Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2010/10/15 00:00

Animales racionales

Aún nos falta mucho para alcanzar el modesto grado de civilidad que ha demostrado la nación chilena.

Animales racionales

El hombre es un animal de costumbres. De costumbres animales, más de lo que quisiéramos aceptar. Porque si bien nuestros criterios racionales –que determinan la vida en sociedad– mantienen apaciguada esta animalidad, ella no pierde la oportunidad de aflorar al primer descuido de la civilidad. Es el caso de los mineros chilenos uno que bien ejemplifica este estado de naturaleza en el que, desde siempre, nos encontramos. Aquel estado previo a la vida en comunidad regida por un gobierno.

Nótese que, para evitar enfrentamientos en medio del confinamiento, hubo necesidad de elegir a un líder. Y, aun así, ese líder tuvo que enfrentar un intento de amotinamiento. Ya en el proceso final del rescate, gran parte de los preparativos se encaminaron a hacer que los mineros, de manera gradual, se habituaran nuevamente a las condiciones climáticas del exterior; en particular, a la exposición de la luz natural –que ellos no veían desde hacía más de dos meses–. Incluso, se dispuso de un cinturón que tenía como fin monitorear la ansiedad en el ‘ascenso’ y, en el peor de los casos, un infarto. Esto sin contar la compañía psicológica que vendrá ahora para ellos.

Yo me pregunto, si fue necesario contemplar tantos cuidados para reintegrar al entorno natural y a la vida en sociedad a personas que apenas si estuvieron poco más de dos meses en este tipo de confinamiento: ¿cuántos más habría que contemplar para ‘reintegrar’ a personas que (como las Farc) por mucho más tiempo –veinte, treinta y hasta cuarenta años, quizá– han estado por fuera de nuestro entorno natural y social?

Puede ser ésta una comparación forzada. Es cierto. Pero quien, aun por un tiempo mínimo, haya tenido la oportunidad de vivir en la selva, bien sabe del entorno completamente extraño e inhóspito –al margen de la civilidad– que constituye este lugar. Alguna vez estuve allí –durante tres meses– cuando prestaba mi servicio militar en la Escuela de Lanceros. ‘Manigua’, si bien recuerdo, era la expresión con la que los colonos se referían al trauma psicológico, de angustia y desesperación, padecido por una persona que no se terminaba de acostumbrar a este entorno: –“Se lo comió la manigua”, –decían ellos–.

También recuerdo que tuve varios inconvenientes para, posteriormente, reintegrarme a la vida civil. Pero yo, como los mineros chilenos, tenía toda la intención de hacerlo. Más aún, como ellos, soñaba con el día en que terminara mi confinamiento en esta fase de explorador de selva. Y creo que es justamente este el detalle que agrava más la situación del otro lado de mi comparación, ya que las Farc no tienen esa voluntad. No, por lo menos, bajo las condiciones que el Gobierno les ha impuesto: ‘rendición absoluta a cambio de salvaguardar su vida’. Por eso, vuelvo a mi pregunta: ¿será suficiente este ofrecimiento? ¿No será preciso un cuidado más racional?
 
Pienso que salir de la selva, abandonar la lucha armada, es una cuestión de voluntad. No de fuerza. Pues hasta los animales mismos cuando se ven agredidos se refugian y, en el peor de los casos, también se defienden.

Con un “no” rotundo las Farc ya se han pronunciado. Pero con un no a la propuesta del Gobierno, y no al Gobierno mismo –como en el pasado–. Afirmando no ser triunfalista, el Gobierno ha respondido que se deben rendir a cambio de su vida. Si no es esto triunfalismo, qué tal que así lo fuera.

No sabe uno si la animalidad de la guerrilla es tan alta que ha cegado por completo su capacidad de raciocinio. O si más animal es ofrecerles la ‘oportunidad’ de desmovilizarse bajo la promesa de respetar sus vidas, negando una lucha armada –justificada o no– de más de cuarenta años.

Aún nos falta mucho para alcanzar el modesto grado de civilidad que ha demostrado la nación chilena. Modesto sí, pero superior al fin y al cabo.

* M.A. Filosofía. Universidad Nacional de Colombia. Profesor de Humanidades (Ciencia Política e Historia del Arte). Universidades del Rosario y Jorge Tadeo Lozano
Twitter: jacoshenko

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