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Opinión

  • | 2013/10/21 00:00

    Angola: entre el mito y la prosperidad

    Angola con una economía que crece a un ritmo cercano al 10% anual, se ha convertido en el primer destino de los portugueses que huyen de la crisis económica de Portugal.

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La política colonial de Portugal de llevar a la escoria social a colonizar a Angola generó durante varios siglos en la sociedad portuguesa una imagen negativa de este país de África Central.  Pero ahora este país, que es el primer productor de petróleo de África y uno de los mayores del mundo y que crece a un ritmo cercano al 10 % anual, se ha convertido en el primer destino de los portugueses que huyen de la crisis de económica que golpea a Portugal. 

Angola está entre las diez economías de mayor crecimiento en el mundo, junto con Mozambique, Tanzania, Congo, Ghana, Zambia y Nigeria. Hace poco, la editorial Siglo Veintiuno Editores publicó una reedición del libro Angola: mito y realidad de su colonización del historiador Gerald J. Bender, un libro que condensa una investigación historiografía profunda sobre el colonialismo portugués en Angola.

En la obra, su autor examina con la sapiencia de un investigador erudito los mitos de la colonización portuguesa en Angola y controvierte la teoría del lusotropicalismo, que sostiene que la colonización portuguesa en África y Brasil se caracterizó por una legislación de igualdad, de tolerancia étnica y de promoción de la mezcla racial. 

El ideólogo del lusotropicalismo fue el sociólogo brasilero, Gilberto Freyre, quien estructuró esta teoría para defender el carácter diferencial del colonialismo portugués del resto de Europa. La tesis de Freyre es que Portugal hizo una colonización más humana y más incluyente con la aceptación del mestizaje. Lo polémico es que sobre la falacia de la mitología de la democracia racial y de la misión civilizadora el imperio portugués justificó su colonialismo en África.

Bender en este libro desmonta las falacias que la colonización portuguesa en África fue diferente al que hicieron el resto de las potencias europeas. Para el autor el colonialismo portugués en Angola, Mozambique y Guinea Bissau fue tan cruel y atroz como el genocidio de belga en el Congo. Demuestra cómo durante décadas más de 80 de los ingresos coloniales de Portugal en Angola fueron provenientes de las exportaciones de esclavos a Brasil. 

Por eso critica el mito estructurado por Portugal que había sido la única potencia colonial que había practicado el principio del multirracialismo, creando en sus colonias unas sociedades multirraciales armoniosas. Por lo tanto no había hecho un colonialismo de rapiña como el resto de Europa, sino una política avanzada y de perfecta hermandad humana que le deba un derecho moral a continuar con sus dominios coloniales en África.  

Con esos argumentos defendió su permanencia en África. Sin embargo, Bender esclarece que el multirracialismo que tanto se enorgullecía Portugal fue hecho por la escoria social de asesinos, ladrones, vagos y en general el lumpen sacados las cárceles y recogidos de las calles y arrojados como basuras humanas en las playas de Angola. 

Eso explica a grandes rasgos las razones de fondo para que existiera una mayor preponderancia en las uniones entre blancos y negros, seres humanos excluidos por sus condiciones económicas, sociales y raciales por la metrópolis. 

El libro revela que la política de emigración que puso en marcha que puso Portugal durante cinco siglos hacia sus colonias desde su primer desembarco en Ceuta fue atroz. Una política de colonización idéntica a la que puso en práctica Inglaterra en Estados Unidos y Australia con las deportaciones masivas de convictos en condiciones de marineros, soldados y colonizadores. En consecuencia la política imperial de Portugal fue la de enviar a sus colonias presidiarios para que pagaran sus condenas en los territorios conquistados. Fue una política de limpieza social para desocupar las prisiones y las calles de las ciudades de la metrópolis, enviando a criminales, vagabundo, prostitutas y pobres a las colonias en África. 

Para Bender fue tan aberrante esa política que por un largo período la mayoría de los portugueses en Angola fueron convictos y criminales, además fue una política de limpieza social que incluyo a los judíos y gitanos.  Una política perversa que en la segunda mitad del siglo XVII, un gobernante colonial decía que se debían frenar las deportaciones de personajes de las peores calañas, porque generaban graves problemas de orden social en las colonias. En conclusión: este libro permite conocer la crueldad del colonialismo portugués en Angola.  

jemosquera@une.net.co
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