Sábado, 3 de diciembre de 2016

| 2016/08/01 23:47

La perversión de las mentiras

A los que se oponían al proceso de paz con las FARC no les quedó más que aceptar que esto ya no tiene reversa y hacer campaña por el ‘No’, o por la abstención.

Ana María Ruíz Perea (*)

Y está bien que lo hagan, pero que argumenten las razones por las que se oponen a este pacto de paz. Debe haber algún uribista sensato que pueda explicarle a la gente el porqué de su postura, pero la verdad es que no se le ve por ninguna parte. Al ‘No’ no se le escuchan argumentos de peso, solo mentiras ramplonas y de a peso.

Como no tienen más a qué apelar, juegan al susto. Buuu llegó el coco: la dignidad nacional se está cayendo en pedazos, este acuerdo con las FARC nos manda de culo para el estanco, estamos peor que Venezuela, nos van a llenar las calles de hampones. Y por supuesto, todo es una farsa: la justicia transicional, la reconciliación, el plebiscito, las firmas y hasta el balígrafo. Las redes y los chats son una pocilga de embustes, por donde son capaces de decir que Timochenko iba a presidir el desfile del 20 de julio, o de mostrar a Juanes con una camiseta falsa por el ‘No’, montajes burdos que les sacan el tiro por la culata: Juanes, al desmentirlos, es la voz más de un personaje reconocido que se suma al ‘Sí’. Ya lo hicieron antes con Antanas Mockus, qué atrevimiento el de esa gente, qué irrespeto y qué torpeza.

Da igual que sea un meme que llegó al chat, o una entrevista en televisión internacional, los del ‘No’ además de mentir sin pudor, lo hacen desde la posición de quien se las sabe todas, como el putas de Aguadas: no seas ingenuo, ponete chacho, qué te vas a creer que semejante destino de odio de este país lo vamos a superar así de fácil, ¡no señor! aquí seguimos al frente del cañón, desconfiando que es lo que toca, para defendernos todos de la chusma que se nos viene. Hay que oponerse porque eso no trae nada bueno, no vamos a tragar entero la entrega del país al castrochavismo.

Pero lo cierto es que una vez se su surta el protocolo de la firma final, se cierra la etapa del nada está acordado hasta que todo esté acordado, y todo comenzará a suceder. Las concentraciones veredales y la entrega de las armas a las Naciones Unidas; el plebiscito que legitima la voluntad de pasar la página de esta guerra; la operación del tribunal de justicia transicional; la reintegración a la sociedad de, se calcula, unas 15 mil personas entre guerrilleros y milicianos.

Pasando el proceso complejo que se avecina, lo que van a quedar son esas miles de personas que un día dejarán de estar armadas, para ser familias que se forman y sustentos que se rebuscan. Unos miles más que van a ser parte de los que poblamos este país lleno de incoherencias, inoperancias y corrupción; una nación en construcción a la que tanto le luciría dejar de matarse a ver si así es capaz de reconocerse en su grandeza.

¡Qué vamos a hacer con todos esos delincuentes sueltos!, se santiguan en las redes. Por favor, un poquito de foco: en Colombia hay más de 50 mil personas reintegradas a la sociedad después de haber portado un arma en nombre de alguna causa; están en las ciudades y los campos. De esas personas que desertaron o hicieron parte de procesos de paz anteriores, algunas volvieron a la vida violenta por vía de la delincuencia, los ex paras que se volvieron bacrim, por ejemplo, hampones netos. Pero ahí si, los uribistas calladitos.

Los que lleguen del monte serán unas 7 u 8 mil personas que van a tomar, o a retomar, la vida de civil en la que la cédula es la única arma, paciencia aparte, para enfrentar al Estado que se niega a garantizarle los derechos a la gente. Son menos de la quinta parte de todos los que ya están por ahí haciéndose a una vida común, de civil, después de haber pasado años y años ejerciendo la ley del fusil.

Así que por el lado de los números, señores del ‘No’ mezquino y rabón, bájenle a la ramplonería en las mentiras, porque en este país tenemos una considerable cantidad de personas reinsertadas, desmovilizadas o reintegradas, como se les quiera llamar, que ya están viviendo como la inmensa mayoría de colombianos, en la lucha por diaria por el pan y la vida, sin armas encima.

Es fácil mantener incubados los odios heredados de generaciones, esos que hicieron de ésta una guerra que parecía estar dispuesta para la perpetuidad. Pero cuánto daño hace.

*@anaruizpe

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