Martes, 6 de diciembre de 2016

| 2016/05/11 16:14

Desacralizar la maternidad

Tal vez el acto de mayor valentía y responsabilidad de una mujer, sea permitir que se forme dentro de sí un ser humano; debería ser el acto más libre de la existencia, porque es la decisión de trascender.

Ana María Ruiz P.

Por siglos nos dijeron que la maternidad era una bendición y en razón de ella, cualquier sacrificio resultaba válido, indispensable para la sociedad y mandato de los cielos. Y a la maternidad, que vista así es un designio y no una opción, se le atribuyeron de paso las funciones de cuidado del hogar y de los hijos, mientras el hombre tenía a su cargo conseguir el alimento para la familia.

Muchas cosas han cambiado en los últimos siglos, porque además de seguir siendo la responsable del cuidado de todos, la mujer se convirtió también en la que lleva el sustento a la casa. Estamos construyendo la historia sobre la espalda de millones de mujeres, heroínas que transitan solas por calles y veredas, llevando el peso de la crianza de los hijos, cuando no el de la familia ampliada.

La solvencia en el desempeño laboral y profesional de las mujeres en todos los campos está comprobada, pero seguimos esperando la demostración de que los hombres masivamente se muevan con la misma destreza en las labores domésticas y de crianza como rutina diaria. Tan importante para la sociedad resultan una función como la otra; pero pocos hombres lo asumen y hay que decir que muchos de los que lo hacen, se desempeñan estupendamente bien.

No existe pues ningún designio divino para la asignación de roles. La razón por la que las mujeres hemos sido mejores para ver por la casa, criar a los hijos y atender a los enfermos, es porque les llevamos a los hombres siglos de práctica incrustada. No es tengamos un gen, o hayamos recibido una orden del cielo, que nos obligue a ser las únicas a cargo de todos en razón a ser la madre, o la que hace sus veces.

Eso lo tienen claro la ciencia y los derechos, que no aceptan más mandato que la evidencia. No se elaboran hipótesis ni se redactan sentencias a la luz de la divinidad; ni se espera que los jueces, los científicos o los médicos crean que  su oficio es interpretar órdenes extrasensoriales.

Tal vez el acto de mayor valentía y responsabilidad de una mujer, sea permitir que se forme dentro de sí un ser humano; debería ser el acto más libre de la existencia, porque es la decisión de trascender. Pero no. Cuántas mujeres se ven todos los días enfrentadas al dolor de criar al acecho del hambre, del abandono y el futuro incierto, porque “así lo quiso Dios” y porque “tocó”. Qué fácil nos saltan las acusaciones inquisidoras contra las madres de los hijos de la calle, contra las maltratadoras, cuando no se ha hecho nada para prevenir la ocurrencia de miles y miles de embarazos no deseados; sin ir más allá, está comprobado que la vía más expedita para la reproducción de la pobreza es el embarazo adolescente. Esa matriz está en nuestro drama nacional pero aun así, algunos muy contentos, insisten en que las mujeres debemos ser obligadas a la “bendición” de la maternidad .

Gobierno tras gobierno los funcionarios se hacen los desentendidos del asunto. Cuando una corte u otra instancia internacional les jala las orejas, sacan una campaña publicitaria sin vocación de permanencia ni pretensión de proceso pedagógico, como para que no digan que no se hizo, y con eso se lavan las manos. Lo increíble es que entrado el siglo XXI en el Estado se siga creyendo que pedagogía es hacer publicidad, y no se dimensionen el impacto social y económico de adelantar acciones contundentes en materia de salud sexual y reproductiva.

Este país necesita mujeres, madres y no madres, en la plenitud de sus capacidades físicas y mentales, orgullosas y comprometidas con el futuro, no subyugadas, agobiadas ni mucho menos perseguidas por decidir sobre su vida. Cuando el 10 de mayo celebramos los 10 años de la despenalización del aborto en Colombia, es porque por primera vez se reconoció la importancia de que la mujer sea libre para decidir su maternidad y no pueda ser obligada a avanzar con un embarazo que la pone en riesgo. Celebramos porque la Sentencia C-355 de la Corte Constitucional decidió por primera vez sobre la evidencia del drama de muchísimas mujeres, y no con base en supuestos designios divinos de la maternidad. Celebramos porque hace 10 años se cambió el tabú, el pecado y el delito del aborto, por un derecho de las mujeres.

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