porque al respecto han informado la televisión, la radio y toda la prensa escrita nacional. Y toda esta publicidad, más su detención precautelativa, pueden servir de protección para los amenazados por él. 

Tardíamente, en el caso de los asesinatos cuya responsabilidad intelectual se le achaca al político; pero a tiempo en lo que toca a los periodistas que se han hecho eco de esas acusaciones (Gonzalo Guillén, Claudia López, León Valencia), quienes, sin embargo, han tenido que salir del país ante las eufemísticamente llamadas “advertencias”. Aquí matan.

Pero hay otros casos menos sonados. Pienso en el de Renson Said, el columnista sin miedo del diario La Opinión de Cúcuta. Renson Said Sepúlveda lleva años denunciando los malos manejos de la clase dirigente de su ciudad, en la Alcaldía, en la Gobernación, en la universidad. Y, peor todavía, burlándose de ella. Y otros tantos años lleva recibiendo insultos y amenazas, y denuncias civiles y penales, y supongo que también militares y eclesiásticas. Nunca ha tenido que rectificar nada de lo que ha escrito, porque todo ha sido cierto. 

Una vez un poeta ofendido lo quiso hacer meter preso por calumnia y cobrarle una indemnización multimillonaria por haber criticado sus versos, diciendo que eran malos. Y hasta los jueces se dieron cuenta, no solo de que los versos del demandante eran malos, sino de que la crítica literaria no es un delito. Salió libre. 

Otra vez, en la calle, le dispararon un tiro con una pistola de fogueo, para amedrentarlo. Otra vez más se le acercó un tipo para decirle que entre amigos habían hecho una apuesta sobre cuántos días le quedaban antes de que lo mataran. Y así. Así viven en la provincia colombiana –en Cúcuta, en Pereira, en Ibagué, en Neiva, en Valledupar– los periodistas valientes. Porque en Bogotá es más fácil. Un par de veces yo he tenido que salir del país por amenazas. Por advertencias. Aquí matan. 

Pero en provincia matan más, y más impunemente. (Aunque al muerto, la verdad, qué más le da...). En los últimos meses, con talento y con valor, que son los requisitos indispensables de un columnista, Renson Said había atacado con frecuencia al alcalde de Cúcuta, Donamaris Ramírez París-Lobo, por esto y por lo otro y por lo de más allá: porque lo consideraba inhabilitado para el cargo por razón de parentesco, por compra de votos, por sus incumplidas promesas electorales, por haber pintado de blanco una camioneta de la Alcaldía que era gris. Y preguntaba: “¿Por qué es alcalde?”. 

El alcalde Ramírez, indignado por las denuncias y las burlas, respondió haciendo publicar en La Opinión una carta en la que, tras afirmar que “lejos (de él) usar el poder para censurar la crítica”, denuncia a Renson Said Sepúlveda por su “disipada vida” de “alteración mental producida por el consumo de alcohol y/o de sustancias alucinógenas”. Y “reta” al periodista a que ambos se sometan “a las pruebas toxicológicas disponibles para determinar así cuál de los dos lleva una vida turbia y disipada”.

Yo no sé si el alcalde es abstemio y el periodista no, o al revés. Pero eso no tiene nada que ver. Sí tiene que ver, en cambio, el que hace unos quince días unos sicarios tumbaron a patadas la puerta del apartamento del periodista para orinarse en sus libros. Como advertencia de lo que pueden hacer. Como simple advertencia.

Renson Said dice que él no acusa del atropello ni al alcalde ni a nadie: no tiene pruebas. Dice que pudo ser cualquiera. “Al frente de mi apartamento queda la catedral, al lado, la alcaldía. En el primer piso queda el negocio del papá del concejal X, y a la izquierda quedan los bancos. Y yo he escrito contra la Iglesia, contra el alcalde y contra el concejal. Y además les debo plata a los bancos”.
Pero bueno, a ver: es que habiéndose echado encima a semejantes enemigos ¿qué pretende el periodista?

Pues pretende lo que en cualquier país civilizado se da por hecho: que se respete el derecho a la libertad de denuncia, de crítica y de opinión. Yo, desde aquí, pretendo lo mismo. Y creo que en eso estamos de acuerdo todos –o bueno: casi todos– los periodistas. El que no esté de acuerdo, que lo diga.
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