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Opinión

  • | 2017/06/26 15:17

    María de siglo y medio

    María no solo es la primera gran novela escrita en estas tierras, además fue el primer best seller de la literatura colombiana.

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Cien años antes de que Cien años de soledad fuera publicada por primera vez, en 1867 circuló entre los ciudadanos alfabetizados del país que entonces se llamaba Estados Unidos de Colombia, la primera edición de la novela María, 800 ejemplares que “se vendieron como pan caliente, a un peso con 60 centavos”. María no solo es la primera gran novela escrita en estas tierras, además fue el primer best seller de la literatura colombiana.

Jorge Isaacs tenía entonces 30 años, y era el hijo mayor de un judío inglés nacido en las Antillas que se había convertido al catolicismo a los 20 años por amor a una rica heredera caucana. Liberal radical, entusiasta de la causa federalista y de la Constitución de 1863, fue enviado por el presidente Murillo Toro para cumplir con una misión de vital importancia para el país: que avistara la ruta para la trocha que debía conectar a Cali con Buenaventura. Durante el tiempo que estuvo durmiendo en hamacas en medio de la selva espesa del pacífico, escribió cada día hasta cuando el paludismo se lo permitió, y cuando volvió convaleciente a su hacienda en el Cerrito, solo le faltaba el último capítulo a su majestuosa novela.  

María cuenta la historia de un amor de adolescentes que es imposible porque está atravesado por el tabú y por la muerte. Efraín y María son hijos de dos primos pero fueron criados como hermanos, así que en el centro de la trama está implícito el incesto. El papá de Efraín recibe de un primo suyo, judío que quedó viudo en Jamaica, una niña de 3 años de edad para que la críe. Así es como la pequeña Ester empieza a ser llamada María y aprende a hablar español lejos del mar de las Antillas, en las montañas andinas de la Nueva Granada que enmarcan el pródigo valle del río Cauca. Crecieron juntos, tejiendo y destejiendo trenzas, juegos y deseos en un amor prohibido, escondido en el aroma de los jazmines y el roce de leves caricias, hasta que el destino se encarga de separarlos por siempre.

María es una novela pero también una crónica detallada que describe las relaciones entre los hacendados y sus familias con los esclavos; que habla de los miedos, los mitos y las formas que se debían guardar en aquel entonces en la sociedad y en la familia. Isaacs escribe María 15 años después de que José Hilario López decretara la abolición de la esclavitud, pero ahí se leen las dependencias, las lealtades y la cotidianidad de una sociedad esclavista.

El territorio que con tanto preciosismo describe Isaacs en María, los ríos que caen de la cordillera al Cauca, la enormidad del valle y la dureza de la selva, la riqueza de las flores y las frutas, quedaba aun en el Estado soberano del Cauca, o El Gran Cauca como dicen algunos no sin cierto dejo de anquilosado orgullo colonial. Que hoy en día María sea un símbolo del Valle del Cauca es porque la hacienda El Paraíso, en Cerrito, ese exquisito balcón de pie de monte que mira al valle del Cauca, quedó en el departamento que tomó ese nombre al momento de la división, medio siglo después de haber sido publicada la novela.

Cronista, novelista y poeta, Isaacs nos regala en un soneto al río Cauca, una descripción que resulta premonitoria de lo que el futuro le deparaba al departamento:  

Es imagen de un pueblo que su nombre
lleva orgulloso, de su gloria ufano
que por el ocio el bienestar desdeña.
Tal la historia será siempre del hombre,
desconocer el bien: ¡pobre el caucano,
sobre lecho de flores duerme y sueña!

Sobre lecho de flores soñaban con su grandeza antigua los caucanos, cuando en 1910  se creó el departamento del Valle del Cauca; el bisabuelo poeta de la senadora Paloma Valencia diría en ese momento que “se llevaron la finca y nos dejaron la casa de la hacienda”, haciendo alusión a que el nuevo departamento, con capital Cali, se quedaba con las tierras productivas mientras que el Cauca despedazado quedaba con su joya, Popayán, pero sin riquezas.

Un siglo después, siguen los rumores que incitan a seguir despedazando ya no al Gran Cauca sino, apenas, al actual departamento pobre, repleto de inequidades y azotado por todos los conflictos. No solo la biznieta del poeta piensa que el Cauca debería desmembrarse; movimientos campesinos y étnicos también reclaman independencia, proponiendo la creación del departamento del Norte del Cauca.

Con la relectura de María y la exposición de la Biblioteca Nacional en homenaje a su siglo y medio, es inevitable ratificar la incapacidad histórica de Popayán para convertirse en polo de su territorio, un territorio que a más de hermoso es complejo y plural en etnias, geografía y cultura; una relación que, aunque pasen los siglos, no encuentra su ruta.

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