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Opinión

  • | 2018/04/13 10:40

    Vargas Lleras = 4 años más de Santos

    El reciente anuncio del Partido de U adhiriendo a la candidatura del ex vicepresidente, así como el inocultable apoyo de Juan Manuel Santos a su campaña, convierten a Vargas Lleras en el garante de 4 años más del santismo en el poder.

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Hasta pocos días antes de las pasadas elecciones del 11 de marzo, Germán Vargas Lleras aún se presentaba a sí mismo como una opción de la centro derecha, incluyendo dentro de su ideario un discurso que tomaba distancia frente al proceso de paz con las Farc, así como varias críticas en materia económica y fiscal con respecto al gobierno del cual hizo parte durante siete años. Cuando se publicaron las primeras encuestas en las que Iván Duque empezó a liderar la intención de voto con una sostenida tendencia, sin que Vargas Lleras superara el 7%, el ex vicepresidente comenzó a cambiar su discurso siendo cada vez menos crítico de los acuerdos con las Farc, más condescendiente con las políticas del gobierno Santos, y más agresivo contra el candidato del Centro Democrático.

En ese contexto se anunció el apoyo incondicional del Partido de la U a la campaña vargasllerista, de la mano del ex ministro de agricultura Aurelio Iragorri, quien parece haber impuesto una disciplina prusiana para que ninguno de los líderes de ese partido se salga del redil. Muestra de ello es que hasta Roy Barreras y Armando Benedetti, dos de los archienemigos de Vargas, ahora se convirtieron en sus jefes de debate, acompañados por los herederos de Musa Besaile y Ñoño Elías, quienes otrora fueran los mayores electores del propio Santos.

Parece que el no haber podido mover la aguja de las encuestas no le dejó otra opción a Vargas que refugiarse en el gobierno de Santos y sus aliados, así esto le implique convertirse en el máximo exponente del “voltearepismo” político más descarado que haya visto la historia del país en los últimos tiempos.

En este contexto, tanto Vargas como algunos miembros de su Partido Cambio Radical, han iniciado una sistemática campaña de ataques contra el candidato Iván Duque, tratando de afectar su liderazgo en las encuestas, en una incomprensible y extraña estrategia política que focaliza como enemigo a quién le lleva más de 35 puntos porcentuales de ventaja, y no a Fajardo o a Petro, quienes están mucho más cerca en intención de voto, el primero a no más 10 puntos y el segundo a cerca de 20 puntos, según lo muestran todas las encuestas.

Es por lo menos exótico que los asesores de Vargas lo lleven a pensar que atacando a Duque logrará ganarle a Petro y a Fajardo, pues al fijar como blanco de todos su dardos a Duque, no hace sino identificarse precisamente con Petro y Fajardo, lo cual diluye totalmente su mensaje, sin que logre diferenciarse en nada del resto de “la manada”.

Si no se trata de un error estratégico, no cabe entonces pensar cosa distinta a que Vargas, por cuenta de haberse convertido en el sucesor de Santos, no puede escapar a heredar tanto las malquerencias de su jefe por todo aquello que esté relacionado con Uribe y el Centro Democrático, como a heredar todo lo relacionado con sus ocho años de gobierno.

Ese encierro estratégico hará que Vargas sea identificado con todos los desaciertos de la administración de Juan Manuel Santos, que incluyen el dejar a Colombia invadida de coca y narcotráfico, llena de disidencias de las Farc, nuevas y más fuertes bandas criminales y un ELN envalentonado, a lo cual se suma el escándalo de corrupción en el manejo de los recursos del llamado posconflicto, así como el escándalo que rodea la captura de alias Jesús Santrich por sus presuntos vínculos con los carteles mejicanos del narcotráfico, de los cuales Santos, Oscar Naranjo y Rafael Pardo “se acaban de enterar”, y finalmente, el desafortunado e inaceptable desenlace del secuestro de los tres periodistas ecuatorianos asesinados por la disidencia de las Farc liderada por alias “Guacho”, a quién el gobierno, en una incomprensible muestra de debilidad estratégica y táctica, no ha podido controlar evidenciando que la frontera con el vecino país se le ha salido de las manos.

Por todo lo anterior, es inevitable concluir que un gobierno de Vargas Lleras implicaría 4 años más de Santos en el poder, pues para el presidente parece no haber nadie más capacitado y con mayor experiencia para defenderlo y defenderse a sí mismo, que quien fuera su “copiloto” durante los 8 años de una cada vez más cuestionada gestión.

*Ex Viceministro de Justicia. Decano de la Escuela de Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Sergio Arboleda

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