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Opinión

  • | 2016/10/06 11:10

    ¿Qué tan grandes somos con Colombia y con las víctimas?

    Las víctimas que votamos por el Sí hemos dicho que estamos dispuestos a perdonar por la paz de Colombia. Queremos ver a los del No en la misma disposición.

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Yo vote Sí en el plebiscito por el Acuerdo final para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera en Colombia. Lo hice con la convicción de que era el momento de poner fin a un conflicto armado que nos ha desangrado por más de 5 décadas, aunque el Acuerdo sobre víctimas no satisfice el 100 % de mis expectativas de justicia. Tampoco estaba convencida de que se debiera someter a una refrendación plebiscitaria; consideraba muy riesgoso consultar este acuerdo a un país donde las mayorías se concentran en los centros urbanos, que no han padecido las consecuencias del conflicto y son indolentes frente a la tragedia de las minorías, que viven en las zonas rurales y han puesto el mayor número de víctimas. Era el momento de decir Sí, me sentí incapaz de dilatar por más tiempo la desmovilización de las FARC, uno de los actores que más dolor y sangre han traído a nuestra patria.

Promoví el Sí con lo poco que tuve a mi alcance, pero con toda la intensidad y la fuerza que me dio Dios. Años atrás había estado dando una lucha similar en busca de un Acuerdo humanitario que las FARC exigían a cambio de la libertad de los secuestrados políticos, ahora todo con su crudeza volvía a mi memoria. En abril 11 de 2002 las FARC secuestraron a mi hermano Francisco, diputado de la Asamblea del Valle del Cauca, a plena luz del día y en el corazón de Cali, se hicieron pasar por militares en medio de un operativo antiexplosivos, entraron a la Asamblea y lo secuestraron con once de sus compañeros.

Mi hermano a sus 30 años, era el más joven de los diputados, creía firmemente que cambiando la consistencia de los políticos erradicaría la politiquería. Su lucha por la justicia social, contra la corrupción, su don de gentes, su extremada bondad y entrega a los demás le dieron el reconocimiento que a pesar de su truncada trayectoria política permanece latente en el corazón de los vallecaucanos.

En esa época yo estaba dedica a mi consulta de ortodoncia. De un día para otro sin aviso, ni preparación alguna, mi mundo cambio para siempre y me encontré enfrentada a una realidad que ni en mi peor pesadilla había vivido. Mi papá murió consumido por la tristeza, decepción e impotencia producto de su fallido intento de traer de regreso a mi hermano, siempre imploró por una liberación negociada, pues sabía que las FARC los asesinarían si se intentaba un rescate militar. Me tocó entonces continuar con su lucha al lado de los otros familiares, durante el gobierno de Álvaro Uribe que era sordo a nuestras suplicas. Después de 5 años y medio de trabajo incansable por el Acuerdo humanitario, el 18 de junio de 2007, las FARC asesinaron cobardemente con tiros por la espalda a los diputados en cautiverio e indefensos.

Sentí que todo había perdido sentido. Con el paso de los días y tratando de rehacer mi vida, recordé las palabras de mi hermano en su última prueba de supervivencia: “he aprendido a perdonar a las personas que tanto sufrimiento nos han ocasionado, la paz comienza por nosotros”. Por su memoria y para que nuestra tragedia no la vivan otras familias vote Sí en el plebiscito por la paz. Plebiscito en el que ganó el No con 6.431.376 votos frente al Sí con 6.377.482, con una diferencia de escasos 53.894 votos.

Cabe señalar que el triunfo del No, no es patrimonio del partido Centro Democrático en cabeza del senador Uribe, pues también representa el desprecio de los ciudadanos por las FARC y la clase política tradicional, en manos de quiénes dejaron la campaña del Sí.

Considero mejor el triunfo del No por tan estrecho margen, pues si hubiese sido al contrario el Centro Democrático, habría bloqueado su implementación, como lo había anunciado. Se habría polarizado aún más el país y el Acuerdo de paz no tendría sostenibilidad en el tiempo. Ahora los del No deberán esforzarse para mejorar lo acordado, sacarlo adelante y unir el país. Esto garantiza su sostenibilidad.

Esta será la prueba ácida para las FARC, los del No y los del Sí. ¿Cuánto estamos dispuestos a ceder en nuestras pretensiones y egos por la paz de Colombia?

Las víctimas que votamos por el Sí hemos dicho que estamos dispuestos a perdonar por la paz de Colombia. Queremos ver a los del No en la misma disposición. Las peticiones de Uribe sobre amnistía a guerrilleros, protección efectiva para las FARC y alivios judiciales para las Fuerzas Armadas, están consignadas en el Acuerdo de paz. Si es por esto, el Dr. Uribe debió haber votado Sí.

Por su parte las FARC deben bajar su prepotencia, callar sus voces disonantes y ser conscientes del resentimiento que despiertan para que con humildad reconozcan su responsabilidad en las atrocidades cometidas, pidan perdón sincero y asuman su compromiso de no repetición.

El Gobierno Nacional tendrá que aceptar que falló en la comunicación sobre los avances de las negociaciones, este no era un tema de partidos políticos; debieron haber tenido un acercamiento real con las víctimas y organizaciones de la sociedad civil.

En la actual coyuntura, los colombianos tenemos la responsabilidad de impedir que el conflicto armado se reactive, por tal motivo las delegaciones de víctimas que participamos en la mesa de diálogos de paz de La Habana, solicitamos a la mesa de negociación redoblar sus esfuerzos para agilizar consensos que permitan avanzar en un Acuerdo definitivo que recoja las voces de todos los sectores del país.

Nos llegó la hora de demostrar nuestra grandeza con Colombia y con quiénes han padecido el horror de la guerra.

* Excomisionada de Paz de la Gobernación del Valle del Cauca.

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