Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

Opinión

  • | 2016/06/05 21:23

    Aplomo, no a plomo

    Lo que este paro tiene que decir, y la manera como se negocie, van a señalar la manera como comenzar a reconstruir tejidos rotos con la Colombia que la guerra y la exclusión tanto han apaleado.

COMPARTIR

En el minuto siete del partido inaugural de la Copa América, Cristian Zapata ejecutó un movimiento de laboratorio para romper con un taponazo perfecto la valla de Estados Unidos y anotar así su primer gol con la selección Colombia. En ese momento Padilla, el municipio del Norte del Cauca donde nació, estalló en gritos, risas, y llantos emocionados. Un compañero de escuela de Cristian, digamos que se llama Manuel, no pudo estar ahí aunque había alistado el televisor, el equipo de sonido y las cervezas, porque sabía que el viernes 3 jugaba la selección de Zapatica, el mompa.

El partido lo cogió en Popayán, en contra de su voluntad. Vio el gol sentado en la sala de una casa ajena, en una ciudad atemorizada y en ley seca, sin gasolina para transitar y sin algunos productos en las tiendas, en el quinto día consecutivo de cierre total de la carretera Panamericana. Se resignó a no llegar ni a la raspa de la fiesta en Padilla.

En Popayán la vida cotidiana entra a un paréntesis cuando los indígenas, los afros y/o los campesinos se toman la Panamericana, paréntesis que nunca se sabe cuándo cierra porque ha durado desde 3 días hasta casi un mes. Esta semana de nuevo como tantas veces desde hace tantos años, la anormalidad camina por las calles de la ciudad, las cosas comienzan a fallar, como cuando una máquina o un órgano del cuerpo no recibe los elementos que impulsan su latido; no llegan ni salen los insumos de los negocios, las brigadas de salud, el repuesto del carro, el matrimonio del hermano, el regreso de vacaciones, la asistencia a clase, la encomienda de la tía, los participantes al seminario, el brindis por un gol.

Cuando escribo esto, el paro agrario nacional completó cinco días de movilizaciones. Se encuentran bloqueados totalmente, o con paso restringido, más de 30 puntos en carreteras de 9 regiones del país, y van sumando. Hasta el momento queda un saldo trágico de 3 indígenas muertos, 2 de ellos en el Norte del Cauca, y más de 150 personas heridas.

La mesa de negociación del gobierno nacional con el paro está en el resguardo La María, 50 kilómetros al norte de Popayán. Ahí el gobierno no pone en tela de juicio, al menos públicamente, la legitimidad de los motivos para protestar; admite de entrada su mea culpa por el incumplimiento de los compromisos firmados en el paro agrario de 2013. Los motivos para la protesta están latentes para cualquiera que se asome a ver la rudeza de la subsistencia en el campo, la falta de vías, de créditos, de distritos de riego, de comercialización; y la abundancia de bandas armadas que brotan como monte, donde se arranca una brota la otra, ejerciendo dominio sobre la vida y la tierra de los pobladores de los campos. Todas las condiciones para la inequidad lacerante se perpetúan.

Estúpido el colombiano que no reconozca la necesidad perentoria de romper con la dinámica excluyente y clasista del país, que ha condenado a los pobladores del campo a la pobreza como si se tratara de un mandato divino, como si trabajar produciendo comida fuera condición de inequidad eterna. Si es que nos queremos llamar Estado Social de Derecho, saldar la deuda con el campo colombiano es un imperativo, máxime cuando estamos a punto de firmar el acuerdo de paz con la guerrilla campesina más antigua del mundo.

Por eso, es indispensable andar con pies de plomo, con aplomo, no a plomo. Les falta aplomo al gobierno cuando manda al Esmad y su escolta militar a despejar a la brava, y a los manifestantes cuando queman vehículos, destrozan obras de infraestructura y agreden a la prensa. Falta aplomo, y sobra plomo.

Lo que este paro tiene que decir, y la manera como se negocie, van a señalar la manera como comenzar a reconstruir tejidos rotos con la Colombia que la guerra y la exclusión tanto han apaleado. El posconflicto que se avecina está llamado a cerrar seriamente la brecha con el campo colombiano, eso está claro desde el primer punto de los acuerdos de La Habana.

Menos mal a la cabeza de los negociadores del paro está Rafael Pardo, quien a estas alturas ya debe haber perdido la cuenta de cuántos paros ha negociado en el Cauca; que si la opción fuera el Ministro de Agricultura, de esa tierra y con rabo de paja, apague y vámonos.

Se necesita aplomo, de todo lado. Respeto por los derechos de quien protesta, y los de quien no lo hace. Todos somos víctimas a diario de la inoperancia, la corrupción y la indolencia del Estado, campesinos como oficinistas, indígenas, empresarios y turistas. La antigüedad de los reclamos de unos no puede condenar a los otros a perder, generación tras generación, el derecho a la libre movilización, a la tranquilidad de moverse por donde le venga en gana.

Manuel tenía que haber visto el gol de Zapata en su casa de Padilla, y gritarlo hasta quedar ronco abrazando a los amigos, pero esta noche se acostó a dormir más emputado que James con su hombro. Alguien que no es su enemigo le arrebató un instante de felicidad irrepetible.

@anaruizpe

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 1830

PORTADA

En la cuerda floja

La economía avanza a paso muy lento. Se necesita con urgencia un estartazo, pero el desánimo y el pesimismo limitan las posibilidades de una recuperación.