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Opinión

  • | 2015/05/16 22:00

    Culiprontismo

    La columna de prensa del embajador Whitaker es un buen ejemplo de que la falsedad es parte indisoluble de la diplomacia.

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El fiscal Montealegre, otro que  ya se volvió loco como un caballo desbocado, como les pasa últimamente a todos los que llegan a un alto cargo en Colombia, está también actuando como si fuera presidente de la República: da órdenes aquí y allá, señala acullá, denuncia acá, insulta… se me acaban los adverbios de lugar. Y además legisla, juzga, sentencia, ejecuta. Como si fuera el procurador Ordóñez. O el senador Uribe.

Y entre tanto Santos, que es el único presidente verdadero, se difumina, se diluye, se desvanece, se dispersa en una miríada de cambiantes ministros que no consiguen ponerse de acuerdo entre sí: el de Agricultura le hace zancadilla al de Salud, el de Defensa contradice al de Justicia, la de Relaciones desmiente al de Minas, el de Hacienda les corta el chorro a todos, el de Defensa les lleva la contraria a los demás, el de la Presidencia, encargado de coordinar a los unos con los otros, corre a entenderse con el enemigo. El de las TIC, sea eso lo que sea, se va a su casa. Se ve que es un hombre serio.

Ante el guirigay, entra a poner orden la autoridad superior del virrey: el señor Kevin Whitaker, embajador de los Estados Unidos.

Lo hace públicamente desde una columna de opinión firmada en El Tiempo, que titula con tranquilo descaro ‘La aspersión le ha ayudado a Colombia’ y en la cual no hace más que decir una mentira tras otra desde la primera línea. Lean ustedes (si no leyeron ya):

“En los últimos 16 años Colombia ha logrado avances históricos en la lucha contra la economía de la coca”. Cuando sabemos que, por el contrario, la economía de la coca lo ha corrompido todo: la justicia, la política, la guerra.

“Seamos claros: la gran mayoría de la reducción en los cultivos de coca se debe al programa de aspersión aérea”. Cuando, para empezar, sabemos que no ha habido reducción ninguna.

“La reducción en los ingresos nefastos de la coca también fue un factor importante para que se lograra llevar a las FARC a la mesa de negociación”.
Tampoco es cierto: los “ingresos nefastos” no han hecho sino aumentar, hasta el punto de permitirles a las FARC abandonar la rentable práctica del secuestro.

“Quien argumenta que la aspersión con glifosato en cultivos de coca es peligrosa, o que hay muchos casos comprobados de daños a la salud humana, está mal informado”. ¿Quién informa al desinformado y contrainformador embajador?

“Cualquier queja sobre supuestos daños es investigada a fondo por las autoridades colombianas”. Se vé que no las conoce, señor embajador.

“La conclusión es que la aspersión aérea es bien manejada, que utiliza un químico seguro y eficaz, y que ha logrado resultados muy positivos para Colombia. La aspersión ha ayudado a Colombia”.


No. Ni bien manejada, ni segura, ni eficaz, ni resultados positivos; sino, demostradamente, todo lo contrario: la aspersión con glifosato ha sido dañina en todos los aspectos. La columna de prensa del embajador Whitaker es un buen ejemplo de que la falsedad es parte indisoluble de la diplomacia. El Tiempo hubiera debido acompañarla de una advertencia: “publicidad comercial pagada”. (¿O gratuita?).

La mentirosa columna del embajador termina con una amenaza, disfrazada por un insultante tonito protector: “Los colombianos pueden seguir contando con Estados Unidos. Hemos permanecido al lado de Colombia, aun en sus  momentos más difíciles”. Y para rematar, y en inglés para que no haya dudas, el puntillazo: “We have your back”. Lo cual se traduce del argot militar de francotirador de cine que usa el embajador como “los protegemos desde atrás”. Pero en realidad significa en castellano, tal como suena, “les damos por culo”.

“Culipronto”, llamó chabacanamente el procurador Ordóñez al gobierno de Santos por anunciar la suspensión de la fumigación de los cocales con glifosato. Pero más se merece el calificativo por no suspenderlas de verdad, después de haberlo anunciado. Al día siguiente de la publicación del ukase del embajador norteamericano en las páginas de El Tiempo, el ministro de Defensa salió a aclarar que, aunque las órdenes del presidente se deben cumplir, las fumigaciones con glifosato seguirán, por lo pronto, hasta el mes de octubre. Y a su lado, en la pantalla del televisor, los generales hacían con la cabeza que sí, que sí. Como en los tiempos de la Colonia: se obedece, pero no se cumple.
Y a Colombia le siguen dando por el back.
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