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Opinión

  • | 1988/11/21 00:00

    ANIMALES Y NOTICIAS

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Por diferentes motivos, que van desde lo pintoresco hasta lo trágico, los animales se han puesto de moda por estos días en diversas regiones colombianas. En este panorama de la zoología noticiosa hay, como en la barca legendaria del patriarca, ejemplares de todas las especies: escualos inofensivos conservados en formol, aves de rapiña, semovientes que yacen inmóviles, terneros que perdieron la ternura, cóndores derribados a balazos.
En un avión carguero, que era como un corral volador, murieron más de treinta vacas alemanas, que venian de Europa a pastar y parir en las hermosas praderas de la sabana que rodea a Bogotá. Las vacas, que eran gordas y rozagantes, y probablemente tenían pestañas rizadas para volver más seductores sus ojos azules de señoras arias, se quedaron sin conocer las maravillas del amor que brindan los toros criollos. Ya no tendrán oportunidad de mugir con el crepúsculo, a la hora en que el cielo se vuelve rojo, por los lados de Facatativá.
Al mismo tiempo, y como si una maldición hubiera caído sobre el ganado, un piloto de fumigación de Valledupar se equivocó de potrero y, en vez de echarle el plaguicida a un sembradío de algodón, bañó con un aguacero de veneno a los animales que pacían perezosamente al pie de unas acequias. Los terneros, que son menos brutos que los hombres trataron de meterse al agua para protegerse del apocalipsis que les caía encima. No hubo tiempo. Quedaron con las patas al cielo, bajo las nubes cargadas de las tierras vallenatas.
En los bajíos del Carmen de Bolívar, inmortalizado por Lucho Bermúdez y mortalizado por un invierno malvado, las serpientes acosadas por el agua salen de recovecos y madrigueras. Aprovechan, de paso, para morder a los niños. Los médicos, angustiados, informan que no tienen sueros antiofídicos. Las culebras a veces son tan dañinas que parecen seres humanos.
No podían faltar, de ninguna manera, las especies mayores en esta semana consagratoria de los animales, que ocuparon en la prensa tanto espacio como la reforma constitucional, los huracanes, los equipos de fútbol y las reinas de belleza. En el Museo de Historia Natural de Bogotá hicieron un inventario, quién sabe para qué propósitos, y al final descubrieron que faltaban entre las existencias registradas un tiburón disecado y un águila de taxidermista. Me he devanado la sesera pensando para qué diablos quiere alguien un tiburón que no muerde -que no-nada, como en los juegos verbales de Guimaraes- y un águila que no vuela. La gente es así de loca y peores casos se han visto.
Se informa, como si fuera poco con todos estos casos de periozoodismo, que en un pueblo andino los vecinos recogieron un cóndor adolorido y cojo al que un cazador furtivo le destrozó a tiros la caña de una pata. No he podido comprobarlo, a pesar de mis exhaustivas indagaciones, pero tengo la sospecha de que se trata del cóndor del escudo nacional. Lo más grave, sin embargo, en este resumen animalesco de las noticias semanales, es lo que está pasando con las palomas. Unos hombres valientes corajudos, titánicos, han resuelto organizar por ahí unos campeonatos de tiro al pichón que consisten, en pocas palabras en recortarles las alas a las palomas jóvenes para que no puedan volar, luego las sueltan para que vuelen y ellos las despedazan a cañonazos. Las destazan con perdigones, si me permiten ustedes la expresión.
De inmediato, los héroes, sonrientes, soplando el humo de sus cañones, son vitoreados como atletas griegos por el público que observa con arrobamiento la proeza. La televisión muestra, en el noticiero TV-Hoy, la última imagen de la hazañosa tarea: un animalito que cae del aire, boquea, mana sangre a borbotones, sus plumas blancas se tiñen de rojo, aletea agónica, los ojos vidriosos, patalea tres veces y suspira. Después se ofenden ustedes cuando yo digo que el ser humano es una mierda.
Y después, también, se nos cubre el alma con un manto de dolor, y se nos arruga el corazón, cuando vuelan a una niña con una bomba en un puente rural del Huila. Es obvio que la vida de una persona -y sobre todo si es un niño- vale más que todas las palomas del mundo. Pero lo que quiero decir es que no tenemos motivo para el asombro: a matar niños aprendemos viendo matar palomas. Delante de los niños además.
Francisco, un amigo mío, de Bucaramanga, me envía unas líneas recordando que la paloma es tan pura que es monógama. En el bautismo de Jesús, metido hasta la cintura en las aguas lustrales del Jordán, aparece sobre su cabeza una paloma. El Espíritu Santo es tan santo y tan espíritu, que siempre se le ha representado con la alegoría de una paloma. "Sed sencillos como palomas", aconsejaba Jesús a sus discípulos. Salomón, en esa maravilla que es el "Cantar de los Cantares", enamoraba a la Sulamita diciéndole que tenía los ojos mansos de una paloma.
Hagan su Campeonato Nacional de Tiro al Pichón en Bucaramanga. Yo los invito desde ahora a que se inscriban para el Torneo Colombiano de Tiro al Ruiseñor con Cañones Antiaéreos. Es lo único que nos falta para que esto se acabe de descoñetar por completo.
Pero, eso sí, señores escopeteros: recuerden que al arca de Noé la paloma regresó con un ramo de olivo en el pico. El cuervo, en cambio, no volvió jamás...
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