Martes, 24 de enero de 2017

| 2016/07/11 12:54

Marcas y lemas de paz y de guerra

Las Farc andan recogiendo sus franquicias mientras el frente 1 se rancha en su negocio.

Ana María Ruiz Perea

Uno de los más exitosos modelos de expansión de negocios es la franquicia, que en Colombia permitió crear marcas icónicas de restaurantes de comida rápida y no tan rápida, que abrieron muchos locales en donde se replicaban de manera idéntica las hamburguesas, los crepes, el café o los helados. Son franquicias porque cada punto tiene un dueño que la opera en estricto cumplimiento de las directrices del franquiciador, quien es el dueño de la marca y del saber hacer del oficio. 

En el negocio de las hamburguesas, este modelo colapsó. Las principales marcas del mercado recogieron las franquicias, comprándolas una a una, y centralizaron de nuevo toda la operación del negocio. El tiempo demostró que no es posible garantizar que los dueños de estos locales cumplan con el compromiso de calidad. Al recoger las franquicias, una sola voz decide qué hace esa marca, y cómo lo hace. Y punto. 

Esa movida de mercadeo se parece a lo que sucede con las Farc, que desde La Habana mandó decir a todos los frentes que su marca, forjada en 52 años de guerra, dejó de disparar; que el menú cambió y que la operación es otra, porque a nombre de esas cuatro letras ya nunca más se podrá usar un fusil y a medida que se acerca el día del desarme, empezaron a aparecer los franquiciados que no quieren soltar su negocio. 

Con un comunicado largo, confuso y lleno de los lugares comunes de los textos de la guerra guerrillera, el frente 1 de las Farc anunció que no va a entregar las armas. Este, también llamado frente madre, es como una especie de fábrica de dinero para sostener la guerra, y funciona como centro de entrenamiento de las tropas en los extensos territorios de Guaviare, Guainía y Vaupés. Producen tanta riqueza que hace unos años un jefe de compañía de ese frente se voló con casi 1.000 millones de pesos y ellos siguieron operando como si le hubieran quitado un pelo a un gato; del paradero del comandante ladrón “Alias Teniente” no se volvió a saber nada hasta el sol de hoy, vaya uno a saber a dónde fue a dar esa platica. Este es el frente que tuvo secuestrados a los contratistas gringos, a Ingrid y a los militares que liberó la operación jaque. 

A esta rebelión que amenaza disidencia respondieron de inmediato las Farc, desautorizando absolutamente la utilización de su marca para hacer nada diferente a lo que la delegación ordena. Dice, textualmente el comunicado, que salió a nombre del Bloque Oriental que “Declararse al margen de la Dirección pone por tanto a quien lo hace por fuera de las FARC-EP, no puede usar su nombre, armas y bienes con ningún propósito”. 

Esto significa que por más que los disidentes utilicen el mismo discurso con el que hasta ayer las Farc pretendían darle tinte político a sus barbaridades de guerra, no pueden decir que son una parte de las Farc y ya no podrán decir que son guerrilleros. Al desobedecer se convierten en otros hampones de los muchos que rondan el tesoro ilegal de esa y otras zonas. 

El tema del poderoso frente 1 parece un capítulo del Juego de Tronos, la lucha por el poder del reino. La Habana desautoriza a quien usurpa el mando con “evidente influencia de intereses económicos opuestos a la terminación del conflicto”. Este a su vez alienta a las tropas a desobedecer al nuevo comandante que llegó desde la mesa de negociación para cumplir con la labor de mostrarle a la tropa los beneficios de apostarle a la paz. Es tan importante este frente y tan compleja la situación, que en el momento que escribo este texto Iván Márquez ya viajó de Cuba al Guaviare para intentar negociar con esta gente, alinearlos, atraerlos al cumplimiento de los acuerdos de paz. 

Las aves de mal agüero anuncian más deserciones y se especula en los medios y en las redes cuántos y cuáles van a ser los frentes rebeldes, los que se negarán a entregar las armas y a reintegrarse a la vida civil. El número exacto de gente que se le abra a este procesos de paz lo sabremos, en su momento, de boca de la misión de verificación de las Naciones Unidas; entre tanto, todo lo que se especule no sirve para nada más que sabotear la esperanza de desarmar a la guerrilla más antigua del mundo. 

Una vez recogidas las franquicias, nadie más puede decir que carga un fusil a nombre de la guerrilla. Es viable que ahora el Estado se apoye en los antiguos combatientes para acorralar y desmantelar a los desertores, a los hampones que quedan sueltos, a las posibles Farcrim que heredan pedacitos de poder regional. Esta amenaza posiblemente no les haga cosquillas, pero el episodio sirve para que nos quede claro que la marca Farc ya salió de la guerra.

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