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Opinión

  • | 2014/08/22 00:00

    Antisemitismo, legítima defensa y el derecho internacional

    Esta es la respuesta al director de las comunidades judías en Colombia sobre las manifestaciones en contra del accionar de Israel en Gaza.

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A través de una reciente columna publicada en El Tiempo, el director de las comunidades judías en Colombia, Marcos Peckel, simplifica las masivas manifestaciones contra el accionar de Israel en la franja de Gaza, como una respuesta antisemita en contra del pueblo judío.   

En su artículo, habla de “histeria colectiva”, “desenfrenadas pasiones”, sobredimensionamiento de la prensa y destilación de odio. Llega a afirmar que los pronunciamientos mismos del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas y de gobiernos son parte de esta histeria colectiva de odio y termina  poniendo en duda que dichas expresiones de solidaridad y rechazo se darían si los niños víctimas de ataques y bombardeos fueran judíos.

De una manera fría e indolente ante la tragedia humana, justifica el actuar de Israel en la pasividad de la Comunidad Internacional que en el pasado no reaccionó de igual forma cuando, a su juicio, cientos de palestinos fueron masacrados en manos de sirios y libaneses. El argumento de Peckel a la reacción internacional es la esencia judía de su nación, no la tragedia del pueblo palestino.

“Nosotros no quisimos entrar en esta guerra desigual” afirma, sin aclarar desigual para quien, y se jacta de las herramientas de avanzada que tienen para evitar muertes de civiles. Herramientas que no han impedido las más de 2000 personas masacradas, en su mayor proporción civiles. La retórica de los niños escudo no faltó en su discurso. 

Así, se mantiene el argumento de que todo el que critica a Israel es antisemita, aliado de Hamas, y terrorista. Una estrategia que busca una forma amenazante: la autocensura a todo aquel que se le opone al poderoso Israel. 

Querer explicar el origen del conflicto y la reacción internacional en el supuesto odio antisemita, no puede ser más que un intento trivial de captar incautos, al igual que al buscar minimizar cifras de muertos, carentes en su discurso de rostro y nombre, de humanidad.  También se pone en tela de juicio la fidelidad de las noticias o imágenes que por millones rondan las redes sociales. 

Desde el derecho internacional, las agresiones y el ataque sistemático dejaron de tener justificación. Quienes todavía explican el uso desmedido e irracional de la fuerza contra el pueblo palestino, acuden al argumento antisemita que, junto con la legítima defensa, constituye el escudo legitimizante de las acciones genocidas, bajo el estigma de obedecer a un odio eterno e irracional contra el pueblo judío. 

Sin remontarnos al debate sobre la ilegalidad misma de la creación del Estado de Israel, es en el derecho internacional que más fácil se puede explicar la ilegitimidad del discurso y accionar sionista. Es en el derecho internacional que se puede advertir su falta de voluntad para reconocer la dignidad humana, la autodeterminación, y la soberanía del pueblo palestino. La falta de intensión de Israel para alcanzar la paz, para respetar el derecho internacional.

Y lo es porque en el derecho internacional la respuesta armada ante agresiones de una fuerza bélica contra un pueblo se llama resistencia, no terrorismo. En el derecho internacional, la ocupación permanente, los asentamientos ilegales y  el bloqueo están proscritos. 

En el derecho internacional, la expansión territorial, la conquista y cualquier otra forma de anexar territorios por la fuerza están expresamente prohibidas. También la discriminación por raza, color, religión o cualquier otra razón. En el derecho internacional, las detenciones ilegales, la ausencia de debido proceso y la discriminación son sancionadas.

En el derecho internacional, las víctimas de graves violaciones a los derechos humanos tienen derecho al retorno, la restitución, la verdad, la justicia, la reparación y las garantías de no repetición. 

En el derecho internacional, la prohibición de atacar lugares públicos, escuelas, hospitales y otros lugares protegidos por el Derecho Internacional Humanitario también está proscrita, inclusive si es utilizado para almacenamiento armamentista, que para el caso no ha sido probado.

En el derecho internacional, la construcción de muros, vallas o cualquier otro elemento que divida en dos y separe una misma comunidad, es ilegal. 

En el derecho internacional, los elementos población, territorio y representación política constituyen Estado. En el derecho internacional, los pueblos tienen el derecho a la autodeterminación.  

En el derecho internacional, la legítima defensa debe ser la respuesta proporcional e inmediata a una agresión armada. Aquí vale la pena detenerse un momento dado que después de casi dos años de cese al fuego, y extrañamente coincide con el hecho de que Hamas y Al fatha lograron consolidar un gobierno de unidad, la supuesta confirmación de la responsabilidad de Hamas sobre el asesinato de tres jóvenes israelíes, fue la justificación del más sangriento ataque que ha dejado ya más de 2.000 bajas y la destrucción casi total de Gaza. 

Al ser desmentida la responsabilidad de Hamas en el también reprochable triple homicidio, Israel siguió justificando su actuar, ahora en el posible daño que podría causar un cohete lanzado desde la Franja de llegar a impactar en territorio israelí, o el posible impacto que pueda generar la construcción de un nuevo túnel. La inmediatez se convirtió nuevamente en ocupación permanente. Ni qué decir de la proporcionalidad.

Son todos estos derechos lo que han fundamentado más de 90 resoluciones emitidas entre el consejo de seguridad, la Asamblea General y el Consejo de Derechos Humanos. También la emisión de una opinión consultiva de la Corte Internacional de Justicia. Entonces, ¿por qué el Estado Democrático de Israel no ha cumplido ninguna de las resoluciones pendientes? ¿Por qué Estados Unidos, en nombre de Israel, se negó a que el Consejo de Derechos Humanos iniciara una investigación sobre los crímenes de guerra tanto de Israel como Hamas en la Franja de Gaza? ¿Por qué Israel ha reforzado su lobby internacional para evitar el reconocimiento pleno por parte de las Naciones Unidas del Estado de Palestina? ¿Por qué Israel no ha querido definir sus fronteras? ¿Por qué Israel no acepta la competencia de la Corte Penal Internacional?  

Esta vez las respuestas no se dan en el plano del derecho internacional. Israel condiciona el reconocimiento pleno a una negociación previa. Nuevamente reemplaza los elementos de un Estado por criterios no propios del derecho internacional. ¿Es posible una negociación entre potencia ocupante y ocupada?  La respuesta es no. Israel no quiere una negociación, quiere una rendición y sometimiento sin condición. Israel no quiere devolver territorio ocupado. Israel no quiere un pueblo árabe vecino. Israel no quiere reconocer sus crímenes. Israel no quiere reparar sus víctimas. Israel no quiere la paz.

De esta forma, el derecho internacional deja claro que la manifestación extraordinaria por parte de miles de personas, seres humanos indignados, no es contra los judíos, es contra Israel; contra su constante burla al Derecho Internacional, su desafío a todas los avances que paradójicamente el derecho internacional creó para evitar los odios desmedidos contra pueblos como el judío, el uso irracional y desproporcionado de la fuerza, los ataques a población civil. 

Ante la pregunta suspicaz de Peckel, que dice que “si las víctimas de la guerra fueran judíos, ¿habría semejante movilización e indignación internacional”? La respuesta es SÍ.  Sí, si la muerte de sus niños fuera parte de un plan sistemático de acabar con la población civil. Sí, si es la acción de una fuerza ocupante ilegal de más de 60 años. Sí, si buscara, como en el caso israelí, la total destrucción del pueblo palestino y no la neutralización de Hamas.
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