Domingo, 4 de diciembre de 2016

| 2016/03/21 17:10

Abuelito dime tú

Lo desastroso es que todavía exista gente que cree que la política se hereda como si se tratara un bien inmueble.

Ana María Ruiz Perea.

Los delfines son una especie humana que se reproduce en condiciones de poder político. Aunque los ejemplares más grandes de la especie se procrean a 2600 metros sobre el nivel del mar, donde aprenden a gatear sobre las alfombras del Palacio Presidencial, está ampliamente documentada su presencia en la totalidad de los municipios del país.

Suele llamarse delfín a quien hereda las huestes políticas de sus progenitores, por lo general, del padre. Se cuentan por miles en los cuerpos colegiados y la administración pública. “Es que nació con la misma vena política”, dicen orgullosos los padres de criaturas a las que forman para aprender el tono de la voz del mandamás y la actitud de superioridad de quien se sabe dueño de una cuota de privilegio entre sus congéneres. Le asignan su destino desde el primer tetero, en el suspiro de quienes se creen parte de una monarquía.

¿Cuántas generaciones dura el delfinazgo? Como las estirpes destinadas a cien años, hasta que nace el de cola de puerco. ¿Cómo aparece? Cuando circula por las ramas de una genealogía la savia del poder ¿Cuándo aparece? Cuando se pone en ejercicio un designio político de cuna ¿Qué hace a un descendiente ser delfín? Obtener beneficio político personal de su antepasado.

Así como algún día aparecen, alrededor de un poderoso, las castas políticas también se acaban cuando la gente toma otros destinos. Por ejemplo, en el caso de los Marianos Ospina, que fueron presidentes padre, hijo y nieto, los herederos tuvieron otras apetencias y para bien de todos y mal de ellos, se metieron en negocios con traquetos en lugar de llegar al siglo XXI forcejeando por tres lentejas de poder desde la alcurnia conservadora de sus ancestros. Ese linaje político se terminó.

Lo triste es que sigamos reproduciendo y aupando los delfinazgos en las urnas, y que permitamos que surjan nuevos a partir de cada líder político actual, de cualquier partido. Lo desastroso es que todavía exista gente que cree que la política se hereda como si se tratara un bien inmueble. Y así como nacen hijos que con los votos bajo el brazo, hay nietos que, solos o en gavilla, seguimos alimentando con la teta del Estado.

Como los Moreno Rojas, los vástagos votados desde chiquitos que terminaron con la saga caudillista y populista del general por superar los límites tolerables de la corrupción, en este país donde el abuelo de Miguel Uribe Turbay nos enseñó que la corruptela debe mantenerse en sus justas proporciones. O como el mismo Presidente Santos, sobrino nieto de Eduardo, y su primo Pacho. La Canciller Holguín también replica un designio heredado de ancestros poderosos especializados en tratados de mares. O Paloma, que desde el congreso parece repetir los discursos incendiarios de su abolengo que reducen los problemas del país a la supuesta falta de garantías políticas para la oposición.

Y así, la cuenta se hace interminable. En el camino plagado de herederos, se abre paso desde su potente voz de mando, otro elegido de su abuelo. Germán Vargas Lleras desde 1981 recorre el país creando la fuerza que lo lleve hasta la presidencia. Y tras él, la gavilla: sus hermanos que como satélites revolotean alrededor del fuego del poder. La dinastía de los Vargas Lleras trasciende la búsqueda de la presidencia y se aferra a los negocios privados con el Estado como lapa.

Es cierto que cada quien tiene derecho a escoger su profesión, pero qué casualidad que de la misma línea familiar donde hay un político avezado se desprendan altos directivos interesados en la venta de activos de la energía y abogados encargados de defender a las empresas desfalcadoras de la salud.

Cargamos como un lastre las secuelas de arbitrariedad que la historia nos depara. Pero me niego a creer que así como unos reciben el toque de varita de ser elegido para la posteridad política, el resto de los colombianos estemos condenados a subsidiarlos. ¿Hasta cuándo nos toca seguir alimentando a estos nietos del poder?

*@anaruizpe

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.