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Opinión

  • | 2016/03/28 11:36

    La feroz urgencia del ahora

    El discurso de Cambio de Obama, ha generado múltiples reacciones pro statu quo.

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La visita de Barack Obama a Cuba tuvo todos los elementos que convierten a un momento en hito histórico: desde el símbolo del descongelamiento de las relaciones (He venido a enterrar la Guerra Fría, dijo), pasando por la diplomacia deportiva (el juego de pelota caliente entre los Tampa Bay Rays y el equipo nacional de Cuba) y los guiños a la apertura del sistema económico de la isla (ponderando a los cuentapropistas y a la capacidad creativa de los trabajadores cubanos).

Los 35 minutos que duró su discurso en el Gran Teatro de La Habana el martes 22 de marzo (¡Qué discurso, caballero!) estuvieron cargados de mensajes para dar vuelta a la página de la historia de 57 años de guerra latente, de embargo, de aislamiento. El presidente de los Estados Unidos reconoció que la política de su país frente a Cuba había fracasado, y retomando las palabras de José Martí y Martin Luther King, abrió de manera oficial la ventana a la construcción de un nuevo futuro.

“Cultivo una rosa blanca” les dijo en son de paz a los cubanos y reiteró la hermandad de sangre que une a los pueblos nacidos en la infamia de la esclavitud. La necesidad de reformar una situación cuando afecta a muchos es un imperativo, se lee entre líneas en la actitud y las palabras de Obama: “El embargo sólo estaba perjudicando al pueblo cubano en lugar de ayudarlo. Y yo siempre he creído en lo que Martin Luther King, Jr. llamó "la feroz urgencia del ahora": No debemos temer al cambio, debemos abrazarlo.”

Pero las reticencias al cambio son imponderables. Cuando Obama terminaba su discurso, en la Pequeña Habana de Miami ya habían quemado fotos del traicionero presidente negro, y en declaraciones a la prensa cubana diputados del congreso de la isla develaban las falacias del imperialismo escondidas tras las palabras de un presidente gringo que siempre, reiteran hasta la saciedad, tendrá “las manos manchadas de sangre”.

El peso de la historia en las almas de la gente, contra la feroz urgencia del ahora del llamado al cambio. Las retaguardias de la historia se apertrechan en sus zonas de confort desde donde desconocen los avances que rompen la inercia de sus odios, de sus dolores y desarraigos. Quien iza la bandera de reformar un estado de guerra paga el precio de descongelar, de despolarizar, de desarmar, de desaprender, de despolitizar.

Como los cubanos de Miami, un partido político colombiano encabezado por el mesías de la confrontación, llama a marchar en contra de la posibilidad de paz. Y como los diputados cubanos, las Farc se cierran a entender que el cambio supone mirar más allá de sus fusiles para vislumbrar el futuro de toda la población colombiana, principalmente la más pobre y vulnerable que a su vez es la que de manera más cruenta ha padecido la guerra.

El acuerdo de paz con las Farc tiene mucho que ver con la política de Obama frente a Cuba. La guerrilla y su antítesis estatal, las fuerzas armadas, crecieron en poder y barbarie atizados en la caldera de la guerra fría a la colombiana. La intolerancia al comunismo que allá se llamó embargo, aquí tomó la forma del monstruo paramilitar de mil cabezas; las 140 millas que allá separan a los dos países, mantiene aislada aquí en selvas y montañas a millones de personas abandonadas a su suerte, sin capacidad alguna de acceder al bienestar y al estado.

En Colombia no han logrado desaprender el lenguaje de la guerra fría ninguno de los bandos. De esta encrucijada solo se sale dando el primer paso, que mañana es tarde para darlo. La feroz urgencia del ahora obliga a iniciar ya, y en serio, la despolarización de la política, la despolitización de la justicia, el descongelamiento de las intolerancias aprendidas en años de guerra inclemente.

La paz de Colombia no está en La Habana. Tenemos serios problemas que resolver aquí para avanzar realmente en el cambio. Hacer de esta nación disociada un solo país que le meta el hombro al desarrollo, frenar de una vez por todas el asesinato de líderes sociales y políticos de izquierda (6 en las últimas dos semanas en el Cauca).

Como Martin Luther King, que en su discurso del “sueño” de 1963 insistió en que las injusticias se tienen que abordar en “la feroz urgencia del ahora”, después de 60 años en guerra Colombia tiene que entender que ese ahora es más urgente que nunca.

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