Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2016/08/08 09:45

El problema no es la cárcel

Las cárceles, tal como las conocemos en Colombia, representan el último círculo de la degradación a la que un ser humano llega de la mano del Estado.

Ana María Ruiz Perea.

En ningún lugar se viven de manera más patética la indignidad y la desigualdad, detrás de los muros duerme, come y sobrevive el que paga por el colchón, el alimento y la seguridad; los demás mueren de a poco en el infierno del hacinamiento y la corrupción de los guardias.

Este es un problema mayor. El hacinamiento en las cárceles colombianas es del 55%, y por cada nuevo cupo llegan 3 nuevos reclusos, en su mayoría sindicados que esperan día tras día que la voz de la justicia los condene o absuelva. En las narices de la guardia corrupta del Inpec se pican cadáveres, se cometen extorsiones y se consume droga; todo el día, todos los días. Las demandas contra el Inpec son un grifo por donde se escapan millones de millones de pesos del Estado, que ha sido absolutamente incapaz de cerrar la llave de la podredumbre carcelaria.

Los ministros de justicia se devanan los sesos buscando una salida al problema. El Estado no tiene con qué construir nuevas penitenciarías ni cómo parar la descomposición del sistema. Y cuando se inventa una manera de meterle el diente al tema, nadie quiere una cárcel en su municipio.

Las mega cárceles, penales que albergan más de 3 mil reos, siguen siendo proyectos que se pelotean de un lugar a otro porque ningún alcalde y ninguna ciudad quiere que le pongan un penal en el patio. Sucedió en Yopal, sucedió en Pereira: se opusieron absolutamente a construir mega cárceles nacionales en su territorio.

@anaruizpe.

Ahora el turno es para Popayán. El Ministerio de Justicia volvió a anunciar que va a construir una mega cárcel en sus predios y de la Alcaldía para abajo todo el mundo saltó. Qué tan bueno fuera que del gobierno nacional llegaran recursos para el desarrollo de la ciudad, y no para aumentar sus problemas.

Y tienen razón, si imaginamos que la cárcel que se piensa construir es un San Isidro 2.0: más hacinamiento, corrupción y muerte. Y tras la cárcel, la ola de gente que llega, las familias de los reos y de los guardias, los negocios informales, los delincuentes sueltos que trabajan con los delincuentes presos.

El Ministerio de Justicia solo anuncia pero no aclara suficientemente las condiciones de la obra. Se trata de 4 mega cárceles en el país que se construyen y operan en Asociación Público-Privada –APP, que es la misma figura de la concesión vial, para ver si así desactiva la bomba de tiempo que palpita apretujada tras las rejas.

Ya hay algunas cárceles que operan bajo ese modelo, la Distrital de Bogotá es un ejemplo. Me dicen – no he ido – que es un penal que se acerca a como deberían ser todos, humano. El problema no es la cárcel, dicen en Popayán. Es lo que la ronda.

Hace 34 años llegó la primera gran ola migratoria a la ciudad, después del terremoto. De ahí para acá las mareas han crecido y decrecido según arreciaron los combates y las masacres en las montañas del Cauca, pero nunca han cesado. Popayán no ha podido dar respuesta a las demandas de la gente que la habita, tiene rezagos dramáticos para su desarrollo como la falta de relleno sanitario o la tasa de desempleo que no parece tener por donde mermar.

Con el callar de los fusiles en las montañas, la ciudad bien se merece tomar un respiro para planear su destino a largo plazo, definir su vocación productiva, y estabilizar las condiciones básicas para todos sus habitantes. Tiene que hacerlo y es el momento propicio, si no va a perder pronto y para siempre su patrimonio.

Ni siquiera sabiendo que no sería un San Isidro ampliado, nos tragamos la idea de la mega cárcel. Entiendan, señores del Ministerio, que esta ciudad apenas empieza a atisbar un futuro sin recibir expulsados, denle la oportunidad de estabilizarse. No se trata de oponerse por que si, pero construyan las indispensables mega cárceles en municipios que no hayan sido receptores de desplazados. Revisen esa variable, hágannos el favor.

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