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Opinión

  • | 2016/05/16 09:45

    Dejemos la paranoia

    Los acuerdos de paz deben blindarse, y la chapa de la cerradura es constitucional.

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¡Qué señor avispero levantó el anuncio de las medidas de blindaje al proceso de paz! Rayos y centellas se levantaron en los medios y en las redes, en reacciones más viscerales y desconcertadas que basadas en el análisis porque, la verdad sea dicha, la filigrana legislativa y constitucional que ahí se teje es tan intrincada que, ante lo que no se entiende, parece que mejor resulta de antemano oponerse.

Aunque no soy abogada, lo que veo de entrada en este acuerdo para blindar el Acuerdo Final, me parece sensato. Pensemos, de entrada, que hace un año el fantasma que rondaba era el escenario de una Asamblea Constituyente, ¿recuerdan? La sola idea a muchos nos crispaba, porque si los constituyentes eran elegidos, bajo el régimen electoral actual, íbamos a entregar nuestro marco constitucional a manos de los Musas y los Names, del Centro Democrático y de unos cuantos guerrilleros que bajo jurisdicción especial se iban a hacer a sus curules para revolver toda nuestra institucionalidad, para manosear los derechos alcanzados en la Constitución del 91 a su albedrío. Espeluznante, ¿no?

Que tal vez no iba a ser una Constituyente elegida, sino nombrada. A ver. Nuestra Constitución fue redactada por un grupo elegido por votación popular, no podíamos ceder ante semejante despropósito de pensar que los parámetros de la democracia se definieran en estándares reducidos, por personas definidas a dedo. ¿A dedo de quién? ¿De las Farc y del gobierno? No, gracias.

Pero los acuerdos de paz deben blindarse, y la chapa de la cerradura es constitucional. No tenemos escapatoria porque desconfiamos unos de otros, razones hay de más para ser prevenido porque ganas de ponerle conejo al acuerdo puede haber de aquí y de allá, y no se puede dejar al capricho de un gobierno o un congreso lo que se pacta en una mesa de negociación. Porque si existe mesa, es justamente porque ni el gobierno ni el congreso lograron en décadas ponerle un final a la guerra. Por eso entregamos nuestra confianza a un grupo negociador, a unos asesores de alto nivel internacional y a una metodología de trabajo que lleva 3 años y 8 meses buscando acuerdos, y alcanzándolos.

El famoso “bloque de constitucionalidad” levantó más ronchas que ningún otro anuncio anterior. Tienen razón los que opinan que el santanderismo colombiano es tan latente, que hasta las Farc resultaron leguleyas. Y sí, así somos. Ya lo vimos en el intrincado acuerdo de justicia transicional, una fórmula compleja que conseguirá impartir justicia para las miles de víctimas del conflicto colombiano. Yo me pregunto, considerando la complejidad institucional y jurídica colombiana, si existía otro camino; y evalúo a ojo de buen cubero el “trauma” que tal acuerdo trae para la vigencia de la Constitución, y francamente no lo veo.

De entrada, ganamos porque la Constitución no está siendo reformada; el bloque es como un “añadido”, si se me permite la expresión, pero no es reformatorio. Lo que este “bloque” permite es que toda norma legal o de implementación de los acuerdos, corresponda con un marco firmado en la Mesa, que va a ser votado por el Congreso y tendrá control de constitucionalidad por la Corte.

Yo me pregunto, ¿no es eso sano? Yo confío en la sensatez a toda prueba de Humberto De la Calle y en el nivel técnico de los asesores que debieron devanarse la cabeza para encontrar una salida jurídica que no rompiera con nuestro marco regulatorio.

¡Que les estamos entregando todo a las Farc, a cambio de nada! Dijo mi senadora favorita, y creo que se equivoca. ¿Qué se le puede pedir a cambio a la guerrilla, cuando de lo que se trata es de crear unas condiciones de institucionalidad particulares, en razón del logro de la paz, lo cual es un campo de juego que nos compete absolutamente a nosotros, los de acá, los que hemos sostenido la vigencia de la Constitución y la democracia? Creo, por el contrario, que es una enorme ganancia para todos que después de la negociación, sigamos con nuestra institucionalidad intacta.

¡Que es una burla al Congreso, ponerlo de Notario de un acuerdo que no ha pactado! A ver, si no es así, ¿entregarían a este Congreso la elaboración, debate y aprobación de los Acuerdos? En serio, ¿creen que en un proceso legislativo “ordinario”, entre los vagabundos de la resistencia civil y los vagos de pacotilla enmermelada tendríamos un acuerdo de paz para acabar con esa sigla infame que lleva 60 años matando colombianos?

Un poco menos de paranoia, y un llamado a la sensatez. Yo creo firmemente que hay que tenerle más miedo a la guerra que a la paz, dejemos de ponerle escudos a las rutas excepcionales que nos saquen de este embrollo. Porque, repito, a pesar de todas las críticas que escucho, sigo creyendo que lo acordado es ganancia.

@anaruizpe

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