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Opinión

  • | 2014/07/29 00:00

    Andrés Felipe Arias, ¿la nueva economía?

    Hoy tenemos un PhD o tal vez un exPhD en economía porque pienso que desde donde esta no podrá enseñar los modelos económicos que nos apasiona a los economistas.

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Quiero complementar la columna publicada por el ingeniero, politólogo y columnista de El Tiempo Gustavo Duncan el pasado 17 de julio. La columna fue titulada 'El precio de la arrogancia'. Duncan focaliza el análisis en un estadio donde convergen la academia y lo político. Duncan afirma que el problema del exministro fue que dejó el campo tecnócrata y entró a la arena política. Pero, en últimas también dice que los asuntos políticos no divergen con la academia. 

Estamos de acuerdo con esta última afirmación. En este sentido la academia y lo público deben construirse mutuamente. En Colombia debemos entender de una buena vez lo siguiente: lo público funciona sólo si hay academia y conocimiento bien aplicado. Lo contrario es pensar que la academia y el conocimiento son un saludo a la bandera y ello constituye un pilar de ignorancia que frena el desarrollo socioeconómico. Por esa misma vía es necesario reflexionar sobre los manuales de funciones de las entidades públicas pues en ellos se agrupan infinidad de títulos para cumplir requisitos que son pedidos a la hora de hacer nombramientos.

Tenemos el ejemplo del señor ministro de salud Alejandro Gaviria; PhD en economía con larga trayectoria académica en diferentes universidades. El camino recorrido por el Ministerio ha sido sobresaliente. Su experiencia en los asuntos públicos como subdirector del Departamento Nacional de Planeación y su dedicación a la enseñanza de modelos económicos como también la investigación que ha adelantado en los asuntos de la ciencia económica no han sido ajenos a su proceder y a la construcción de ideas en torno de la reforma que ha adelantado en el sector de la salud. Para formular la reforma sencillamente partió de una idea primaria: la existencia de una oferta y una demanda. Consideró que su buen funcionamiento debe contemplar un equilibrio y para lograrlo es necesario que en el juego existan precios o escenarios justos. 

He aquí un concepto muy explicado a los estudiantes de economía desde el primer semestre hasta el último. Así las cosas, independientemente de la formación profesional, pienso que para ser buen político y buen funcionario es necesario tener totalmente claro éste principio; más aún si las responsabilidades del cargo se enfocan en el diseño y ejecución de proyectos, construcción de políticas públicas, diseño de presupuestos o regulación de mercados.

Diferente a lo dicho están los abusos de poder y el menosprecio hacia las ideas y el trabajo adelantado por todos aquellos funcionarios públicos que han construido su vida durante muchos años laborando en las entidades públicas. De aquí se pueden desprender conductas que atropellan la experiencia pues desconocen el proceder en lo público; el cual esta reglado por principios de equilibrio y la participación abierta de los funcionarios en cada uno de los proyectos y en la ejecución del presupuesto. El primer error que puede cometer un funcionario público es formular un proyecto a puerta cerrada. Al parecer el señor Arias fue uno de los errores que cometió.

Hoy tenemos un PhD o tal vez un exPhD en economía porque pienso que desde donde esta no podrá enseñar los modelos económicos que nos apasiona a los economistas. Igualmente la investigación que pueda hacer no creo tenga credibilidad pues tendrá el sesgo generado de sus actuaciones y querrá demostrar que sus decisiones conducían a un equilibrio entre la oferta y la demanda. 

Otro gran delito que cometió el exministro Arias fue abusar de un título profesional que lo catalogaba como responsable y conocedor de los asuntos públicos. Los modelos económicos sólo buscan la armonía de los agentes y su desarrollo en igualdad de condiciones. En este sentido, un magister y un PhD en economía no fueron suficientes para él, y entender que lo aprendido en las aulas y lo estudiado en los libros de economía es verdad. Sus conductas desprestigiaron a la ciencia económica toda vez que a pesar de sus altos honores académicos no aprovechó la oportunidad para decirles a los incrédulos de los modelos económicos: Estos modelos funcionan en los libros y también en la construcción y ejecución de políticas públicas.

Respetado señores incrédulos de los modelos económicos, aquí pueden encontrar una respuesta del porque algunos dicen: los economistas se dedican la mitad del tiempo a construir modelos y la otra mitad a explicar porque no funcionaron. La respuesta es sencilla: un modelo no funciona donde hay injusticia o existen personas que quieren sacar ventajas por debajo de la mesa. Entonces, muy seguramente aquellos que así lo afirman se encargan de que los modelos no funcionen pues son ellos los primeros que cometen actos de injusticia y atropellos. El problema no es el modelo, son ellos. 

*Magister en economía.
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