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Opinión

  • | 2016/12/26 14:56

    El juego de las promesas imposibles

    Cada fin de año nos convertimos en demagogos de nuestra propia vida, dándonos palmaditas en la espalda por lo que hemos de ser y hacer el año siguiente.

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Prometemos hacer dieta cuando acabe la temporada de buñuelos, ir al gimnasio, dejar de fumar, viajar, angustiarnos menos, reír más, y así, con cada uva a la medianoche, nos tragamos los deseos de ser otra persona, una mejor persona tal vez. Las promesas que nos hacemos los 31 de diciembre son como las de los políticos en campaña, palabras al viento.

Ya quisiéramos tener la capacidad de darle una voltereta a la vida y con la última campanada del año dar por enmendados los desaciertos, los errores y las incoherencias de las que nadie, absolutamente, está exento. Cada quien se las arregla como puede y se bandea con su entorno en las dificultades, el problema es que cuando son los políticos y los gobernantes los que se equivocan, somos todos los que nos chupamos las consecuencias.

Permítanme jugar al juego de creer que este fin de año unos personajes hacen promesas imposibles mientras muerden sus 12 uvas y le dan la bienvenida al 2017. Promesas que para el resto de los mortales significarían vivir en un mejor país, en un mejor planeta, con una mejor calidad de vida, con mayor respeto por las reglas de la convivencia en sociedad.

Juan Manuel Santos. Ya tengo un Nobel en el pecho y un proceso de paz andando; para honrarlos, este año sí pongo a dieta la mermelada a ver si el IVA del 19% no se queda en el sobrepeso político.

Álvaro Uribe: Este año sí dejo de decir mentiras a medias y al menos me dedico a las verdades a medias. Como hay un hecho político incontrovertible, la paz avanzó, este año comienzo a rechazar enérgicamente los asesinatos de líderes sociales de izquierda.

Germán Vargas: En el 2017 me voy a fijar más en el prontuario delictivo que en la cantidad de votos que traen bajo el brazo mis aliados políticos. Y no vuelvo a coger a coscorrones a mis subalternos.

Alejandro Ordoñez: Estamos en un momento tan trascendental para el país, que por grandeza me hago a un lado en la carrera por la Presidencia. Aprovecho el año para terminar de leerme la Constitución.

Andrés Pastrana: Para el 2017 prometo no meterme en política y dedicarme a recordar mis aportes a la historia, con un escritor que redacte con mi nombre el libro Las memorias del Caguán y el peso de la envidia.

Timochenko: El año entrante prometo que vamos a poder dar razón del paradero de todas y cada una de las personas que tuvimos secuestradas y ubicaremos sus restos para entregarlos a sus familiares.

Gabino: Ya entendí lo que grita la gente en Colombia. Para el próximo año no habrá más justificación para el secuestro y la extorsión, dejaremos de disparar y volar tubos. Ahora sí, sentémonos en Quito a negociar.

Vivianne Morales: El año entrante no voy a seguir aupando la inhabilitada carrera política de Carlos Alonso, a costa de arrebatarle derechos constitucionales a la gente. Y si no lo hago, por lo menos renuncio a ser del Partido Liberal.

Nicolás Maduro: El próximo año me meto a un curso intensivo en Economía y Democracia, a ver si entiendo por qué ni siquiera con el precio del barril en alza me alcanza para avanzar en el socialismo del Siglo XXI.

Donald Trump: Prometo que apenas me posesione, empezaré a entender lo que prometí en campaña. Y seguiré estudiando la Declaración de Derechos. “Repeat after me, Mr. Presidente: Toda persona tiene los mismos derechos y libertades, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición. Again and again”.

Vladimir Putin: ¿Año nuevo? ¿promesas? No sé de qué me hablan porque este gobierno no tiene, ni le interesa tener, información al respecto. Estamos muy ocupados liberando a Aleppo.

No es mal agüero, ni fatalismo, pero todas las señales indican que el bisiesto 2016 marcó un derrotero incierto para el planeta. Lo que sucede es que aun nadie parece tener claro el remedio para la corrupción, el populismo, el racismo, la exclusión, el moralismo, el machismo y la violencia de esta nueva ola que nos gobierna. Mientras seguimos buscando respuestas, con el juego de las promesas imposibles intentemos entender por qué subsiste, y cunde, lo que a todos nos hace daño.

¡Un año feliz y con paz en el corazón para todos!

@anaruizpe

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