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Opinión

  • | 2011/09/16 00:00

    Amor y amistad platónicos

    Este discurrir tiene que ver con la obra filosófica de Platón, sobre la divina locura del amor.

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Aunque sólo se trata de una estrategia comercial, quienes están ligados por el afecto esperan en estos días de septiembre, del otro o de la otra, aunque sea una palabra como testimonio de amor o de amistad. Esta nota no se refiere a aquello que el común de la gente piensa que es el “amor platónico”: un sentimiento impoluto, etéreo o utópico. Lo que en tertulias y conversaciones coloquiales se tiene por amor platónico no se lo inventó Platón, ni es un amor desprovisto de sexualidad. El concepto amor platónico lo creó Marsilio Ficino en su obra Convivium, como un homenaje al Banquete de Platón, y es el amor que encuentra en el cuerpo y en la relación humana un camino hacia la felicidad. Este discurrir, tiene que ver con la obra filosófica de Platón, sobre la divina locura del amor.

El amor es una de las grandes motivaciones del ser humano. Comprende una amplia gama de afecciones del alma que hombres y mujeres han experimentado en el curso de la historia. Dentro de la extensa constelación de variables de esta motivación encontramos desde el hombre que ama a su pareja, a sus allegados, a las personas más cercanas, hasta aquel que sin esperar nada a cambio, se entrega al servicio de la sociedad y, de manera especial, a compartir las dificultades de los más necesitados, así como el religioso y el místico, que aman aun lo desconocido. Para el hombre impulsado por esta motivación, el motor más poderoso que genera acción hacia algún puerto es el amor. Tres de sus treinta y seis obras las dedicó Platón a temas relacionados con el amor y la amistad: Banquete, Fedro y Lisis. Todo el Banquete y la primera parte de Fedro versan sobre eros, y todo el diálogo Lisis está dedicado a la amistad. En estos tres diálogos, el pensador ateniense trata las tres clases de amor, que en su concepto, existen: ágape, philia y eros.

El ágape es el amor obsequioso, ferviente, de desprendimiento y entrega. Es la forma más pura de amor, en cuanto a su contenido de valores y significados. En éste, el agente aparece con una desinteresada tendencia a servir al prójimo. El amor es, por tanto, entrega a los demás. El hombre se supera a sí mismo, transciende su propia manera de ser, y desaparece el egoísmo: Francisco de Asís y Teresa de Calcuta, son los ejemplos más auténticos. Philia, es el amor personal a los semejantes, a los que pertenecen al mismo grupo. Es propiamente la amistad en sus más diversos matices, y tiene su nicho en las diferentes agrupaciones sociales: en la familia, en los grupos de jóvenes, en los gremios profesionales, en los sindicatos, en los círculos intelectuales, entre médico y paciente, etc. Aquí surgen las grandes e imperecederas amistades.

Y eros, es el amor a la belleza. El amor en esta modalidad, es sentimiento, pasión, celos, egoísmo, odio y sufrimiento a la vez. Según Platón, hay dos clases de eros. El uno es el amor a la belleza, al bien, a la sabiduría. El otro es vulgar, ordinario: es el simple amor sexual o al cuerpo, el amor sin búsqueda, sin selección, el mero azar. “No todo amor –dice Platón– ni todo eros es hermoso ni digno de ser alabado, sino el que nos induce a amar bellamente. El amor derivado de Afrodita es, en verdad, vulgar”.

En medio de esos dos polos de eros, el bello y el vulgar, definidos por Platón, ha girado la motivación del amor, con el predominio borrascoso y arrasador del eros de la pasión y del odio, si se toman como guías la observación cotidiana y el examen de la historia, la literatura y el cine. En efecto, no hay un sentimiento ni una pasión ni una ambición que haya inspirado más poetas y cantores, que haya llenado más teatros y cárceles, que haya arruinado fortunas más grandes y numerosas, ni haya enloquecido más hombres y mujeres, que el amor. Una persona así motivada, si pierde el amor sólo le queda la muerte, o quizá la poesía y la pintura para cantar y plasmar todo su dolor y sufrimiento.

* Rafael A. Ballén Molina es doctor en Derecho Público por la Universidad de Zaragoza (España) y director de la línea de Investigación Teoría Política y Constitucional y del Grupo de Investigación Hombre-Sociedad-Estado de la Universidad Libre de Colombia.

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