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Opinión

  • | 2017/04/20 08:15

    ¿Lagartería? ¿Deslealtad? ¿Traición?

    Pastrana no tenía ni idea del país que estaba gobernando, y Uribe, con mera propaganda, difundía la idea de un país que sólo existía en su cabeza.

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Cuando creíamos que el «Chavo del 8» era cosa del pasado, sorpresivamente nos topamos en la era Trump con un nuevo episodio protagonizado por dos ex presidentes colombianos: Andrés Pastrana suplantando a Kiko en su proverbial rol de chivato y Álvaro Uribe quien, sustituyendo el papel de El Chavo, hace las cosas «sin querer queriendo». Pastrana busca hacerse un selfie con Trump a pesar de que en su álbum guarda cientos de fotos con «Tirofijo», el fundador de las FARC. Uribe pone quejas a los congresistas de los Estados Unidos, pero se niega a escuchar a las víctimas de los excesos cometidos durante su gobierno.

Colombia estuvo cuatro años en manos de Pastrana y ocho en las de Uribe. Catorce años de guerra, obras inconclusas, corrupción, servicios secretos al servicio del crimen, política exterior fallida, propaganda, privatizaciones, sistema de salud destrozado y un largo etcétera de desaguisados. Pastrana no tenía ni idea del país que estaba gobernando y Uribe, con mera propaganda, difundía la idea de un país que sólo existía en su cabeza. Uribe llegó a la presidencia a costillas de la incompetencia de Pastrana. Uribe, según la BBC, recibió de los gringos unos 600 millones de dólares anuales para acabar con la guerra a través de la guerra, hasta que no pudo más y le pidió a las FARC que arreglaran las cosas por la buenas.

Pastrana y Uribe eran acérrimos enemigos políticos. Ahora son amigos, hasta el punto de juntarse para una divertida foto con James Rodríguez en el césped del Bernabéu. Pastrana es de esa clase de políticos que no saben hacer nada y creen que los problemas de la gente se arreglan con una foto. Uribe, en cambio, es de esa clase de políticos que comienzan con una idea romántica del liberalismo, luego se vuelven profesionales de la política, hasta que llegan a viejos librando batallas estúpidas. El suelo que pisa Pastrana es de cristal. Uribe, en cambio, camina sobre lenguas de fuego.

Durante la fase discreta del proceso de paz entre el gobierno colombiano y la guerrilla, me senté con un diplomático nórdico para platicar sobre la naturaleza del conflicto de nuestro país. En algún momento la conversación derivó hacia el asunto de la política de estado y la política de gobierno; sobre el partido de gobierno y el partido de oposición; sobre la lealtad y la traición; hasta que terminamos hablando sobre «Pan», la novela del Nobel noruego Knut Hamsun que leí en la prisión, la cual narra la historia de un joven teniente solitario que vive con un perro en una cabaña ubicada entre el bosque, a la espera de nada. Cuando leí «Pan» llevaba dieciséis meses solo, encerrado en un calabozo, esperando nada y el relato de Hamsun influyó en mi estado de ánimo.

En un momento de la conversación el diplomático dijo lo siguiente: «Uno puede estar a favor o en contra de su gobierno, pero nunca ser desleal con tu país». No sé si lo de Pastrana con Trump fue un vil gesto de lagartería bogotana o una acción desleal. No sé si la carta de Uribe a los congresistas estadunidenses se puede entender como el de un mendigo que pide una limosna a su amo o como un acto de traición. Knut Hamsun, comentaba con el amigo noruego, perdió popularidad y fue olvidado en su país por el apoyo que brindó a los nazis, amén de la nota necrológica que redactó sobre Hitler. A veces el destino se encarga de enderezar lo torcido.

Remate: Blas de Lezo, reconocido por los cartageneros, vuelve y juega. La «Operación Lezo», iniciada en España contra el crimen trasnacional tiene ramificaciones en Colombia. Valdría la pena que la fiscalía colombiana tirara de la cuerda. Los impuestos de la gente de Barranquilla, Cartagena, Santa Marta y Ríohacha pasaron a cuentas secretas de operadores políticos españoles y colombianos. La mayoría de contratos públicos con la empresa española Canal Isabel II sucedieron entre finales de los noventa y principio de dos mil. ¿Qué hicieron Pastrana y Uribe para evitar que se traficara con el patrimonio de Colombia?

Yezid Arteta Dávila
* Escritor y analista político
En Twitter: @Yezid_Ar_D
Blog: En el puente: a las seis es la cita

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